Connerland

Desgraciadamente Voss, Voss Van Conner, ha muerto.

La culpa ha sido de un secador de pelo. Después de la ducha de la mañana se ha mirado al espejo, ha apuntado a su reflejo con él y ZAP, ¡Estás muerto, marciano! Lo siguiente que sabe es que se encuentra en una gran sala de espera, con el pelo mojado, desgradablemente aplastado contra su cráneo, y una toalla de baño enrollada en torno a la cintura por toda vestimenta. Su primera hipótesis es que por fin lo han abducido los extraterrestres. Por eso guarda siempre una maleta bajo la cama, llena hasta los topes de su marca preferida de champú. La realidad sin embargo es que ahora está muerto. Podrá ser una jirafa muy famosa, pero está muerto.

Una desgracia. Sobre todo porque Voss, tras ciento diecisiete novelas, todas y cada una de ellas ignoradas por la crítica y un fracaso comercial, estaba a punto de hacerse de ORO, porque por fin Chick, Chicken Kiev, el inútil de su representante, había conseguido una entrevista con Ghostie, Ghostie Backs, un editor estrella, capaz de convertir en una superventas al escritor (o escritora) más mediocre. Todo ello no le importa al principio mucho a Lana, Lana Grietzler, la recién estrenada viuda de Van Conner, que ya no podrá decirle que le DEJA. Ahora permanecerá por siempre unida a su ex marido (por causa de muerte) y ni siquiera un yate y mucho sexo marinero la compensará de ese destino.

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Por suerte para todos, alguien ahí arriba (no, repito, no en el Criadero de Pavos), tiene en alta estima a Voss, así que Denver, solo Denver, le ofrece volver a la Tierra a concluir sus asuntos pendientes. Aunque está muerto, así que necesitará una representante de fantasmas y la elegida resulta ser Miranda, Miranda Sherikov, azafata de Aerolíneas Timequake (más que una azafata, ¡una AZAFATA MANDERLAN!), quien por suerte contará con la ayuda del manual para MÉDIUMS de Priscilla, Priscilla Ames, por cortesía de War World 24 Enterprises.

Estos son solo algunos de los desarrollos y personajes de «Connerland» (2017), la quinta novela de Laura Fernández, una sátira postmoderna que gira en torno a la vida (muerte) de un escritor de novelas pulp de ciencia ficción, que si bien cuenta con su propio club de fans (compuesto por seis… o siete miembros, entre los que se producen enconadas batallas por la presidencia) e incluso con un lector obsesivo, que ha comprado más de doscientos ejemplares de su primera novela, «Excursión a Delmak-O» (unas vacaciones espaciales malogradas por no contar con folletos actualizados que indiquen el pequeño problema surgido con los edificios vivientes en el tal Delmak-O), podría tildarse sin problemas de fracasado (¡Nada que la muerte no pueda arreglar!).

Laura Fernández no esconde en absoluto sus referentes. Voss Van Conner es en parte un trasunto de Philip, Philip K. Dick, con novelas como «Si no existiera Perky Pat», sobre un dinosaurio oficinista que un día se cansa de todo y decide convertirse en detective privado (Perky Pat proviene de un cuento de Dick de 1963, reutilizado en la trama de «Los tres estigmas de Palmer Eldritch«). También es reflejo de otro escritor, ficticio: Kilgore, Kilgore Trout, personaje aparecido en varias novelas de Kurt, Kurt Vonnegut Jr., que es de hecho el referente principal en cuanto a estilo y modelo del humor surrealista que impregna «Connerland» (las referencias más o menos explícitas a sus novelas son, además, las más abundantes).

Hay, sin embargo, una diferencia bastante crucial. Vonnegut satirizaba su época y a sus compatriotas. Se podría aducir que «Connerland» trata sobre las veleidades del éxito literario, sobre esa fama que solo se alcanza después de muertos (y de un modo más amplio, sobre la necesidad de los autores de ser leídos, o sobre la conveniencia de celebrar los fracasos que son casi éxitos), pero el contexto elegido, una suerte de años sesenta en unos EE.UU. donde existe una ciudad apropiadamente bautizada como Bromma, no ayuda a establecer la necesaria conexión con un lector español contemporáneo.

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Nuestra «industria» literaria tiene aún menos que ver con la ficticia que la americana. Aquí el fracaso no consiste en escribir ciento diecisiete novelas apenas leídas, sino dos o tres con tiradas que no permitirían a ningún fan acaparar doscientos ejemplares. Hay una desconexión entre la realidad y la sátira, de modo que «Connerland» acaba leyéndose no tanto como tal, sino a modo de homenaje a la obra de Vonnegut y a la figura de tragicómica de Philip K. Dick. Requiere, por tanto, cierto conocimiento de ambos para sacarle todo el partido (los cameos estelares como el de Lewis Carroll quedan ya como huevos de Pascua), lo que posiblemente limite el interés de la novela.

Si a esto le añadimos cierta tendencia a sobreextender y repetir en exceso las bromas, la lectura de «Connerland» se vuelve un poco frustrante. Después de todo, las novelas de Dick y Vonnegut solían ser de la mitad de su longitud, lo que les confería un ritmo mucho más vivo (sin restarles un ápice de locura).

Ello no es óbice para que la novela de Laura Fernández no resulte fascinante y, a ratos, desternillante. Algunos de los hallazgos narrativos de «Connerland» son geniales y posee algo muy difícil de lograr: un estilo propio e identificativo (no me acaban de convencer las onomatopeyas intercaladas, pero bueno, eso es una mera cuestión de gustos). En ese sentido, sí que tenemos una obra personal y arriesgada, que supone un hito singular dentro del panorama de la ciencia ficción española.

Antes de concluir, quisiera introducir a otro autor: Theodore, Theodore Sturgeon. Él fue el modelo sobre el que Kurt Vonnegut creó su Kilgore Trout. Al contrario que con Dick, tras su muerte su fama, lejos de acrecentarse, ha ido apagándose poco a poco. En parte, podría deberse a que se «rindió». Tras 1961, ya no volvió a publicar ninguna novela, al contrario que Dick, que siguió incasable produciendo «fracaso» tras «fracaso» (fracaso al estilo americano, claro, del que te permite, a duras penas pero te lo permite, seguir pagando las facturas).

Aldemos pues las copas por todos los escritores fracasados. A ver si con suerte nos topamos con nuestro Ghostie Backs antes de diñarla (porque dudo mucho que Denver nos considere jirafas siquiera moderadamente famosas).

Otras opiniones:

~ por Sergio en octubre 5, 2022.

Una respuesta to “Connerland”

  1. La verdad me pareció ameno y divertido, coincido en las onomatopeyas, pero la trama y resolucion son oniricamente encantadotras. Gracias por conpartir.

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