Brujas de arena

Recientemente se han fallado los premios Ignotus 2022, quedando como ganadora en la categoría de novela «Brujas de arena», de Marina Tena Tena, publicada por Insólita Editorial.

No es la primera novela de Marina Tena, aunque me resulta complicado detallar su obra previa, dado que se orienta preferentemente hacia la literatura juvenil, publicada a través de sellos que en general me son desconocidos (destacaría entre estos trabajos su participación en la serie «Rastreadores», de Editorial Tinturas, consistente por el momento en dos títulos). Ya en 2020 había sido coganadora del novedoso premio Ignotus al mejor libro infantil-juvenil por «No escuches a la Luna», editado a través de la plataforma Literup. Su más reciente publicación, también en Insólita, es la novela de fantasía oscura «Nos devoró la niebla».

«Brujas de arena» (2021) podría definirse como una novela de fantasía, aunque la ambientación es en realidad vagamente futurista. Nos sitúa en un futuro indeterminado, a medias distópico, a medias postapocalíptico. No llegamos a saber gran cosa del pasado. Nos encontramos con una serie de pequeñas poblaciones que sobreviven como pueden en medio de un gran desierto, inmersas todavía en un proceso de decadencia que va tornando la vida cada vez más dura, ante la escasez del agua y la progresiva transformación de las zonas de cultivo en yermos infértiles.

Como suele ser lo habitual en condiciones similares, los habitantes de estas comunidades han buscado cabezas de turco sobre las que depositar el peso de sus miserias y estas han resultado ser las de la brujas, mujeres dotadas de poderes tan extraños como variopintos, que son señaladas con temor y odio por sus vecinos y ajusticiadas en cuanto son descubiertas por alguna de las patrullas de cazadores que han consagrado sus vidas a esta tarea. El protagonista y narrador de la historia es Kilian, un joven de catorce años de Fraguas que vive solo junto con su hermana mayor, Indivar, desde que tres años atrás su padre denunciara a su madre como bruja.

Al comienzo de la novela, su dura aunque más o menos estable vida se ve alterada con la llegada de una partida de cazadores, que de algún modo parecen haber detectado los incipientes poderes de Indivar. Forzada a huir con tal de salvar la vida, Kilian se encuentra de pronto con un hogar vacío y con la animadversión de todo el pueblo, así que sin pensárselo mucho, apenas han terminado de interrogarlo los cazadores, recoge cuatro cosas y se lanza al desierto en pos de su hermana, a la que supone tras la pista del mítico santuario del desierto donde buscan refugio las brujas que logran escapar a tiempo de sus pretendidos verdugos.

«Brujas de arena» discurre, al igual que su protagonista, por la imprecisa frontera entre la novela juvenil y la adulta, bebiendo de una ambientación que evoca decididamente al western. Pero no se trata de ese western idealizado típico, por ejemplo, de John Ford, sino del sucio eurowestern de Sergio Leone, en donde encuentra cabida no tanto el heroísmo vibrante de la aventura como la más simple supervivencia de una narración crepuscular, agotada, en un escenario roto, emponzoñado por los efectos de la misoginia.

La sociedad que queda esbozada en la novela es una sociedad enferma, donde quien no es directamente culpable, sigue siendo responsable con su silencio e inacción del mantenimiento de la injusticia. Al margen de ella, las brujas han tenido que construir su propio espacio y así el viaje físico de Kilian adquiere resonancias casi iniciáticas, transformándose el desierto en una suerte de ordalía purificadora (un «papel» ciertamente tradicional). Por supuesto, en este viaje Kilian cuenta con su propia guía, Zoe, una bruja utilizada antiguamente como rastreadora por parte de una banda de cazadores que, tras liberarse, actúa a modo de enlace entre los dos mundos: el de los hombres y el de las mujeres, la sociedad enferma y el oasis en el exilio (que tampoco termina de percibirse como completo). Es ese desierto, esa región intermedia, ese limbo el que pone a prueba a Kilian, el que está a punto de matarlo y, aún más importante, el que está a punto de arrebatarle la inocencia.

En realidad, nada de lo que cuenta «Brujas de arena» resulta especialmente novedoso o profundo, y tampoco el personaje de Kilian puede considerarse como de gran complejidad (de hecho, resulta un protagonista bastante pasivo, al que en general le suceden las cosas, antes de erigirse en motor de la acción). Es pues el lenguaje el que tiene que suplementar la historia para hacerla atractiva y captar la atención del lector y lo logra con una sugerente narración en primera persona del presente, que transforma lo cotidiano en maravilloso y confiere una pátina de cotidianidad a lo maravilloso, contribuyendo así a crear esa atmósfera de transición que es la que define sobre todo la novela.

No hay respuestas al conflicto de base. No hay una solución mágica a la violencia patriarcal que predomina en Fraguas y en el resto de asentamientos de los hombres, aunque sí hay cierta resolución para los conflictos personales de Kilian. Existe, además, el desierto, el espacio vacío entre realidades donde tiene lugar la mayor parte de la acción de la novela. En ese sentido, «Brujas de arena» resulta curiosamente modesta en sus aspiraciones. No trata de cambiar la sociedad. No es algo tan trascendental lo que está en juego.

Al igual que la voz narrativa, el subtexto de la novela se centra en Kilian, en su paso de niño a adulto, en su transformación de inconsciente colaborador pasivo a… algo distinto, algo tal vez tan nuevo que su único lugar es el desierto. Ni con las brujas, ni con los hombres, un espacio virgen, libre de presiones sociales, en el que tal vez llegar a establecer (con ayuda) una vida diferente.

Otras opiniones:

~ por Sergio en noviembre 2, 2022.

2 respuestas to “Brujas de arena”

  1. Que esta novela haya ganado el Ignotus dice mucho de como esta el fantastico espanyol

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