Weird West

El pasado viernes 18 se falló públicamente la VIII edición de los premios Pascual Enguídanos patrocinados por el Ayuntamiento de Llíria, resultando yo ganador por segunda vez (tras la edición de 2018) con el relato «Piel de coyote». En esta ocasión, después de haber triunfado con la ciencia ficción de «161,62» (que podéis encontrar en «La disonancia de las esferas«), quise homenajear a Don Pascual probando otro de los géneros que cultivó en su prolífica carrera como autor de bolsilibros: el western, un subgénero que ciertamente no pasa por su momento de mayor popularidad, aunque como todos los clásicos, se resiste a morir y no deja de reinventarse.

yenaldooshi

La cabra, sin embargo, tira al monte, y aunque empecé a plantearlo desde la más estricta óptica histórica (ambientándolo, eso sí, en el «oeste» del imperio español, a finales del siglo XVIII), pronto se infiltró en la trama el elemento fantástico (los caminantes de pieles o yenaldooshis de la cultura navajo), por lo que acabé escribiendo un cuento de Weird West.

¿Pero qué es el «Weird West»? Pues se trata de un género híbrido, que surge de combinar los tópicos de las historias del oeste con elementos propios de los géneros fantásticos (sobre todo terror, pero también ciencia ficción o fantasía). 

Se considera que el primer cuento clasificable como de Weird West surgió de la pluma del gran maestro de lo que por entonces se conocía precisamente como género Weird (y que hoy llamaríamos más bien «fantasía oscura»): Robert E. Howard. El relato en cuestión, «The horror from the mound» (1932), nos presenta a un vaquero retirado que, movido por la codicia, perturba contra el buen consejo de su vecino mejicano un antiguo túmulo indio lindante con sus tierras, liberando al ser terrible que allí estaba encerrado. La siguiente obra notable de este género naciente es «Spud & Cochise», de Oliver La Farge, publicada en una revista generalista (La Farge era un reputado escritor de westerns) en 1937. Aquí, más que horror, el elemento weird se manifiesta a través de la plasmación fantástica de la cosmovisión india, mientras los personajes titulares (un vaquero y un jefe indio) se conjuran para detener a un forajido legendario.

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Pese a estos inicios literarios prometedores, lo cierto es que el auténtico desarrollo del género se daría en el mundo del cómic (a donde migraron muchos autores pulp durante la edad de plata), en series como la de Kid Colt (a partird e 1948) o Rawhide Kid (desde 1955), aunque el auténtico despegue llegaría con el debut en 1972 de un serial de DC que entremezclaba una ambientación del oeste con el renacimiento del horror, exportando a los áridos paisajes americanos iconos como vampiros, hombres lobos o fantasmas (algo que, de hecho, ya llevaba haciendo el cine, en productos de serie B, desde mediados de los sesenta). Esta cabecera, que estuvo en activo durante nueve años, fue además la que bautizó el género, pues se trataba de Weird Western Tales (nacida como evolución de All-Star Western), que durante sus primeros treinta y ocho números (de setenta) estuvo protagonizada por el cazarrecompensas Jonah Hex (que luego pasaría a dar nombre a su propia serie que duró noventa y dos números (tras varias miniseries, regresó en 2005 por otros setenta números (libre ya de cualquier restricción impuesta por el por entonces abandonado Comic Code). Otros personajes de Weird West del mundo del cómic podrían ser el Jinete Fantasma o, más recientemente, Predicador.

En los ochenta, cierto renacer nostálgico del pulp trajo irónicamente «de vuelta» el Weird West (que, en realidad, nunca antes había sido literariamente prominente), de la mano de autores como Joe R. Lansdale («Texas night riders», 1983; «Dead in the west», 1986) o Louis L’Amour («Haunted mesa», 1987), e incluso se elevó la calidad y ambiciones de las películas que podrían adscribirse al subgénero, como «El jinete pálido» (Clint Eastwood, 1985).

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Desde entonces, el Weird West no ha dejado de poblarse de monstruos, zombis, chamanes e incluso alienígenas, sobre todo con la fusión extrema entre géneros que se verificó en los años noventa y que rompió, o cuando menos difuminó, muchas barreras… entre ellas las del tiempo y el espacio, porque los temas y motivos del subgénero se expandieron por historias contemporáneas pero con un toque de western e incluso por mundos diferentes al nuestro en el que, sin embargo, se reflejan los motivos (el universo Star Wars), personajes (Roland Deschain, el pistolero de Stephen King, de quien recomendaría especialmente «Mago y cristal», la cuarta entrega de la Torre Oscura) o clichés de la ficción del oeste («Tierras rojas», de Joe Abercrombie, 2012; o la segunda era de Nacidos en la Bruma de Brandon Sanderson o de Wax y Wayne, iniciada en 2011 con «Aleación de ley«).

De todo ello, sin embargo, tan solo una fracción llega hasta nuestras tiendas, porque por alguna razón no parece perfectamente exportable. Solo cuando una de estas historias alcanza suficiente notoriedad como para aparecer como ganadora o finalista de algún gran premio tiene alguna posibilidad. Es el caso, por ejemplo, de «Boneshaker«, de Cherie Priest (2010, aunque solo una de sus cuatro secuelas ha visto la luz en nuestro idioma) o la más reciente «El rastro del rayo», de Rebecca Roanhorse (2018, en un escenario futuro postapocalíptico). Inéditos han quedado (por ahora) títulos como «The buntline special», de Mike Resnick (2010, inaugurando la serie Weird West Tales), «A book of tongues» de Gemma Files (2010) o «Six-gun Snow White» de Catherynne M. Valente (2013), por mencioanr tres autores que ya han sido traducidos en alguna ocasión al español.

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Lo curioso es que el Weird West no nos es en modo alguno ajeno. Con la popularidad de los bolsilibros del oeste, era solo cuestión de tiempo que surgiera la hibridación entre ellos y el horror, con antecedentes como «Vampiros en Tolar» de Meadow Castle (Padro Castellanos Allentorn, 1955), «Rancho Drácula» de Silver Kane (Francisco González Ledesma, 1960, aunque en puridad no termina de explotar su faceta weird) o «El monstruo va al oeste», de nuevo de Meadow Castle (1965). En la «segunda generación» de autores de bolsilibros, la de Bruguera en los ochenta, encontramos si cabe más ejemplos, con títulos como «Cazadores de vampiros» de Lem Ryan (Fracisco Javier Miguel Gómez, 1983) o todas esas novelas de Donald Curtis (Juan Gallardo Muñoz) recopiladas recientemente en el volumen «Monstruos en el oeste» (siete novelas cortas, publicadas originalmente en su mayoría entre 1987 y 1988). Una relación exhaustiva se escapa, sin embargo, del propósito de este texto, así que para obtener información adicional sobre el weird western en nuestros bolsilibros (en particular por lo que se refiere a fantasmas), me remito a este artículo de La Memoria del Bolsilibro.

De hecho, el Abuelito, nos descubrió el que bien podría ser el primer héroe del Weird West del mundo, Arizona Jim, el Sheriff, obra de autores desconocidos y publicado en España a partir de 1929 por la editorial Prensa Moderna, ya se enfrentó a cultos esotéricos, supervillanos, dinosaurios e incluso alienígenas. Podéis descubrir más de este héroe hoy olvidado en El Desván del Abuelito.

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En épocas más recientes, el Weird West sigue resurgiendo (casi siempre con una intencionalidad neopulp), en la obra de autores como Luis Guallar Luján («Cara de muerto», Tyrannosaurus Books, 2014), Alberto López Aroca (bajo el pseudónimo de Norm Eldricth, en títulos como la antología «Los límites del rancho» [2009], «La rata gigante de Sumatra en el oeste» [2012] o «Cuatreros de Venus» [2013]), Miguel Puente Molins («El ángel exterminador», 2011), Miguel Babiano («El enviado», 2Cabezas, 2021), Jaume Vicent («La mano del muerto», Pulpture, 2018), Paulo César Ramírez Villaseñor («Reward», NeoNauta, 2014), Luis Emilio Hernández Agüe («Praderas malditas», Esqueleto Negro, 2022) o Antonio Santos (con su personaja Joe Horseman, protagonista de la serie de «La roca Tarpeya»), además de proyectos antológicos, como el número cuatro del fanzine PULPo a la Malagueña (2022) o la serie de DLorean Weird West (que llegó a cuatro números, entre 2014 y 2017, recuperando novelas cortas de Lem Ryan y con aportaciones de autores como Carlos Díaz Maroto, Raúl Montesdeoca, Miguel Ángel Naharro, Néstor Allende, Francisco Domínguez, Ana Morán, Luis Guillermo del Corral y Joaquín Sanjuán Blanco) o el libro de ensayo «Weird Western. Cine del oeste sin fronteras» (Appleheadteam, 2021).

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¿Goza entonces el Weird West de buena salud? Yo no diría tanto. La mayor parte de los proyectos mencionados son relativamente minoritarios, asociados en general al subgrupo de aficionados al pulp (y, por ende, al neopulp). Quizás por su propia naturaleza híbrida, está condenado a medrar en los intersticios entre géneros, alimentándose de quienes osan aventurarse en los desolados territorios periféricos, o tal vez solo espera a que la ficción del oeste recupere el favor popular de antaño para volver a crecer a su sombra.

Yo, por mi parte, ya he realizado mi pequeña aportación al género. Supongo que podría decirse que con «Piel de coyote» he grabado una muesca más en mi revólver. Ahora, a por la siguiente.

~ por Sergio en noviembre 26, 2022.

4 respuestas to “Weird West”

  1. Pues enhorabuena por el premio.
    Al respecto del Weird West (que no sabía que se llamaba así), el mismísimo Lovecraft tiene un cuento (revisión amplia más bien) titulado EL MONTÍCULO (The Mound), con un argumento no muy distinto al de Howard.
    Por la época los túmulos mesoamericanos se pusieron muy de moda porque se empezaron a excavar (tanto con fines arqueológicos como de mero expolio) los yacimientos de Spiro Mounds, en Oklahoma. Y debieron despertar mucha curiosidad y expectación al divulgarse de forma generalizada que se trataban de construcciones, en algunos casos milenarias, con fines funerarios, ergo, tétricos.
    Lo curioso de ese relato es que Lovecraft ejerció del corrector de estilo de la «autora», una tal Zealia Bishop, y entrecomillo «autora» porque el texto debía ser tan desastroso que Lovecraft lo «corrigió» por completo, a excepción del argumento base.
    En España lo editó hace años Caralt en un volumen titulado LA MUERTE CON ALAS, junto a otras muestras de la labor de Lovecraft como corrector-coautor.

    • Pues no conocía esa novela corta. Voy a tener que leerla. Por suerte, está disponible en inglés, así que en cuanto me haga con un eReader será de las primeras en la cola.

  2. Creo que según lo que leo en tu blog, Vampire Hunter D, sería un weird west aunque al ser un anime no sé si aplique este término, pero si la ves por allá te la recomiendo, y gracias por las múltiples referencias, algunas obras las anoté para la lista de lectura.

    • No estoy familiarizado con esa franquicia (aunque había oído hablar de ella, claro), pero leyendo por encima su argumento, sí que lo parece. En principio, el medio o el estilo no deberían añadir o quitar méritos. Después de todo, la etiqueta de «weird west» no es algo rígido y bien definido.

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