La tumba (Harry Dresden – 3)

Según el consenso más o menos general, es a partir de este tercer volumen de la saga del mago de Chicago Harry Dresden, “La tumba” (“Grave peril”, 2001), cuando las cosas se encarrilan y la historia empieza a coger ritmo. Por mi parte, he de confesar de entrada que supone una mejora respecto a “Tormenta” y, sobre todo, “Luna llena“… pero de ahí a constituir una lectura verdaderamente recomendable me temo que sigue habiendo un gran trecho.

La novela empieza ya a mil revoluciones por minuto, con Harry, acompañado por el Caballero Michael, intentando prevenir la muerte de varios niños neonatos a manos (o voz) de un fantasma con muy malas pulgas. Nada de introducciones tediosas. De cabeza a la acción, y que Dresden empiece a recibir (y repartir) golpes. Entre escena y escena, nos vamos enterando de que algo parece haber agitado las aguas metafísicas de la ciudad, siendo la presente actuación sólo una de las manifestaciones de ese suceso. También se nos presenta el antagonismo de Lea, la hada madrina de Harry, que pretende apoderarse de él en virtud de un pacto del que no se comenta demasiado, y poco después la invitación de Bianca, la líder de los vampiros de la ciudad, a un gran baile-cónclave-obviamente-una-trampa. Ah, sí, y en medio de todo ello, una damisela en apuros solicita la protección del saturado mago.

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Todo un poco confuso, pero cuando menos, la trama de “La tumba” no queda establecida en los tres primeros capítulos. En vez de centrarse en un único tipo de ser sobrenatural, la novela nos presenta en primer plano fantasmas, demonios y vampiros, con vistazos hacia ese mundo sobrenatural más amplio que los engloba a todos. También empieza a variar ligeramente el enfoque, desde lo que era claramente un escenario de mundo mágico secreto a otro de coexistencia, no completamente abierta, pero sí patente para, al menos, unos pocos elegidos.

La gran virtud de la novela es también su gran defecto. “La tumba” no echa el freno en ningún momento, sino que busca una y otra vez el más difícil todavía, la tensión a tope y la acción sin restricciones. Es una estrategia basada en agarrar al lector por las solapas y echar a correr, sin detenerse un momento para coger aliento. No niego que puede ser efectiva, pero también se corre con ella el peligro de saturar la capacidad de asombro (por no hablar de la capacidad para suspender la incredulidad).

Así, Dresden va saltando de crisis en crisis, sin apenas tiempo para lamerse las heridas. Ya sea acudiendo a la llamada de auxilio de sus colaboradores en la policia, ya apresurándose para salvar la vida de tal o cual personaje (normalmente en peligro por su asociación con él). Todo ello con el pequeño asunto de los fantasmas alborotados, que parece estar ligado con la captura de un nigromante unos meses antes, con el hada madrina empeñada en reclamar lo que es suyo con insistencia maníaca y con el complot de Bianca y sus vampiros desarrollándose en segundo plano, listo para cerrar la trampa sobre el mago.

La tumba; Jim Butcher

Otro inconveniente de que todo sea acción a raudales es que el autor parece ir improvisando sobre la marcha el alcance de los poderes de Harry Dresden y el modo en que consigue escapar de cada situación desesperada. Para empezar, el propio mago no es un personaje reflexivo. No hay apenas componente de misterio en la historia, en el sentido de que su estrategia parece basarse exclusivamente en ir reaccionando a los acontecimientos y en patear el avispero si las cosas se ponen demasiado tranquilas.

Personalmente, prefiero universos más coherentes, en los que primero se establecen las reglas y luego se juega con ellas. En “La tumba”, en un momento dado, puede pasar casi cualquier cosa, lo que sin duda será un aliciente para algunos, pero no para mí.

En el apartado de las virtudes de la novela, se nota por primera vez la intención de construir una supertrama por encima de las novelas individuales, más allá de la simple sucesión de aventuras. Los acontecimientos aquí narrados se ramificarán sin duda a lo largo de los libros por venir, rompiendo con el carácter procedimiental de la saga en sus dos primeras entregas.

Por lo que respecta al estilo, no sé hasta qué punto puedo juzgarlo, pues resulta evidente que la traducción deja muchísimo que desear. Pese a ello, puedo afirmar sin temor a equivocarme que a Jim Butcher no le preocupan en exceso los aspectos literarios de su trabajo (al menos por lo que respecta a Harry Dresden). Directo y sin florituras (aunque sí con cierto humor soterrado, que diría que sufre bastante con la traducción).

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La fantasía urbana es quizás el subgénero de la fantasía más cercano al bestseller, con una orientación que en muchos casos resulta marcadamente juvenil. También es curioso cómo varía según esté dirigida principalmente a hombres (acción desenfrenada) o mujeres (acción desenfrenada y romance). Dresden es decididamente fantasía urbana para hombres, con unos personajes femeninos que exhiben una profundidad vergonzante y las pinceladas más burdas de romanticismo (por llamarlo de algún modo). Lo que no cambia en ningún caso es la tremendamente duro que es el personaje principal (hasta el punto de que se suelen mover siempre a un paso del marisuismo más evidente).

¿La característica principal de Dresden? No importan con cuánta fuerza le golpees o lo desesperado de la situación, siempre logrará sacarse de la manga una última reserva insospechada para devolver el golpe multiplicado y cortar por lo sano a base de pura fuerza (mágica) bruta. Sigue la tradición del “detective sobrenatural”, pero lo suyo no es la vertiente deductiva y reposada del género, sino un enfoque más bien hard-boiled.

Seguro que todo esto le suena a música celestial a más de uno. A mí, me temo, sigue faltándome algo.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en noviembre 11, 2015.

2 comentarios to “La tumba (Harry Dresden – 3)”

  1. Ciertamente el tema mejora a partir de acá aunque sin ser un libro de excepción ni mucho menos, entre otras cosas porque como bien dices la historia comienza a tener más un tono de libros que tendrán consecuencias en lugar de individuales. No obstante para mi las historias de este mago (que libros más adelante se recalca que es más un bruto rompelotodo que un artista) están más pensadas para leerse en unas horas que en armar reflexión, una profundidad demasiado elaborada o unas reglas de magia con consecuencias (aquí mejor referente será Sanderson y su afán por poner consecuencias físicas a la magia que crea), y es eso lo que debería esperar quien las lea. Total, que para mi analizar cualquier libro de Dresden con el mismo parámetro que se usaría para historias más complejas es un tanto discutible. Como sea, no soy un fan de Dresden pero si lo he leído, más que nada porque llegué a raíz de las historias de Codecs Alera (de mejor calidad a mi juicio) y porque luego de un tiempo simplemente me interesó saber que seguía pasando. En todo caso la historia decae y sube según pasan los libros, o sea que para mi al menos no es que Butcher a partir de aquí haya tomado la mano en como hacer las cosas y no vuelva a pifiarla.

    • Pero es que también asume el modelo del bestseller procedimental, que han explotado hasta la saciedad autores como Robin Cook o James Patterson (el modelo para buena parte de la fantasía urbana contemporánea), y también ese tipo de obras precisa (aunque sea una sensación ficticia) coherencia interna. Tad Williams lo afronta con mucha mejor fortuna en su serie de Bobby Dollar (aunque he de reconocer que, por su falta absoluta de mesura, mejora series como la de Teddy London, de C. J. Henderson).

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