El país de las risas

“El país de las risas” (“The land of laughs”, 1980) fue la novela de presentación del estadounidense (afincado en Viena) Jonathan Carroll, una de las principales figuras del fantástico en EE.UU., siempre en la vertiente etiquetada como baja fantasía, es decir, aquélla en que el elemento fantástico se presenta en un entorno por lo demás realista. Dependiendo de factores bastante vagos (siendo quizás el principal la predisposición del catalogador a considerar serio o no el esfuerzo literario), este tipo de enfoque puede recibir también la denominación de realismo mágico, slipstream o literatura surrealista, y por lo general se considera que evolutivamente debe más al posmodernismo que a la tradición fantástica (lo cual no deja de ser una forma de minusvalorar a esta última, al tiempo que se valoran positivamente elementos que le son propios).

Pais_Risas

La novela presenta una historia contemporánea, en la que Thomas Abbey, un profesor de inglés, hijo de una famosa estrella cinematográfica ya fallecida, persigue una obsesión, la que tiene con respecto a Marshall France, un escritor de libros infantiles ilustrados (en la línea de Roald Dahl o el Dr. Seuss). Thomas se encuentra en una encrucijada vital cuando un encuentro fortuito en una librería con un tomo que no posee de su autor favorito, así como con Saxony, una chica que comparte su obsesión (y que en principio pugna con él por el libro) le confiere un nuevo propósito: escribir una biografía de France.

Tras un tira y afloja inicial, Thomas y Saxony acaban unidos por su interés común y embarcados en el proyecto que les lleva a la postre a Galen, la población donde residió Marshall France tras huir del nazismo en Europa. Allí deberán convencer a su hija y heredera, Anna, de que son las personas ideales para abordar esa biografía a la que siempre se había opuesto.

The-Land-of-Laughs

Además del extraño trato de Anna (por que la Thomas se siente físicamente atraído), pronto empiezan a ocurrir cosas raras (aunque en un principio tan sutiles que, verdaderamente, sólo se puede hablar de la intromisión de elementos fantásticos cuando la novela ya va por sus buenos dos tercios, e incluso entonces se lo toma todo con mucha calma). La relación entre Marshall France y su pueblo va cobrando tites inquietantes, a medida que Thomas se enfrenta tanto a la dificultad de su tarea como biógrafo como a las crecientes tensiones en sus relaciones personales.

Y hasta aquí puedo contar sin revelar más de la cuenta.

“El país de las risas” (el título de la historia de France favorita de Thomas) es una novela que ha sido descrita como de fantasía costumbrista (para ser urbana Galen debería tener una población como un centenar de veces mayor), aunque los acontecimientos extraños también podrían ser explicados como producto de la mente del narrador (el propio Thomas).

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A decir verdad, la clasificación como “realismo mágico” tampoco le sería demasiado ajena, aunque presenta características diferenciadoras con respecto al hispanoamericano, quizás por influencia de la tradición fantástica estadounidense que se inició quizás con Richard Matheson (aplicada principalmente al horror) y Ray Bradbury, y que continuaron autores como Stephen King (que acercó el estilo aún más a la novela mainstream popular).

No se haya todo ello muy lejos de “El país de las risas”. Quizás aplicar la etiqueta de “terror” a la novela sería excesivo, pero desde luego produce inquietud (mal rollito, para entendernos), y al igual que con buena parte de la obra de Stephen King (uno de los principales defensores del autor, junto con Neil Gaiman, quien ha reconocido su influencia), nos encontramos con elementos metaliterarios, que apuntan a la relación entre el escritor y su obra (doble en el caso que nos ocupa, pues tenemos como protagonista a un escritor que escribe sobre otro).

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De forma menos elogiosa, también se ha descrito a “El país de las risas” como un episodio hiperextendido de Más Allá del Límite… lo cual podría ser defendible. En los treinta y cinco años pasados desde su publicación, quizás su premisa fantástica haya perdido algo de fuerza, en especial con la (relativa) popularización de metaficciones bastante más complejas, ya no sólo en literatura, sino también en el mundo del cine.

A decir verdad, personalmente me ha resultado más interesante su plasmación de la obsesión por un escritor o una obra, perfectamente reconocible para cualquier lector compulsivo. A Jonathan Carroll se le nota más suelto exponiendo esa relación particular que con su especulación posterior sobre el proceso creativo y la relación autor/obra. La falta de suficiente experiencia real sobre el particular le obliga a especular de oídas… y eso se nota.

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No quiero dejar una impresión falsa. He devorado “El país de las risas” en tres días. Supone una lectura agradable y lo suficientemente intrigante para obligarte a avanzar capítulo tras capítulo sin detenerte para nada, pero esperaba algo más. Para cuando irrumpe lo fantástico y trastoca los esquemas (la principal función de la fantasía en este tipo de obras), apenas queda tiempo para profundizar en nada (y mira que podría haberse explayado en sus reflexiones sobre el libre albedrío, el miedo a la muerte o el “despotismo” del autor para con sus creaciones).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en enero 2, 2015.

7 comentarios to “El país de las risas”

  1. A mí me pareció un libro magnífico, lástima que nada de lo que ha escrito posteriormente Carroll esté a la altura. Para mí es un one-hit-wonder.

    Saludos,
    Entro

    • No he leído nada más suyo (por recomendaciones, decidí empezar con éste). Eso sí, parece un autor nominable (a multitud de premios, por ejemplo, cuenta con cinco finalistas al World Fantasy Award de novela), pero casi nunca ganador (en novela, sólo un British Fantasy Award por “El museo del perro”).

      En algún momento futuro le dedicaré al menos otra lectura, aunque si el resto de su obra tiende más hacia el surrealismo como me parece…

      • “El museo del perro” es un buen ejemplo, libro ameno, con partes buenas, pero que en su conjunto no va a ninguna parte. Si no recuerdo mal, es de los menos surrealistas que tiene. En ese sentido, “El mar de madera” era más complicado de seguir.

        Saludos,
        Entro

  2. A mi juicio, ésta es su mejor novela, y sí, es la primera. A mí me atrapó, me maravilló y creo que tiene uno de los mejores finales con los que me he encontrado, absolutamente fantástico. Una joya de libro.

  3. Hola! llevo bastante tiempo buscando este libro sin resultados positivos. Me encuentro en Buenos Aires, Argentina. ¿Alguien sabe donde lo podria encontrar? Gracias, saludos

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