Tom Z Stone

Imagina una vida tediosa y sin alicientes. Imagina que todo cambia un día (y me refiero a Todo) y que a partir de entonces puedes vivir tu sueño. Imagina que para que tu vida dé ese giro primero hayas tenido que perderla.

Tom Z. Stone no tiene que imaginarlo. Es un zombi, un reanimado (o un puto zeta de mierda, según opiniones), dedicado en su nueva (y forzosamente breve) existencia al pintoresco oficio de detective privado; viviendo a fondo el arquetipo novelesco, actitud y principios incluidos.

El 7 de agosto de 2012, en lo que pasó a denominarse el Fenómeno Reanimación (o FR, por abreviar), los difuntos recientes de todo el mundo se alzaron de sus lechos mortuorios, provocando el caos. No tanto por sus acciones, ya que la mayor parte conservaban intactas sus capacidades intelectuales, sino por su mera existencia. Aquellos más deteriorados, sin embargo, sí que se comportaron del modo tradicional, atacando por puro instinto a cualquier paquete ambulante de vísceras, preferiblemente humanas. Con el paso del tiempo, se les consideró a estos últimos como desgastados o terminales, y según los estudios todo reanimado acabará como uno de ellos en un plazo no superior a cuatro años. Mientras tanto, la sociedad ha tenido que buscarles (aunque sea un poco a regañadientes) un hueco.

El de Tom es un despacho destartalado, en un barrio periférico de Valencia, donde aguarda la llegada de trabajo (y de problemas) entre pitillo y pitillo (con ocasionales libaciones de Jack Daniel’s). Ambos se presentan en grandes cantidades cuando recibe a una nueva y despampanante clienta, Eva Espinosa, a quien alguien está haciendo chantaje a cuenta de un pequeño desliz extramatrimonial con un zeta. Lo peliagudo del caso es que el cornudo resulta ser Gregorio “el sanguinario”, un capo de la mafia local con malas pulgas y peor opinión de los reanimados.

Acepta el caso, por supuesto, lo cual lo pone pronto en el punto de mira de los matones de Gregorio y lo zambulle en los más sórdidos ambientes de la ciudad; lugares donde la vida, en especial la de un zeta, casi no vale ni lo que cuesta una bala

J.E. Álamo presenta con “Tom Z. Stone” su segunda novela, una historia de detectives duros, femmes fatales, bourbon, secretarias con carácter, delincuentes sin escrúpulos, nicotina y asesinatos… ah, y también de zombis, aunque seamos políticamente correctos y llamémoslos reanimados. A través de su prosa se nos presenta una Valencia distinta a la que conocemos, donde llevar artillería no sólo es legal sino habitual, donde fumar no perjudica seriamente la salud (quizás hasta todo lo contrario), donde la televisión es en blanco y negro y los teléfonos son fijos y de disco y donde un detective terco puede verse metido en múltiples situaciones con la potencialidad de acortar drásticamente su ya escueta esperanza de vida.

“Tom Z. Stone” es obra de un enamorado de la novela negra y sus tópicos. También lo es de una aficionado a la novela fantástica, y eso se nota, porque lejos de presentar a los zombis como una excusa consigue no sólo encajarlos en el ambiente, sino hacerlos parte integral del mismo, sin necesidad de traicionar los cimientos del género. Hubiera sido muy fácil pecar por exceso (con hordas de terminales haciendo de las suyas) o por defecto (sin que la condición vital del señor Stone tuviera mayor relevancia). La historia, sin embargo, sabe encontrar el equilibrio justo para avanzar sin tropezones… y algo más.

El género negro es bastante más que estética. Se trata de un vistazo al lado oscuro de la humanidad (desde una perspectiva que tampoco se pasa de virtuosa). “Tom Z. Stone” trata de integración, sin apuntar a ningún colectivo en concreto, sino más bien a las actitudes discriminatorias. También trata de sueños cumplidos. Hay una subtrama muy interesante que involucra las explicaciones del Sabio (autodidacta) T.A. Edison para el Fenómeno Reanimación (y algunos hipotéticos efectos secundarios), y cuya interpretación, más allá de las peculiaridades, nos permite considerar la novela como ucrónica.

El que se ubique en nuestro futuro inmediato, en vez de en un pasado alternativo, y en Valencia en vez de Los Angeles es de extrema importancia. La decisión de Tom de hacerse detective no sería tan significativa de no precisar tantos cambios en su existencia (perdonad si me muestro un tanto críptico, pero hay cosas que conviene descubrir personalmente).

Otro aspecto destacable es el humor. Una herramienta ácida e incisiva en boca de Stone (bocaza en más de una ocasión) y un aderezo sutil a lo largo de toda la novela, con varios juegos establecidos con el lector (alguno de ellos, específicamente, con el lector conocedor de la obra previa de Álamo, aunque no es éste, en modo alguno, un requisito imprescindible). Recortes de prensa, extractos del diario personal de Tom, narraciones del día FR… todo texto vale para contextualizar y potenciar la trama principal, la caracterización de los personajes o las ideas subyacentes (que sintetizo de nuevo en integración y vivir tus sueños). Sirven, además, para recordarnos un concepto importante: la oscuridad con humor es menos negra (aunque el mismo humor sea en ocasiones de dicho color).

Ante todo esto, la trama detectivesca resulta algo un tanto secundario. Cumple con creces su cometido, sobre todo porque evita meterse en demasiados berenjenales. La investigación no supone enhebrar decenas de indicios ni reconstruir complejos puzzles, sino llamar a suficientes puertas y reunir bastantes datos como para que todo cobre sentido. No debe distraer de la relación de Tom con Mati, su secretaria, o con Garrido, su amigo policía, ni tapar con piruetas deductivas la cruda brutalidad de los crímenes perpetrados.

“Tom Z. Stone”, más allá de su retrato de lo peor de la naturaleza humana, nos invita a imaginar que otro mundo es posible… quizás incluso otro mundo mejor.

Agradezco a Dolmen Editorial el envío de un ejemplar de “Tom Z. Stone” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en julio 22, 2011.

3 comentarios to “Tom Z Stone”

  1. Es la tercera novela de Joe Alamo, anteriormente había publicado El Enviado y Penitencia ;D

  2. Tercer libro sí, pero “El enviado” lo veo más como antología, con fuerte unidad temática, pero historias independientes. Una cuestión quizás más estructural que otra cosa, tal vez a debatible, pero bueno… casi todo en literatura está sujeto a interpretación.

    Vamos, que era plenamente consciente de su obra anterior. Recogida, por cierto, en sendas reseñas aquí mismo, en Rescepto.

  3. Okis, :P

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: