Brothers of the wind

En 2017 Tad Williams dio una alegría inesperada a los fans de su serie clásica Añoranzas y Pesares con el inicio de la publicación de una supuesta trilogía secula, The Last King of Osten Ard, ambientada unos treinta años después de los acontecimientos de la original. En enero, como anticipo, publicó una breve novela puente (más bien un epílogo postergado), «The heart of what was lost«, y ya en junio dio inicio a la nueva serie con «The witchwood crown».

Todo iba según lo previsto, con la salida al mercado del segundo tomo, «Empire of grass», en 2019, cuando nos plantamos en 2021 y, como siempre ocurre con Tad Williams, supimos que el tercer volumen estaba creciendo mucho más de lo esperado y, a la postre, tendríamos otra tetralogía, con «Into the narrowdark» (prevista para julio de este año) y la conclusión en 2023 con «The Navigator’s children». A modo tal vez de disculpa, no dejó el año en blanco, sino que publicó otra novela breve (para sus estándares) que constituye una precuela a ambas series, ambientada mil años antes de los acontecimientos narrados en «El trono de huesos de dragón»: «The brothers of the wind» (el título provisional con el que se presentó, sin embargo, fue el más revelador «The shadow of things to come»).

La novela nos cuenta la historia del malhadado juramento de Ineluki, hijo de Amerasu e Iyu’unigato, líderes de la Casa de la Danza Anual de los zida’ya (shitas), y de las terribles consecuencias que su proceder deparó para con su hermano mayor, Hakatri, y, un milenio después, para todo Osten Ard.

«Brothers of the wind» es la primera de las historias de Osten Ard narrada por completo desde el punto de vista de los Nacidos en el Jardín (aunque ya «The heart of what was lost» asumía en ocasiones el punto de vista de Viyeki, maestro constructor de los hikeda’ya o nornas). El narrador, sin embargo, no es un inmortal hijo del amanecer, sino uno del océano, Pamon Kes, un tinukeda’ya (dwarrow), que actúa de forma excepcional como armígero (una suerte de escudero) de Hakatri.

Se trata de una historia clásica de orgullo y caída, que condensa en sus escasas páginas mucho de lo que amamos del mundo de Osten Ard, mostrándonoslo diez siglos antes de la guerra de las tres espadas, cuando los hombres eran todavía unos recién llegados a aquellas tierras y los inmortales, aunque ya habían iniciado tal vez su decadencia, dominaban casi todo el mundo conocido (siendo su mayor ciudad Asu’a, la ciudad de Amerasu, la Nacida en el Barco, sobre cuyos restos se construiría después Hayholt).

El desencadenante de la acción es la petición de ayuda que presentan a los zida’ya un grupo de humanos. En sus tierras, que antaño pertenecieron a una noble shita que se las cedió a su muerte para desagrado de la mayoría de lo suyos, ha irrumpido un dragón negro, que bien podría ser la gran Hidohebhi, hija de Khaerukama’o el Dorado. La bestia está causando graves destrozos entre el ganado y supone un peligro para todos los habitantes de la región. La pronta e irreflexiba promesa de Ineluki (futuro Rey de la Tormenta) de acabar con el gusano lo comprometerá junto con su hermano en una misión que solo traerá pesar a todos los implicados.

Tad Williams nos pasea a lo largo y ancho de Osten Ard, por territorios que tampoco están tan cambiados habida cuenta de los mil años que habrán de pasar hasta que volvamos a saber de ellos. Recorremos así las (mayormente) condenadas ciudades shita (ruinas casi todas ellas, en Añoranzas y Pesares, salvo Nakkiga en el norte), así como los antiguos imperios de los hombres (Nabban en su época de gloria, aunque apenas se detiene allí la narración) y lugares tan dispares como los pantanos del Wran o la misma Roca del Adiós. Tal vez, eso sí, resulta una visita demasiado fugaz. Lo que en la trilogía original nos lleva cuatro tomos generosos, aquí se ventila en muy pocas páginas, lo que, de algún modo, reduce las dimensiones del mundo.

«Brothers of the wind» realiza un trabajo razonablemente bueno construyendo la motivaciones de Ineluki; si bien, al ser el punto de vista narrativo externo a él, tampoco es que llegue a profundizar mucho. Queda mejor delineado (y supongo que será un tema central en la nueva serie) el conflicto de Pamon Kes como un tinukeda’ya supeditado por completo ya no solo a sus amos zida’ya, sino incluso a la cultura de sus amos, quedando por contra alienado de la suya propia en un proceso de asimilación identitaria que poco a poco empieza a cuestionar. Este enfoque demuestra que Tad Williams, lejos de quedarse atascado en los planteamientos de la fantasía épica de hace treinta años, ha sabido adaptarse a las corrientes más modernas (sin renunciar a su estilo). Estoy seguro de que dwarrows (y niskies) tendrán un papel relevante en los nuevos libros (que todavía no he empezado a leer, porque ya aprendí por las malas a esperar a tener la serie completa).

Pese a todo, creo que «Brothers of the wind» no termina de constituir de forma independiente una lectura plenamente satisfactoria. Tal vez sea la necesidad de homenaje (y referencialidad), que diluye un tanto la intensidad de la historia, forzada a abarcar demasiado territorio. Tal vez se que asumir un protagonismo tan directo priva a los sitha de parte de esa extrañeza y distanciamiento que los hacía tan interesantes en Añoranzas y Pesares (también, he de reconocerlo, he echado de menos las descripciones más elaboradas de Tad Williams en sus libros antiguos, lo cual puede que haya tenido algo que ver en la percepción que he tenido de estas novelitas secundarias como complementos sin verdadera entidad independiente).

En cualquier caso, siempre es un placer volver al mundo de Osten Ard y leer un nuevo libro de Tad Williams…. mientras se amplia la espera para conocer a Simon y Miriamele en su madurez y a todos los nuevos personajes que nos traerá el nuevo episodio del conflicto entre nornas y humanos cuyas simientes aquí se plantan.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en junio 11, 2022.

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