Los libros starianos

El éxito clamoroso de Jules Verne oscureció en buena medida el resto de la producción de ciencia ficción temprana francesa. Con el paso de los años (las décadas más bien, incluso podríamos echarle un siglo), los estudiosos locales (en reacción contra el predominio actual de la ciencia ficción anglosajona) han ido recuperando a sus pioneros, y uno de ellos fue Charlemagne-Ischir Defontenay, un médico que en 1854 publicó “Los libros starianos” (“Star ou Psi de Cassiopée: Histoire merveilleuse de l’un des mondes de l’espace”), con la mala fortuna que la otra gran figura de la ciencia ficción francesa temprana, Camille Flammarion, lo desdeñó en su libro “Les mondes imaginaries et les mondes réels”, por su falta de rigor en cuestiones astronómicas.

Libros_starianos

El caso es que “Los libros starianos” es un tipo de ciencia ficción muy diferente de la que escribió Flammarion y, por supuesto, Verne. No preocupada tanto en la rigurosidad especulativa como en emplear los recursos del género (por aquella época cabría hablar más bien de las peculiaridades de esa nueva forma de literatura) para transmitir un mensaje filosófico… que de paso se las arreglara para esquivar la censura.

Tras una breve introducción, en la que el autor imagina el modo en que llegan a sus manos unos manuscritos extraterrestres (dentro de un meteorito que cae con extraordinaria puntería en el Himalaya), la historia se traslada pronto al planeta Star, en el sistema estelar Psi de Casiopea, que describe como un sistema múltiple con cuatro soles, un planeta principal y cuatro satélites habitables (uno de los soles es a su vez satélite de Star). La primera parte del libro, la menos extensa, está dedicada a describir en detalle el paisaje alienígena de Star, con los policromáticos efectos de sus cuatro soles, su fauna y flora extraña y los hombres que lo habitan (mientras que animales y plantas son fantásticos… y bastante verosímiles, gracias a los conocimientos fisiológicos de Defontenay, los hombres son hombres, que para eso la nuestra es la forma más perfecta).

starpsi

Los siguientes capítulos están dedicados a ofrecer un repaso histórico-mítico de la vida humana en el planeta, desde las primeras civilizaciones hasta que una plaga terrible masacra (lentamente) a la población y obliga a una figura que comparte con el relato la naturaleza dual de personaje histórico y legendario inventa el ábaro, un vehículo espacial, y se lanza con su familia a un éxodo por los satélites de Star, donde refundan la civilización stariana (aunque todos los satélites tienen su propia humanidad peculiar, desde los hermafroditas de Tassul a los traslúcidos de Élier). Se trata una de historia con fuertes (y explícitas) resonancias bíblicas, que al mismo tiempo lanza de tanto en tanto puyitas que desvelan un fuerte anticlericalismo y unas inclinaciones más cercanas al humanismo que al cristianismo (o cualquier otra religión organizada).

Casi la mitad del libro está dedicada a la reconstrucción de la civilización stariana en su regreso al planeta madre, ochocientos años después de abandonarlo, cuando ya sólo sobrevive algún que otro reino degradado de repleos (una subraza inteligente, aunque a un nivel muy inferior, “domesticada” originalmente por los starianos; en la que no cuesta identificar a los negros de nuestro mundo, vistos a través del filtro racista de un médico decimonónico, cuya reiterada degradación a lo largo de toda la obra constituye sin duda una grave tara desde una perspectiva contemporánea).

Star_ou_psi_cassiopee

Con la ayuda de tres longevos (hombres que por alguna razón no envejecen), los starianos crean casi desde cero una nueva organización social, que asume la forma de una utopía, en la que por ejemplo la religión se ve sustituida por el culto a la dignidad del hombre (con la categoría sacerdotal reservada a médicos y maestros) y la ley se fundamenta en sólo tres principios: Independencia de cada uno respecto a los demás, Limitación de la propiedad (del suelo) y el dolor causado voluntariamente es una impiedad y la guerra un sacrilegio.

Defontenay añadió a esto un principio moral basado en la búsqueda de la felicidad y la realización personal a través del estudio y las artes (cabe señalar que su padre fue un agricultor que se empeñó en otorgar educación a sus hijos, lo que en él fructificó en la obtención de una de las titulaciones más elitistas de la época), completando así el trípode sobre el que se fundamenta su estado ideal, que a falta de encontrarlo en la Tierra lo imagino lejos, entre las estrellas, concluyendo con la siguiente frase que resume a la perfección las intenciones de la obra:

Ojalá que los relatos de otro mundo puedan hacernos olvidar, por un instante, las miserias del nuestro.

star of psi cassiopea

Pese a esta intencionalidad, “Los libros starianos” no se dejan atrapar por la trampa de una alegorización excesiva. Los episodios descriptivos son de un exotismo deslumbrante, y los históricos presentan una enorme fuerza dramática (en particular cuando entran en acción las hordas fanáticas dispuestas a “suicidar” a todo el mundo antes de que la plaga tenga la posibilidad de hacer su trabajo). Incluso cuando entra ya de lleno en el discurso político, tiene el buen tino de aligerar de tanto en tanto la narración con la inclusión de narraciones paralelas a modo de ejemplo práctico de la organización social, que asumen la forma tanto de prosa como de teatro, en pequeñas piezas de un acto (el mismo año 1854 Defontenay publicó cuatro obras de teatro bajo el título “Etudes dramatiques”) o incluso de poesía stariana.

Muy poco después de la publicación de “Los libros starianos”, Defontenay enfermó de cáncer y murió en 1856, sin haber llegado a dar continuidad a su obra. En 1863 Verne publicó el primero de sus Viajes Extraordinarios, “Cinco semanas en globo”, y C. I. Defontenay fue hundiéndose poco a poco en el olvido hasta que fue recuperado y reeditado en 1972 en Francia, y traducido a varios idiomas, incluido el español en 1977, por la editorial argentina Andrómeda.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en agosto 2, 2014.

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