El único indio bueno

Stephen Graham Jones es un escritor nativo americano, perteneciente a la Nación Pies Negros y profesor de inglés en la Universidad de Colorado Boulder. Aunque viene publicando desde el 2000, empleando a menudo elementos propios de la literatura fantástica, ha sido durante la última década que se ha venido forjando una reputación dentro del género de terror (sobre todo entre los votantes del Bram Stoker y el Shirley Jackson) y fue con la novela que nos ocupa, «El único indio bueno» («The only good indians», 2020), que realmente alcanzó un público más amplio, obteniendo diversos premios y nominaciones.

Como casi toda su obra, «El único indio bueno», despojada de los aderezos, versa principalmente sobre la experiencia de ser un nativo americano en la actualidad, desde una perspectiva realista y desmitificadora, que aborda de frente los desafíos a los que se enfrentan todavía a día de hoy los pueblos indígenas, no del todo integrados en la sociedad que los conquistó y absorbió (aunque sin concederles plenos derechos hasta hace menos de cien años) y desligados también de unas tradiciones a las que es difícil aferrarse en una realidad tan diferente a la que les dio forma.

Para esto, la trama se centra en las vidas de cuatro amigos, Ricky, Lewis, Cass y Gabe, que cierta noche, en la víspera de Acción de Gracias, se adentraron ilegalmente en la zona de la reserva que es coto de caza privativo de los ancianos y provocaron una masacre en una manada de ciervos (de forma baldía, además, pues el guardia forestal acaba pillándolos y han de dejar atrás toda la carne y renunciar para siempre a cazar). Lo que no saben en ese momento es que han cometido inadvertidamente un sacrilegio y se han hecho acreedores de la venganza de una mujer ciervo (una critaura de la mitología nativa americana… aunque no perteneciente a la tradición oral de los Pies Negros).

La novela se subdivide en cuatro segmentos relativamente independientes. El primero y más breve muestra la suerte que corre Ricky, el primero de los amigos en intentar abandonar la reserva, linchado por un grupo de camioneros en un bar de carretera debido a un malentendido (propiciado por un ciervo). Resulta poco más que un prólogo, que se limita a establecer un tono pesimista para la obra.

Sigue la historia de Lewis, quien diez años después de la infausta cazería está viviendo fuera de la reserva junto con su mujer, un chica blanca, e incluso ha encontrado trabajo como cartero, aunque el dinero que cobran entre los dos apenas les da para ir tirando. Esta es la historia que menos me ha gustado y, de hecho, ha estado a punto de echar a perder para mí la novela. El autor toma elementos propios de las historias de casas encantadas, añadiendo el elemento de la cierva muerta como desencadenante de una suerte de psicosis en Lewis, quien por alguna razón parece no poder parar de recordar, tantos años después, aquel episodio aciago.

El segmento se me ha antojado no solo inconexo (hay cierta tendencia en este tipo de historias a romper con la lógica, algo que no me produce tanto horror como desconcierto), sino un poco burdo en la forma en que presenta la problemática india (en este caso, el indio que está intentando distanciarse de su pasado e integrarse en el mundo exterior a la reserva, para acabar siendo atrapado por su pasado y la carga de su etnia). El desarrollo de todo esto, sin embargo, se me ha antojado excesivamente forzado, como si el autor hubiera encontrado dificultades para transmitir su mensaje sin caer en la trampa de hacerlo excesivamente explícito.

Por suerte, en los dos últimos segmentos la novela endereza por completo el rumbo, al regresar al escenario cerrado de la reserva, donde los dos últimos amigos, Gabe y Cass, sobreviven enfrentados a los problemas típicos de la mayor parte de la población nativa: desempleo, alcoholismo, pobreza, depresión… Argumentalmente, la excusa narrativa gira en torno a una sudada, una ceremonia tradicional que van a realizar para honrar a sus amigos muertos. En estas, el espíritu de la mujer ciervo ya ha ido cobrando consistencia física, aunque su venganza va desplegándose con sutileza, buscando más explotar las debilidades de sus objetivos que enfrentarse a ellos directamente.

Pese a la visión pesimista que impregna buena parte de la novela, la cuarta parte nos muestra un rayo de esperanza al final de todo, un camino metafórico para escapar verdaderamente de la reserva y el destino al que parecen irremediablemente abocados todos los indios. Esta esperanza está encarnada en Denorah, la hija de Gabe (aunque la madre se divorció de él y se ha vuelto a casar), que a sus dieciséis años es una firme promesa del baloncesto y que a la postre será la única que conseguirá enfrentarse cara a cara (uno contra uno) con la mujer ciervo.

En las mejores novelas de terror el antagonista, la fuerza destructiva, no es tanto una amenaza directa como el catalizador de conflictos internos y «El único indio bueno» es un ejemplo de esto. Cabe mencionar también que, pese a existir racismo y discriminación más o menos evidentes a lo largo de la trama, Stephen Graham Jones está interesado sobre todo en las consecuencias para con los Pies Negros protagonistas, atrapados en un círculo de miseria que se retroalimenta, sin necesidad real de factores externos. Tal vez en ese sentido es acertada la naturaleza casi totalmente aleatoria, a grandes rasgos inmerecida y, sobre todo, desproporcionada que sufren los cuatro amigos. No es tanto por algo que han hecho como por algo que son.

El problema es que, pese a que puedo entender esto desde una perspectiva racionalizadora, no termino de sentir una conexión emocional con la historia. Nunca he llevado bien la aleatoriedad y aunque entiendo que esa es una característica crucial en un relato que no busca tanto culpables como aboga (incluso literalmente al final) por romper con el pasado y buscar un futuro libre de cargas ancestrales, es una elección narrativa con la que me cuesta empatizar.

Sea como sea, «El único indio bueno» le valió a Stephen Graham Jones su tercer premio Bram Stoker (el primero en la categoría de novela, algo que ha repetido un año después con «My heart is a chainsaw»). Del mismo modo, cosechó en el otro gran permio especializado, el Shirley Jackson, y ha sido finalista del British Fantasy de Terror, quedando además finalista del Locus de terror (por detrás en ambos casos de «Gótico», de Silvia Moreno Garcia). Estas dos novelas fueron también finalistas del World Fantasy Award, cosechado por Alaya Down Johnson por «Trouble de saints».

Otras opiniones:

~ por Sergio en agosto 30, 2022.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

 
A %d blogueros les gusta esto: