El triunfo de César

En 1991, Steven Saylor, que hasta la fecha solo había publicado (bajo seudónimo) ficción erótica gay, inauguró con «Sangre romana» una de las series históricas más reconocidas de los últimos años, la de Gordiano el Sabueso o de Roma Sub Rosa. Aquella novela, mezcla de novela negra e histórica, se centraba en las investigaciones en torno al primer gran caso de Cicerón (Pro Roscio Amerino), durante el año 80 a.C.

A esta han seguido, hasta la fecha,catorce libros más (dos de ellos de relatos), que extienden la acción hasta el 44 a.C. por un lado y recientemente, a lo largo de tres preculas, desde el 92 a.C., con una orientación cada vez más histórica, aunque sin renunciar del todo al enfoque proto-detectivesco. Así, Gordiano es testigo de los convulsos tiempos de descomposición de la antigua República Romana, trabajando a la sombra de los poderosos, como Cicerón, Pompeyo o el propio César (o las poderosas, como Fulvia, Clodia y Calpurnia).

En 2008 Steven Saylor publicó el duodécimo libro de la serie, «El triunfo de César» («The triumph of Caesar»), que es también la segunda más «moderna» de las aventuras de Gordiano, cuando este cuenta ya con sesenta y cuatro años de edad y se encuentra prácticamente retirado de la actividad pública.

Tras el regreso de Gordiano y su mujer, Bethesda, de Alejandría (donde ha sido testigo de los juegos de poder de César, Cleopatra y el joven faraón Ptolomeo), Gordiano es contratado por Calpurnia, la esposa de César, para investigar una supuesta trama contra la vida del gran hombre. Reticente al principio (entre otras razones, porque el chivatazo proviene de un arúspice etruscto), Gordiano acaba implicándose al saber que la investigación ha llevado a la muerte a un amigo suyo, Jerónimo, el Chivo Expiatorio (al que conoció en «El cerco de Massilia»).

Acaba de terminar la guerra civil contra Pompeyo y el resto de la facción conservadora, y un César invicto se apresta a celebrar cuatro triunfos seguidos: el muy retrasado por su conquista de las Galias (totalmente justificado según la tradición romana), por su intervención en la sucesión de Egipto (totalmente injustificado, toda vez que Roma perdió tras los acuerdos con Cleopatra territorio), por su derrota de Farnaces en Asia Menor (donde en realidad Roma no conquistó nuevo territorio, sino que se limitó a recuperar una provincia que el rey del Ponto se había anexionado aprovechando los problemas internos de Roma) y finalmente por su derrota de Catón el Joven y el resto de opositores supervivientes a Pompeyo en África (lo cual se consideró de muy poco gusto, pues conmemoraba la matanza de romanos por romanos, aunque lo intentara disfrazar como una derrota del rey Juba de Numidia). Al final de estos festejos, además, inauguraría un templo a su «antepasada» Venus y presentaría su reforma del calendario tradicional, imponiendo el juliano (que siguió vigente por más de milenio y medio).

Si me he detenido tanto en el trasfondo de la novela es porque, básicamente, eso es todo lo que ofrece. La trama es poco más que una excusa para que Gordiano, a lo largo de los diez días que ocupan los triunfos, vaya entrevistándose con distintas personalidades (Calpurnia, Marco Antonio, Cicerón, Cleopatra y su derrotada hermana Arsínoe, Vercingétorix o el joven Octavio (futuro emperador Augusto), midiendo el clima político en una Roma profundamente alterada por los recientes acontecimientos, en los que el poder de Julio César es absolutamente incontestable y ya se empieza a hablar, veladamente, de sus aspiraciones a erigirse en Rey (el senado, que ha llenado con simpatizantes, incluso de origen galo, está a punto de declararlo dictador vitalicio).

Saylor apenas se aparta de este esquema para ofrecer el punto de vista popular con un par de dramaturgos rivales, mientras la investigación, que no es tal, porque son casi todos callejones sin salida, avanza hasta una conclusión que se ve venir desde lejos (porque tampoco es que existan muchas más opciones) y que se cierra gracias a una pista de dudosa credibilidad (ya que hubiera exigido de Jerónimo poderes poco menos que precognitivos).

«El triunfo de César» se percibe quizás una novela tan vieja y cansada como el propio Gordiano. Existe un sublectura sobre la percepción que se tenía de César en ese momento, reflejada en la ambivalencia de Gordiano respecto a la idea de que intenten matarlo. Todos sabemos, sin embargo, dónde desembocó todo aquello apenas año y medio después, así que las especulaciones de Gordiano y su hija Diana al respecto se antojan un poco… redundantes. Vamos, que no tengo muy claro cuál es el objetivo último de la novela, aparte de literaturizar ligeramente el episodio de los triunfos (se da, además, la casualidad de que lo tenía muy fresco, porque acababa de ver un documental al respecto).

Esta entrega se encuentra lejos de los mejores títulos de la serie (entre los que he leído, yo destacaría «Asesinato en la Vía Apia» y, sobre todo, «El enigma Catilina»), aunque Steven Saylor sigue teniendo muy buena mano para acercarnos (y con ello humanizar) personajes poco menos que míticos, que se nos presentan así con sus virtudes y flaquezas, como protagonistas vivos de una historia en proceso de ser escrita, más allá de las por necesidad limitadas (y a menudo parciales) perspectivas de los historiadores (en este caso, sobre todo, Dion Casio, Plinio el Viejo, Plutarco y Suetonio). Lástima que todas las semblanzas, sin excepción, pequen de una cierta superficialidad, que nos deja casi invariablemente con la miel en los labios y deseosos de saber más.

La serie de Roma Sub Rosa se completó, quizás, en 2018 con «El trono de César», toda una década después de la aparición de «El triunfo de César», que parecía ser el prólogo perfecto para ella al narrar un episodio casi inmediatamente anterior a aquellos fatídicos idus de marzo. Este lapso inusualmente largo (que Steven Saylor rellenó con las tres precuelas del joven Gordiano), tal vez sea indicativo de que necesitaba reunir fuerzas y reenfocar la historia antes de finiquitar cuando menos la subserie dedicada a Julio César, que había iniciado en 1999 con «Cruzar el Rubicón».

~ por Sergio en diciembre 2, 2020.

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