Luna llena (Harry Dresden – 2)

Durante los años 90 la fantasía entró dentro del circuito de bestsellers, siguiendo el modelo de lo que podríamos llamar thrillers profesionales que se popularizaron en los 80 (series de personaje que siguen las vivencias de un policía, un médico, un abogado…). Incluso estas mismas no fueron sino la puesta al día de los seriales pulp, añadiendo un poco de información técnica para satisfacer unas ansias superficiales por aprender datos curiosos (y hoy en día el 70% de las series de televisión norteamericanas explotan el mismo formato, llegando hasta la metarreferencialidad con “Castle”), así que en cierto modo fue apropiado que el círculo diera la vuelta completa y retornara a los viejos arquetipos de Weird Tales… actualizándolos, por supuesto.

Uno de los primeros éxitos de la fórmula lo cosechó Laurell K. Hamilton con la cazadora de vampiros Anita Blake (20 novelas desde 1993 a la actualidad). En el año 2000, la misma agente que descubrió a Hamilton impulsó a otro autor, Jim Butcher, con “Tormenta”, la que sería la primera novela de la serie de Harry Dresden. El personaje cuajó y pocos meses después salía al mercado “Luna llena” (“Fool moon”). Desde entonces, con regularidad cronométrica, toca a entrega cada nueve/doce meses (ya va por el decimotercero), con tiempo para escribir entre medias la saga de Codex Alera (seis novelas entre 2004 y 2009).

Estas novelas poseen unas características comunes. Presentan en todos los casos una fantasía urbana y contemporánea (es decir, utilizan de escenario un contexto muy parecido al del lector), con un personaje central fuerte y atractivo (aunque puede presentar sus pequeñas taras para hacerlo simpático) que suele narrar las aventuras en primera persona en pos de la complicidad. El elemento fantástico puede presentarse abiertamente (realidad alternativa) o ser críptico (mundo mágico oculto), pero en cualquier caso el día a día del común de los mortales debe ser relativamente anodino. Por último, entre confrontación y confrontación, la trama se adereza con tribulaciones terrenales, a menudo concernientes al plano sentimental.

Las aventuras de Harry Dresden se ambientan en Chicago, con un mago auténtico, tecnófobo (en realidad, la tecnología no funciona bien a su alrededor) y al borde mismo de la indigencia, que actúa ocasionalmente como asesor de un departamento especial de la policía, el mundo mágico esta oculto (aunque puede afectar a cualquiera) y sus relaciones sentimentales oscilan entre lo trágico, lo patético y lo meramente complicado (además, como todo rebelde que se precie, tiene sus problemillas con sus “superiores”). Pese a los ligeros toques mercenarios (a lo detective privado), Dresden es en el fondo un luchador contra el mal, cuando éste se presenta en forma sobrenatural. No creo que sea coincidencia las evidentes similitudes estéticas entre su imagen oficial y la de otro paladín contra las artes oscuras setenta años más viejo: Solomon Kane.

Cada libro presenta nuevas facetas de la realidad fantástica, al tiempo que, aun siendo autoconclusivo, va construyendo un todo mayor, con arcos dramáticos que se extienden por varios títulos, referencias cruzadas y algún que otro misterio cuyas claves van desgranándose con morosidad. Para completar la semblanza quizás sólo quedaría decir que el mago tiene tendencia a acabar siempre hecho unos zorros, con moratones hasta en el carnet de conducir y después de haber arrasado algún que otro enclave que tiene la mala suerte de servir de ring para su batalla con la fuerza malévola de turno.

Como decía, “Luna llena” fue el segundo título de la serie, publicado en Estados Unidos a principios de 2001 (y en España en 2007). Llamándose así, el tema central no podían sino ser los hombres lobo.

Tras unos meses de distanciamiento (a consecuencia de los hechos narrados en “Tormenta”), la comandante de la unidad de Investigaciones Especiales de la policía de Chicago, Karrin Murphy, busca el consejo de Harry acerca de una serie de asesinatos brutales, en los que desde el principio caben sospechas de que pudieran deberse a hombres lobo (en realidad, Murphy es de las pocas personas abiertas a la posibilidad de la existencia del mundo mágico). La investigación se complica al surgir como potencial víctima final el jefe mafioso John Marcone (con una historia de choques con Dresden), y por la injerencia del FBI… por no hablar de los problemas de Murphy con asuntos internos, derivados de su pasada relación con el mago.

El planteamiento permite a Butcher repasar el folclore licántropo (con razonable extensión y escasa profundidad), mientras conduce a su personaje de enfrentamiento en enfrentamiento, sin tiempo para desarrollar una investigación o atar cabos que pudieran ahorrarle unos cuantos golpes. Por supuesto, de todas se escapa por una combinación de habilidad mágica (con límites mal definidos), llegada oportuna de refuerzos y pura potra. Al final, salva el día (para casi todos) y sobrevive para luchar otro día (en “La tumba”). Ni la trama ni el estilo pasan de aceptables. El truco del autor consiste en llevarte de A a B a toda leche, intercalando de tanto en tanto algún chascarrillo, dos o tres codazos de colega (con interpelaciones directas, como si estuviera rememorando la historia en un encuentro cara a cara) y escenas pirotécnicas (amén de un poco de gore y erotismo light).

El libro se ventila en horas, pero personalmente me sabe a muy poco. Demasiado plano (hay un triángulo amoroso que parece venir de serie y medio desarrollarse por exigencias del guión). Ni siquiera la magia se muestra de un modo intrigante (en ese sentido, cumplía mucho mejor “Tormenta”). Quizás se deba a la inexperiencia del autor, aunque me inclino más a suponer (no he leído ninguna de las siguientes entregas) que es imposición del formato. A nivel literario, tres cuartos de lo mismo. Está todo demasiado precocinado para mi gusto.

Pese a todo, la saga ha logrado una gran popularidad también por estos lares, así que es posible que se trate de mi ya reconocida alergia al modelo (me pasó con Laurel K. Hamilton, y también con Christopher Moore, véase “Un trabajo muy sucio“).

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~ por Sergio en julio 19, 2011.

2 comentarios to “Luna llena (Harry Dresden – 2)”

  1. ese tipo de teleseries se llaman procedimentales, no? Alguna gente ya las llama directamente series de abogados, como un tipo llamo a Mad men al verlos a todos de traje

  2. Las series de abogados suelen ser más corales, aunque también las hay de personalistas. Pero bueno, los ejemplos de todo tipo abundan: “House”, “Castle”, “Numbers”, “El mentalista”, “Bones”, “Monk”, la propia serie sobre Dresden…casi siempre anda el crimen metido de por medio, y un personaje estrafalario o con una profesión exótica como eje central.

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