Elysium

Tras el fracasado intento de otorgarle las riendas de una hipotética adaptación cinematográfica de Halo, Neill Blomkamp se volcó en desarrollar una secuela oficiosa a su éxito internacional de 2009, “Distrito 9“. Las guías estaban claras: ciencia ficción con sublectura social. Claro que los 211 millones que recaudó con su debut le permitieron casi cuadriplicar el presupuesto, de los 30 a los 115 millones.

Así nació “Elysium”, y de la mano de Sony se convirtió en una de las apuestas fuertes del verano (eso sí, a una escala contenida para un proyecto original, es decir no basado en contenido preexistente; una lección que muchos estudios no han sabido aplicar… y así les ha ido a la mayoría). La película, protagonizada por Matt Damon, pinta un escenario que debe ser la pesadilla de los votantes conservadores estadounidenses. Lo que antaño fueran los EE.UU. son un inmeso gueto, donde las minorías de antes, en especial los hispanos, constituyen ahora el grueso de la población. ¿Y dónde ha ido a parar la clase alta? Pues se ha construido una estación orbital, modelada según el esquema de un toro de Stanford, y desde allí dirige sus negocios en una Tierra superpoblada y privada de los más modernos adelantos médicos.

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Al comienzo de la película Max, el protagonista, sufre un accidente laboral mientras trabaja en una factoría de policías robot, que le concede una esperanza de vida de apenas tres días, a no ser que consiga llegar hasta Elysium y hacer uso de su nanotecnología sanitaria. Enfrentado a una muerte segura, no duda en aceptar la única posibilidad que se le ofrece: participar en un plan desesperado para robar a un ricachón que se haya visto obligado a descender a la Tierra para apretar las tuercas a sus trabajadores. Para lo cual es literalmente atornillado a un exoesqueleto que le proporcionará al menos una posibilidad contra las defensas automatizadas del VIP.

El golpe, una locura desde el principio, se complica al darse la circunstancia de que el blanco escogido guarda en su chip craneal mucho más que unas simples claves bancarias, así que la secretaria de defensa de Elysium (Jodie Foster), moviliza todos sus recursos, incluso algunos tan cuestionables como operativos ilegales, equipados también con exoesqueletos, en la Tierra, para aplastar a Max y recuperar la información que cual Johnny Nmemonic guarda en su cabeza.

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De fondo, una lucha de poder en el propio Elysium entre el presidente (suponemos que electo) y la secretaria de defensa, en desacuerdo por las violentas medidas adoptadas para proteger la estación contra la inmigración ilegal, y la lucha de los desfavorecidos por acceder a procedimientos médicos que podrían erradicar todas las enfermedades.

Sutileza, lo que se dice sutileza, no exhibe “Elysium”… al menos por lo que respecta a la interpretación metafórica, pues Blomkamp se limita a “futurizar” la situación actual, añadiendo parafernalia de ciencia ficción (desde la estación espacial hasta los exoesqueletos). Eso sí, me resulta muy interesante su enfoque, porque lejos de constituir una mera crítica del tipo de “esto está mal” (lo cual es evidente), va más lejos aún, sugiriendo que es un callejón sin salida, que aboca a todos, privilegiados y pobres, a pozo sin fondo.

La mayor parte de las películas de ciencia ficción optan por el camino fácil de invertir los términos (algo que fue muy efectivo… en los años 60). El arquetipo de esta opción podría ser “El planeta de los simios” (Franklin J. Schaffner, 1968; basada en la novela de Pierre Boulle, 1963), que denunciaba el sinsentido de la segregación racial convirtiendo al muy hombre de Charlton Heston en prisionero bestializado en manos de una panda de simios. La película desafiaba a sus espectadores a invertir los términos de la dinámica social entre blancos y negros, sugiriendo un imaginario intercambio de roles.

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Esto hubiera podido implementarse en “Elysium”, haciendo a los privilegiados hispanos y a los oprimidos anglosajones, pero eso ya no funciona. De hecho, podría haber sido contraproducente. Estamos tan desensibilizados, la empatía es un valor tan a la baja, que más de uno lo interpretaría de forma literal, como una advertencia. Además, ni siquiera desde una perspectiva metafórica su mensaje iría mucho más allá de una fantasía revanchista, que no profundiza más allá de denunciar la injusticia.

En vez de ello, Blomkamp propone algo similar a una reducción al absurdo. Proyectemos la situación actual y veamos a dónde nos conduce. Lo que se desprende del escenario es que los privilegiados, siempre atrincherados contra el resto, han ido cediendo muralla tras murallla, hasta que no les ha quedado sino el reducto más extremo, una “pequeña” estación espacial, que aun así deben defender contra la inmigración ilegal, “pensando en sus hijos” (el argumento esgrimido por el personaje de Jodie Foster). Claro que lo mismo debieron pensar los que los precedieron, y la realidad es que en cada refugio hay menos espacio, así que el porcentaje de privilegiados desciende y la situación sólo es deseable para un número decreciente de sucesores. Por supuesto, si estás en el lado correcto esa injusticia te la sopla. El truco en el mundo de “Elysium” es que ya no queda terreno que seguir cediendo. Se encuentran, literalmente, con la espalda contra el vacío.

La solución “propuesta” por el directo/guionista consiste en romper la dinámica (más que círculo, espiral viciosa), eliminar los privilegios y homogeneizar los derechos. Apunta (aunque no termina de articular bien el discurso) hacia la obsolescencia del concepto de nación, hacia la artificialidad de cualquier separación arbitraria.

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Su problema reside en la superficialidad de la tesis. Preocupada por que no decaiga la acción (y quizás también por la paradoja de que para que la película funcione económicamente debe ganar la indulgencia  de precisamente aquellos a quienes critica), su carga filosófica queda tremedamente diluida, quedando en meros apuntes e incluso corriendo el peligro de perder por completo su impacto. A todo lo cual no ayuda el que se plante en lo fácil (menos en la relación entre Max y su antigua novia Frey, que logra esquivar el lugar común… aunque por momentos parece juguetear con él). Es decir, en sugerir una salida utópica que no tiene en cuenta costes ni sacrificios (al eliminarlos de la ecuación, deja todo reducido al nivel de perogrullada y pierde tanto su credibilidad como su capacidad de inducir a reflexión). En resumen, conduce más a un final feliz forzado que a la conclusión demoledora que está pidiendo a gritos.

Al menos se puede decir que lo intenta, lo cual ya es un punto a su favor en un género que en su vertiente cinematográfica tiende a optar por el entretenimiento fácil. Además, Blomkamp confirma su capacidad para dirigir escenas de acción (aunque vuelve a abusar, esta vez sin excusa, de la cámara en mano). Por añadidura, no es habitual contar con la posibilidad de ver un toro de Stanford en la gran pantalla (aunque sin blindaje antirradiación, no hay nanoreconstrucción médica que pueda salvar a sus habitantes de una muerte bastante desagradable; en fin, detalles, que podemos obviar a cambio de la belleza de las imágenes).

Otras películas del mismo director reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en septiembre 5, 2013.

9 comentarios to “Elysium”

  1. A mi personalmente me parece que ‘Elysium’ es bienintencionada pero fallida. La imagen final de las unidades médicas llegando a la Tierra para curar a los enfermos me parece de chiste (malo). No sé cómo el director de esa maravilla que es ‘Distrito 9’ ha podido hacer una siguiente película tan prescindible.

    • Sí, esa escena es terrible.

      Yo hubiera echado mano de la mitología, del mito de Prometeo. Una historia no deviene en mito sin que sus elementos resuenen profundamente en nuestro interior. Me da que “Elysium” peca un poco de soberbia intelectual. Blomkamp se piensa que no necesita referentes (ni ayuda, que con “Distrito 9” tuvo un coguionista y a Peter Jackson supervisando el proyecto), y el tiro le queda corto.

      Aun así, mejor que la mayoría de productos cinematográficos de ciencia ficción (lo cual, en algunos caso, no es decir mucho, lo admito).

  2. Demasiados peajes al cine de acción como para entrar en sutilezas. No es una gran novela, pero leí hace un tiempo “Mendigos en España”, donde justamente se propone la opción opuesta. Aquí, es un grupo de incomprendidos pre-post-humanos, que han desarrollado su CI artificialmente, los que montan el Acadia-orbital en plan élite, solo para listos, y deben aguantar los (comprnensibles) meneos de los patanes terricolas. No es una gran novela pero me gustó bastante.

    • Dejando de lado lo incompresible de la elección de metáfora para el título (¡A saber qué experiencia vivió Nancy Kress, si es que se basa en algo más que puro prejuicio!), la verdad es que “Mendigos en España” me aburrió bastante. Me parece que al ampliar su novela corta ganadora del Hugo y del Nebula se olvidó de incluir suficientes ideas nuevas, y el libro se queda muy, muy corto a ese respecto (eso por no hablar de que biológicamente no hay por donde cogerlo, lo cual tiene más importancia de lo que parece, pues se encuentra en la base de la separación por castas).

      Lo peor es que “Mendigos y opulentos”, su continuación hace “gala” de menos ideas todavía, e incluso éstas más cuestionables desde una perspectiva moral (así que, evidentemente, no me acerqué a “La cabalgata de los mendigos” ni cuando salió en Byblos a 5 euros).

      De la misma época hay varias aproximaciones el posthumanismo muchísimo más interesantes.

      • Totalmente de acuerdo. Solo sacaba a colación mendigos en españa por el parecido temático con Elisyum… La curiosa cuestión de los mendigos en España está relacionada con ser uno de los primero países en desarrollar turismo de masas. Al principio, a los turistas les seguía una cohorte de pedigüeños, niños, gitanas, etc… Un poco el estereotipo (supongo que bastante real) de lo que te cuentan en la India. El turista piensa entonces que ese país está lleno de parásitos y que no irá a ningún lado. Que tambiénb tiene narices la cosa…

      • Ya, pero es que publicó el libro en 1990… Cuando España estaba en novena posición mundial en PIB, así que su metáfora no sé siquiera si es insultante por la extrema ignorancia que denota.

        Y sí, hay similitudes. Lo curioso es que para Nancy Kress, apoyada en el objetivismo de Ayn Rand, eso es una situación deseable, así que casi podríamos considerar “Elysium” como una réplica en toda regla (a la filosofía de base, que dudo que Blomkamp conozca la novela).

  3. Hola Sergio. Échale un vistazo a este artículo, te va a gustar:

    http://www.scifiworld.es/articulos.php?title=Pacific%20Rim%2C%20o%20c%F3mo%20nos%20est%E1%20venciendo%20la%20desidia%20por%20el%20fant%E1stico&id_articulo=2392&buscar=

    • No estoy por completo de acuerdo con el análisis. Más que nada con particularizar en el género fantástico unos males que son universales También nos concede demasiada importancia. No estamos en disposición de exigir nada. El núcleo duro de aficionados al fantástico no da ni de lejos para amortizar 190 millones de presupuesto, así que en realidad esas películas no están dirigidas a nosotros (y cuando lo pretenden, se hunden miserablemente).

      Yo ya di mi opinión sobre “Pacific rim” (que no es entusiasta, pero tampoco tan negativa), y sinceramente creo que hay películas que han hecho muchos más méritos para ejemplificar la desconexión entre lo que triunfa en el cine y mis expectativas (que suelen coincidir con quienes se pasan por aquí). De hecho, ya dejé caer un par de ideas al respecto en la entrada titulada ¿Importa?.

  4. Coincido con tu crítica, considero que la película de Neill Blomkamp hace algo diferente por su género, la mayoría de estos filme solo se quedan en la narración en efectos visuales y esta va más allá.

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