Protector

El primer cuento de Larry Niven es de 1964 y su primera novela, «El mundo de los ptavvs», de 1966. Generacionalmente, le hubiera correspondido participar en la New Wave estadounidense. Pronto, sin embargo, fue evidente que sus intereses se movían por derroteros muy diferentes. Más cercanos, de hecho al viejo hard de la edad de oro (un hard que presta bastante atención a la física, aunque Niven no es físico y eso se nota a veces, y básicamente se pasa por el forro la biología… pese a lo cual, se empeña en volver una y otra vez sobre conceptos evolutivos que no entiende en absoluto).

Su principal escenario, que con el tiempo devendría en un universo compartido, es el del Espacio Conocido, que empezó a desarrollar en sus cuentos de los años sesenta (como «Estrella de neutrones», su primer premio Hugo) y acabaría englobando más de la mitad de sus novelas de los años sesenta y setenta. Esta última década marca posiblemente su momento más dulce (que podemos ampliar un lustro antes y después, entre 1965 y 1985, para delimitar su período de mayor relevancia).

Su fama, por supuesto, se disparó con la publicación de «Mundo Anillo» en 1970, erigiéndose con ella en cierta forma como el portaestandarte del viejo Sentido de la Maravilla (lo suficientemente modernizado para no chocar en demasía con los nuevos estándares literarios imperantes, aunque no se puede afirmar que el estilo de Niven sea muy refinado). En 1975 publicó la antología «Cuentos del Espacio Conocido» y en 1979 la primera de las secuelas de Mundo Anillo (para abordar el problemilla de la inestabilidad de la estructura): «Ingenieros de Mundo Anillo«. La otra gran piedra pivotal del Espacio Conocido es una novela de 1974: «Protector».

«Protector» parte en realidad de una novela corta anterior (de 1967), titulada originalmente «The adults» y rebautizada en el libro como «Phssthpok». En ella se nos presenta la raza alienígena de los pak y su peculiar ciclo vital, que implica tres formas bien diferenciadas: la infantil, la reproductora y la protectora. La historia versa sobre el protector pak del título quien, tras un viaje de treinta y dos mil años a bordo de un estatorreactor bussard, llega al Sistema Solar para descubrir lo que ocurrió con una expedición de los suyos dos millones y medio de años atrás.

Tras introducirnos al escenario, en un siglo XXIV políticamente dividido entre los habitantes de la Tierra (terrafirmios) y los del Cinturón de Asteroides (cinturonios; un modelo que replicarían años más tarde Daniel Abraham y Ty Franck en al serie de The Expanse), conoceremos a los principales personajes humanos de esta sección: el primer portavoz del Cinturón, Nick Sohl (a quien más tarde se unirá el superanciano Lucas Garner) y el contrabandista cinturonio Brennan, quien acabará protagonizando el primer encuentro con un alienígena (o «extraño», según la terminología de la novela).

En teoría, Niven deseaba abordar el misterio evolutivo de la senescencia (o deterioro producido tras la fase reproductiva). El problema es que sus conocimientos de biología son nulos y como ha demostrado en numerosas ocasiones (por ejemplo con «La Paja en el Ojo de Dios»), no entiende los más simples conceptos evolutivos. Incluso teniendo en consideración el estado de los conocimientos filogénicos de hace casi cincuenta años (cuando la genética estaba en mantillas), se hace difícil de tragar su solución. Sin entrar en demasiados detalles, por entonces ya se hablaba desde hacía décadas de primates mucho más antiguos que el Homo habilis, como el Proconsul o el Gigantopithecus (e irónicamente, ese mismo 1974 se encontró el esqueleto de Lucy, la primera Australopithecus, aunque no fue aceptada por la comunidad científica hasta 1978).

A todo ello se le añade que en esta parte la gestión de la información es terrible. Niven se dedica a contemporizar, saltando entre los distintos personajes, para acabar exponiendo toda la tesis de sopetón y cerrar un poco en falso). Sin embargo, la segunda parte, «Vandervecken», con un cambio de protagonismo (ahora seguimos principalmente a Roy Truesdale, un terrestre al que le han robado cuatro meses de vida) y un salto de unos doscientos años en futuro, una vez aceptada a regañadientes la premisa, me ha sorprendido, porque parece una novela totalmente diferente. A Niven (en solitario) le echo en cara que a menudo parece ser un escritor frustrado de fantasía, que aprovecha sus escenarios exóticos para contar un viaje fantástico. Ocurre eso en las novelas de Mundo Anillo y también, por ejemplo, en otros títulos como «Los árboles integrales» (1984).

En «Protector», empero, se desmelena y tira por una space opera hard que nada tiene que envidiar en pirotecnia a las grandes batallas de E. E. Doc Smith unas décadas antes, pero echando mano de una física más o menos plausible (la verdad es que no soy capaz de juzgar cabalmente este extremo porque me da la impresión de que el traductor andaba más perdido que un pak reproductor en un centro comercial).
Es justo el tipo de ciencia ficción osada en lo especulativo y ambiciosa en el escenario (espaciotemporal) que grita a pleno pulmón «sentido de la maravilla». Luego llega la conclusión… y logra tirar por tierra todo el buen trabajo con un cierre apresurado que desmerece todo lo anterior y parece pedir a gritos una secuela que por alguna razón nunca llegó a escribirse.

En conjunto, no sé muy bien qué pensar de «Protector». Por un lado, tiene momentos realmente logrados y logra hacer excitante una batalla espacial librada a distancias que exceden los meses luz y en intervalos temporales que se miden por años. Por otro, tenemos esa premisa inasumible (y mal implementada) y una conclusión decepcionante. El ejemplo paradigmático de sensaciones ambivalentes. Pese a todo, entiendo por qué llamó tanto la atención en su época… y también por qué a la postre no logró el premio gordo.

La ciencia ficción, tras coquetear con las ideas locas y experimentales de la New Wave, empezaba a estar madura para volver a recorrer las vastedades espaciales, armada con los recursos estilísticos implementados durante aquellos años, y eso llegaría con títulos como «Pórtico» de Frederik Pohl (1977), «Titán» de John Varley (1979) o «Navegante solar» de David Brin (1980).

«Protector» fue merecedora de nominaciones a Hugo y Locus (en un año en que irónicamente arrasó Arthur C. Clarke con la novela hard por excelencia: «Cita con Rama«; acompañadas en ambos casos por «Tiempo para amar» de Heinlein, «The people of the wind» de Poul Anderson y «The mand who folded himself» de David Gerrod).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en agosto 14, 2022.

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