Muerto hasta el anochecer

A partir de mediados de los ochenta (aunque “Entrevista con el vampiro” se publicara originalmente en 1976), Anne Rice reencauzó el southern gothic hacia el fantástico y, con la colaboración unos años más tarde de Francis Ford Coppola, reinventó el vampiro como icono romántico. En 1993, Laurell K. Hamilton introdujo este arquetipo recodificado en el subgénero de la fantasía urbana con el inicio de su serie sobre Anita Blake, solidificando el cambio del antiguo monstruo decimonónico, devenido en fantasía sexual que aúna lo prohibido con lo imposible (es un personaje que medra en contextos de represión sexual). El siguiente gran “hito” en este proceso de resignificación fue la publicación en 2001 de “Muerto hasta el anochecer” (“Dead until dark”), el inicio de la serie de la serie Southern Vampire Mysteries (o de Sookie Stackhouse) de Charlaine Harris.

Charlaine Harris era una autora sureña (nacida en Mississipi, afincada en Texas) especializada en novelas de misterio protagonizadas por mujeres, que contaba en su haber con dos series, la de Aurora Teagarden y la de Lyly Bard. A partir de “Muerto hasta el anochecer”, introdujo en su ficción elementos fantásticos presentes en un entorno contemporáneo. Su originalidad radica en que en vez de optar claramente por una de las dos grandes opciones, la del mundo mágico oculto o revelado, situó la acción justo en el momento en que los vampiros, tras siglos de secretismo, se anuncian al mundo, coincidiendo con la síntesis de una sangre artificial capaz de calmar sus apetitos sin necesidad de matar humanos.

Apenas dos años después, el pequeño pueblo de Bon Temps, en Louisiana se ve alterado por la llegada de un vampiro, Bill Compton, un antiguo residente del lugar (en tiempos de la Guerra Civil), que tiene previsto asentarse de nuevo allí… y justo entonces empiezan a aparecer mujeres asesinadas por la región, con la peculiaridad de que todas ellas son “colmilleras” (aficionadas a los vampiros que se dejan morder por ellos), así que Bill se convierte en el principal sospechoso, lo cual altera mucho a Sookie Stackhouse, camarera del Merlotte’s, un bar de carretera, y protagonista y narradora de la serie, que se ha encaprichado con Bill porque es la única persona a la que no puede leer la mente (el otro gran sospecho, por un casual, es su mujeriego hermano).

Sookie ha vivido siempre con un secreto. Es telépata (con ciertas restricciones). Eso ha afectado a su vida (inexistente) vida amorosa, de modo que pese a ser tremendamente atractiva, aún es virgen (os recuerdo aquí lo de la represión sexual, porque no es que no quiera, es que no soporta leer la mente a sus potenciales parejas). El primer día que se conocen, Sookie salva a Bill de un par de delincuentes que quieren desangrarle hasta quizás la muerte (la sangre de vampiro es una droga), y así se inicia una relación… que ya describiré más adelante.

Charlaine Harris juega con la idea de la reciente salida del ataúd de los vampiros para esbozar paralelismos con algunos de los episodios más oscuros del sur de los EE.UU., aunque por supuesto todo esa sublectura en torno al racismo (y en parte también en torno a la lucha de los colectivos LGBTI) queda extraordinariamente diluida. De igual modo, la problemática inserción legal de los vampiros en la sociedad moderna apenas está trabajada, y eso que se vislumbran cuestiones que darían mucho juego… si el interés de la autora no se dirigiera sobre todo hacia el poco romántico affaire entre Sookie y Bill, que es lo que termina por hacerme detestar la novela.

Ya no es solo que presente un estilo ramplón, que los personajes sean estúpidos a más no poder, o que la trama resulte deslavazada y el “misterio” para dummies. Lo verdaderamente grave es el concepto de “romanticismo que maneja”. La perspectiva de salida es la de una sociedad ultraconservadora, en la que el sexo se ve con miedo, cuando no como algo pecaminoso. De ahí, por ejemplo, el desprecio hacia las colmilleras, no solo por parte de los habitantes de Bon Temps, sino perceptible también como una profunda antipatía de la autora hacia unas mujeres promiscuas que no pueden controlar sus innaturales apetitos. Lo grave, sin embargo, no es eso, sino el modelo propuesto de relación.

Al parecer, la idea de la autora de una relación sexi parece ser una de dominación obsesiva por parte del hombre (vampiro), que declara una y otra vez a la protagonista (alter ego de la lectora) de su propiedad, la controla (por su bien), la daña (en arrebatos de pasión incontrolables) y, en general, la usa según le empujen sus instintos vampíricos (varoniles). ¿Y Sookie? Pues, al parecer, obnubilada por la novedad de la parte física de la relación, se deja hacer, y muestra su “fortaleza” reconociendo que eso está mal y soportándolo todo porque en el fondo sabe que Bill la ama. No importa cómo lo describas, eso es violencia machista de manual.

Seguro que os suena. Básicamente, la saga de Crepúsculo (que se empezó a escribir dos años después y no se publicó hasta 2005) parece ser un fanfic adolescente de “Muerto hasta el anochecer” (no os había hablado todavía del otro pretendiente, el hombre lobo/perro que engaña a la protagonista, se cuela en su casa bajo su forma animal y amanece en pelota picada en su cama para sorpresa, pero no excesiva indignación, de Sookie); y si tenemos en cuenta que las cincuenta sombras de Grey son un fanfic de “Crepúsculo”…

Influencias directas aparte, me asombra lo prevalentes que son este tipo de relaciones tóxicas en el romance paranormal (dado que no tengo experiencia directa, no sabría decir si también en la literatura romántica en general, aunque mucho me temo que así sea). Vale que el vampiro se haya resignificado como la sublimación de un anhelo sexual teñido de miedo, pero no hace falta convertirlo todo en una justificación retorcida para el maltrato. ¡Y lo peor de todo es que son novelas escritas por mujeres para, principalmente, mujeres! Se puede hacer mejor, incluso manteniendo esa misma sublectura de atracción/temor hacia el ser sobrenatural (sexo). Un buen ejemplo de ello lo tenemos por ejemplo en la serie de los Hollows de Kim Harrison (iniciada en 2003 con “Bruja mala nunca muere“).

El éxito de la novela hizo que la serie se extendiera por otras doce, a lo largo de las cuales se profundiza en la revelación del mundo sobrenatural, que ya no solo abarca vampiros, sino que incluye también cambiaformas, hadas y finalmente demonios. De igual modo, la novela sirvió de inspiración en 2008 para la serie de HBO “True Blood”, que emitió ochenta episodios en siete temporadas (aunque solo las tres primeras adaptan, más o menos, alguno de los libros).

Otras opiniones:

~ por Sergio en marzo 26, 2020.

Una respuesta to “Muerto hasta el anochecer”

  1. Oh vamos, la principal influencia de Crepúsculo, tengo que darle una oportunidad. Nada mejor que pasar las tardes con un chick lit paranormal.

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