Hellraiser

Clive Barker publicó en 1986 una de las novelas cortas más famosas e influyentes del género fantástico: “The hellbound heart”, más conocida con posterioridad como “Hellraiser” por obra y gracia de la película dirigida por el propio Barker en 1987. Poco de todo esto fue improvisado. Desde el primer momento, el autor, desencantado con la calidad de las primeras adaptaciones de su obra al cine, se lo planteó como un proyecto literario y cinematográfico conjunto. El resultado, como suele decirse, es historia.

A mediados de los años 80, Barker irrumpió en el panorama del terror con la publicación de sus “Libros de sangre”, seis recopilaciones de relatos con un tono más visceral de lo que venía siendo habitual dentro de un campo donde se valoraba sobre todo la faceta sicológica. La nueva hornada de autores, de la que Barker fue sólo la figura más destacada, se recreó en la sangre y el gore (hasta el punto que, por asociación temporal, a alguien se le ocurrió denominar el género splatterpunk, un nombre que no prosperó pues filosóficamente no tenía nada que ver con el cyberpunk aparte del extremismo y el ánimo revolucionario), abrazando además con mayor entusiasmo los elementos fantásticos (aunque siempre con una ambientación contemporánea y generalmente urbana).

La novela corta (cuyo título no creo que sea casualidad que recuerde al de “El corazón delator”, “The tell-tale heart”, de Poe), fue publicada originalmente en el tercer volumen de una serie de antologías de novelas cortas, Night Visions, junto a sendas obras de Ramsey Campbell y Lisa Tuttle (además, no fue portada). La producción de la película empezó casi de inmediato, con apenas cambios en la historia. Con un presupuesto de un millón de dólares, acabó recaudando 14,5 millones en el mercado norteamericano (y mucho, mucho más durante su explotación videográfica mundial). Había nacido un icono del género, Pinhead (que en la novela apenas tiene un papel secundario), y un guru del terror, Clive Barker.

Tras el éxito cinematográfico, “The hellbound heart” logró una edición en solitario en 1988 (aumentando el tamaño de letra y con márgenes generosos para alcanzar un tamaño aceptable), y algunas reediciones desde entonces (la más reciente, una conmemorativa del vigésimo aniversario… de la película). En España hubo que esperar a 2005 para que viera la luz como “Hellraiser”.

La historia gira en torno a Frank Cotton, un personaje depravado, hastiado de una búsqueda infructuosa del placer, que tropieza con un objeto místico, la caja de Lemarchand, un puzzle con una configuración especial que supuestamente abre un portal hacia una dimensión de placer indescriptible. Sin embargo, cuando por fin resuelve el rompecabezas (una de tantas llaves existentes), descubre que la definición de “placer” puede ser ambigua, pues convoca a los cenobitas (miembros de la orden de la hendidura), unos seres que en respuesta a sus demandas comienzan a someterlo a torturas sin fin.

Varios meses después la casa donde se abrió la puerta dimensional, un lugar al que aún sigue ligado Frank, es ocupada por su hermano Rory (Larry en la película) y la mujer de éste, Julia. Lo que aparenta ser un matrimonio normal constituye en realidad una farsa, pues desde que el día antes de la su boda Julia mantuviera un violento encuentro sexual con Frank su insatisfacción y su desprecio hacia su marido no han dejado de crecer. Cuando un accidente derriba por un breve lapso los muros que separan las dimensiones, Frank se manifiesta ante Julia y le pide sangre para escapar de su prisión y retornar al mundo. Aunque claro, los cenobitas no están dispuestos a dejar escapar a su juguete… y la caja de Lemarchand no sólo se abre a sabiendas de sus propiedades.

Barker fundamenta su historia en dos grandes ejes. Por un lado, al igual que ocurre en buena parte de su obra, toma diversos pares de opuestos y los entremezcla, difuminando la frontera entre ambos. La dupla sobre la que se asienta buena parte de la trama es la formada por dolor/placer, lo que propicia la exploración de imaginería sadomasoquista (mucho más evidente en la película), pero también contempla con cierta ambigüedad a los propios cenobitas (demonios para algunos, ángeles para otros, según declaran). Las torturas infligidas a Frank no tienen nada que ver con un castigo propiciado por un juicio moral (que, eso sí, lo hubiera condenado). Incluso siendo consecuencia directa de su curiosidad hedonística, ello no implica un encono especial. Como más adelante se pone de manifiesto, el simple hecho de abrir la grieta entre universos, con independencia de la motivación (o falta de ella) subyacente, basta para sellar el destino de quien reconstruye la configuración de Lemarchand.

Este mensaje, sin embargo, se ve en parte socavado por las implicaciones del segundo eje, que se centra en el impulso sexual, y más concretamente en su represión. Los dos personajes femeninos de la novela experimentan frustración sexual, y las dos por incapacidad de comunicación. Julia, la esposa, es incapaz de canalizar el desprecio que siente por su marido, idealizando un encuentro que para Frank no supuso nada. Todos sus actos posteriores se alimentan de la tensión acumulada por vivir una farsa (siendo Rory apenas una víctima colateral). Como su antítesis (o reflejo) tenemos a Kirsty, una amiga de Rory(transformada en hija suya, pero no de Julia, en la película) unida a él por una especie de amor platónico (irrealizable porque no se atreve a presentar oposición al vínculo matrimonial, quedando voluntariamente en un sufriente segundo plano). El destino divergente de ambas, como había insinuado, traiciona la pretendida independencia del relato de juicios morales.

Desde una perspectiva técnica, lo cierto es que la narración se me ha antojado un tanto ramplona (con el estilo plano del bestseller ochentero). Es posible que un cuarto de siglo después las pinceladas gore hayan perdido buena parte de su capacidad de impacto, y la historia que queda detrás en el fondo se reduce a un par de triángulos sexuales entrelazados (Frank-Julia-Rory por un lado y Julia-Rory-Kristy por el otro). Quizás mi insatisfacción provenga precisamente de que uno de los pilares centrales, Rory, queda por completo anulado por el resto de personajes. Lo cual sin duda lo retrata como un perfecto pelele, pero poco hace por ofrecer un contrapunto al frenesí de Julia, el nihilismo de Frank o la inseguridad de Kristy.

La fuerza de “Hellraiser” reside principalmente en la figura de los cenobitas y la caracterización de su universo de placer y dolor… que apenas está desarrollada. Leyendo la novela, sin embargo, es imposible sustraerse a las imágenes, provenientes de alguna de las encarnaciones cinematográficas (fundamentalmente de “Hellraiser” y “Hellbound: Hellraiser 2”), invocadas por las palabras. Podría especularse con que, en su encarnación escrita (creada, además, como preámbulo consciente para su paso al celuloide), “The hellbound heart” es todavía una obra en desarrollo, que no terminaría de alcanzar su potencial hasta el destilado cinematográfico.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en septiembre 22, 2011.

Una respuesta to “Hellraiser”

  1. Hacía siglos que me quería leer ese libro (con la consiguiente película) de este autor. Reconozco que solo he leído Demonio de libro (que no es una obra maestra, pero apunta maneras su originalidad y algunos comentarios del libro directamente al lector en la primera mitad del libro :O), pero bueno, en cuanto vea algo suyo en alguna librería, para la bolsa que va!

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