La señora de los laberintos

Ya he comentado en más de una ocasión que en lo que llevamos de siglo los dos principales focos de innovación en ciencia ficción se localizan en el Reino Unido (con especial énfasis en Escocia) y en Canadá. Respecto al país norteamericano, encontramos desde exploradores del Futuro Cercano (Robert Charles Wilson, Robert J. Swayer) a cultivadores del hard más especulativo, como Peter Watts o Karl Schroeder.

Schroeder llevaba varios años publicando relatos cuando en el 2000 presentó su primera novela, “Ventus”, que cosechó muy buenas críticas y lanzó una carrera como novelista, de la que el resultado más notable es, desde el año 2006, la serie de Virga (que cuenta hasta la fecha con seis títulos, agrupados en dos grandes arcos). Entre sus obras independientes, en 2005 publicó “La señora de los laberintos” (“Lady of mazes”), a modo de precuela de “Ventus” (aunque con cientos de años de separación entre ambas). Más importante que la relación cronológica, ambas novelas comparten un sustrato filosófico, que se adscribiría a una corriente muy actual, bautizada como Realismo Especulativo (aunque la escritura de ambas novelas predata la acuñación y popularización del término en 2007).

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El protagonismo de la historia recae en Livia Kodaly, diplomática del colector de Westerhaven, en la corona Teven. Prefiero dejar todos estos términos sin explicar, pues el proceso de descubrimiento forma parte del atractivo de la obra. Baste con decir que los colectores de Teven constituyen sólo una de las alternativas socio/políticas que se exploran en “La señora de los laberintos”, todas ellas basadas en un paisaje tecnológico que incluye realidad aumentada, nanotecnología, IAs, transhumanismo y postsingularismo.

El estable mundo de Livia se ve trastocado por la irrupción de unos agentes subversivos que afirman servir a una entidad llamada 3340 y que la obligan a exiliarse, junto con dos compañeros (un viejo amigo y su equivalente de otro colector), en busca de ayuda. Su periplo (en torno a los puntos Lagrange de Júpiter) les lleva al Archipiélago, el principal enclave de la humanidad. El problema, sin embargo, es que los humanos ya no son precisamente la fuerza más prominente del Sistema Solar.

Hay donde elegir. Están los “dioses”, transhumanos de capacidades nunca especificadas, y eso que en el Archipiélago ponen especial cuidado en cortar de raíz cualquier brote potencialmente singularista; está, por supuesto, 3340, que apadrina un innovador sistema de organización social; pero sobre todo están los aneclípticos, cuyo poder es tal que manipulan el propio Sol para cumplir sus inescrutables fines. En medio de ese maremagno, ¿qué puede hacer Livia, una extranjera, ignorante incluso de las características más elementales de la sociedad externa a Teven?

El escenario de “La señora de los laberintos” ha sido comparado a menudo con la Cultura de Iain Banks, tanto por las obras de megaingeniería como por la sociedad de post escasez que describe. El escenario, sin embargo, es más restringido y caótico, la competencia más feroz, más similar a una evolución de “Cismátrix”, de Bruce Sterling, incorporando, eso sí, conceptos postsingularistas. En cuanto a la tecnología de realidad aumentada, vendría a ser una proyección hacia el futuro lejano de la explorada por Vernor Vinge en obras como “Al final del arcoiris”.

En cualquier caso, escenario y tecnología no constituyen el alma de la narración, sino que están al servicio de la filosofía. Al principio de esta entrada asociaba a Schroeder con la ciencia ficción hard, aunque en realidad no está tan interesado en la ciencia en sí como en un desarrollo coherente que le permita examinar la relación ciencia-sociedad, trastocando además el concepto de que es la segunda la que surge ineludiblemente de la primera. Así pues, la principal innovación de la novela reside en los denominados “bloqueos tecnológicos”, una metatecnología que permite escoger en primer lugar unos valores, un estilo de vida, y limitar luego voluntariamente los avances técnicos, e incluso los campos conceptuales, permitidos. Para entender plenamente la necesidad de algo así dentro del marco filosófico de la novela, conviene prestar atención al destino de los transhumanos de Punto Omega.

La otra gran idea explorada se hallaba presente también en “Ventus”, y tiene que ver con la concepción de la realidad. Para ser precisos, la existencia de una realidad objetiva, independiente de cualquier sujeto (un planteamiento diametralmente opuesto al que examinó, por ejemplo, Philip K. Dick durante toda su vida). En un contexto de múltiples realidades virtuales y personalidades artificiales indistinguibles de su molde biológico original (e incluso sin tal molde), rechaza la senda solipsista y aboga por una concepción ampliada de la identidad (una perspectiva diametralmente opuesta a la de autores como el ya mencionado Watts o Greg Egan).

Si deseáis ahondar un poco más en la filosofía subyacente a “La señora de los laberintos”, podéis pasaros por la sección de la novela en la página web del autor, aunque profundizar en las ideas supondrá bastante más trabajo (yo me he quedado en la superficie, y ni siquiera estoy seguro de haber comprendido correctamente lo esencial).

A título personal, he de confesar que siento una mayor afinidad por el transhumanismo de Egan (por ejemplo en “Diáspora“), y lo de la emergencia nunca me ha satisfecho como explicación última de la aparición de complejidad, pero la perspectiva de Schroeder es interesante y su visión del futuro lejano es atrevida y fascinante (en particular, destacaría su especulación en el terreno político, un campo en el que no suele verse mucha innovación).

“La señora de los laberintos” es una novela idónea para quien disfrute de un alubión de ideas y tenga la paciencia necesaria para no exigir respuestas simples e inmediatas (o siquiera concluyentes).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en abril 30, 2013.

2 comentarios to “La señora de los laberintos”

  1. No lo conocia. Se ve interesante, lo agrego a mi (larga) lista de pendientes. Muchas gracias por la reseña!

    • Le tenía muchas ganas a Schroeder, y por fin he podido catarlo gracias a un hallazgo afortunado. Y lo mejor es que he podido hacerme con “Ventus”, así que no creo que tarde mucho en seguir explorando su obra.

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