Rivers of London (Ríos de Londres)

Ben Aaronovitch comenzó su carrera como guionista de televisión, logrando que se produjeran dos de sus seriales para Doctor Who a finales de los ochenta. Con posterioridad, firmó la novelización de uno de ellos y otras cuatro novelas originales pertenecientes a la misma franquicia. En los años 90 trabajó también como guionista de la serie de ciencia ficción Jupiter Moon y en la década siguiente guionizó diversos audio dramas también franquiciados. El éxito, sin embargo, le llegó por fin en 2011, cuando publicó su primera novela completamente original: «Rivers of London» (rebautizada como «Midnight riot» para su edición en los EE.UU.).

«Rivers of London» es una fantasía urbana que bebe libremente de Harry Potter, aunque su enfoque es manifiestamente adulto. Lo cual no quiere decir en modo alguno serio. Si algo caracteriza al narrador en primera persona de la serie, el oficial de policía Peter Grant, es su humor, un humor bastante localista, porque sin duda la misma ciudad de Londres es casi un personaje más de la novela (aunque la sátira, que algo hay, queda a un nivel tan aletaorio y superficial que ese humorismo no pasa de constituir un mero aderezo… y además no parece encajar en la personalidad del progatonista, pero ya llegaré a eso).

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Como decía, Peter Grant es un oficial de policía, justo al final de su período de prueba pateando las calles. El futuro que le aguarda no es muy prometedor, ya que parece dirigido hacia una labor de oficina, cuando un encuentro con un fantasma durante un caso de asesinato lo cambia todo y lo pone en la órbita de un departamento misterioso, consistente en un único inspector jefe, que al parecer se ocupa de abordar las amenazas sobrenaturales a la paz municipal.

Por si no tuviera bastante con acostumbrarse a la idea no solo de que la magia existe, sino de que él es capaz de ejercerla (después de lo que promete ser un largo período de estudio), la ciudad se ve alterada por dos asuntos mágicos serios. Por un lado, lo que podríamos denominar una disputa jurisdiccional entre la Madre y el Padre del Támesis, los dos dioses tutelares del gran río, con sus séquitos correspondientes de hijos e hijas (los afluentes). Por otro, una serie de actos de violencia furibunda que se van desatando a lo largo de los meses, sin que haya entre ellos otra conexión aparente que una hipotética posesión, que se resuelve casi invariablemente con la muerte (muy gráfica) del implicado.

He de reconocerle algo a Aaronovitch, el que se haya apartado de la norma, que sitúa al detective sobrenatural al margen de la policía (aunque asociado a menudo a un cuerpo oficial), combinando su fantasía urbana con un procedimental policíaco (con sus facetas no tan glamurosas como rellenar informes o responder ante los superiores). Por desgracia, pronto echa por tierra todas las posibilidades, con una narración que parece construida siguiendo una plantilla, más preocupada por tocar los puntos adecuados que por hilvanarlos correctamente.

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Aaronovitch, además, presenta una característica común a mucho guionistas metidos a novelistas y es una completa aversión a la descripción. No ya de los escenarios, sino sobre todo de las acciones. Se palía en parte esta carencia con una narración en primera persona, pero aun así se le nota mucho más cómodo en los diálogos. Cuando toca describir lo que está ocurriendo, más veces de las que serían deseables la escena deviene en inconexa. Por otro lado, aunque afirmo que se le nota más suelto en la narración, eso no quiere decir que la voz narrativa de Peter Grant sea congruente con su personaje. Los comentarios ingeniosos se intercalan sin orden ni concierto, sin importar el posible dramatismo de la escena y sin dejar traslucir un ápice de ese cinismo genuino que tan necesario es en el género (parece, más bien, estar interpretando un papel).

Para terminar de rematarlo todo, los temas no casan. La trama de los ríos personificados es casi por completo independiente de la de los asesinatos, que se inspira en un obra de guiñol tradicional inglesa, de la Punch y Judy (unas marionetas de cachiporra, descendientes del personaje italiano de Pulcinella). La «investigación» apenas existe, avanzando la trama a base de crímenes aleatorios (es parte de la esencia de la obra) y revelaciones que vienen de ninguna parte.  Por añadidura, el worldbuilding queda igual de difuso, con un poco de enseñanza mágica por aquí, comentarios de pasada sobre pactos que lo organizan supuestamente todo (pero de los que no se concreta nada) y episodios completamente prescindibles como el de los vampiros.

¿Cuál es pues el atractivo de la novela? Lo cierto es que se me escapa. Tal vez lo sencilla que es de leer. Entretenimiento muy, muy ligero, que invita a no pensar mucho y dejarse llevar. Personalmente, necesito algo más para atraer mi atención, ya sean personajes interesantes (más allá de arquetipos vivientes o breves cameos inconsecuentes), relaciones significativas, un mundo mágico del que se ofrezcan atisbos congruentes o cuando menos una narración que se eleve un poco sobre el nivel de limitarse a enhebrar frases supuestamente ingeniosas. Pese a esa levedad, sin embargo, he acabado arrastrándome hasta el final (que no me ha decepcionado… en el sentido de que después de todas las presuntas investigaciones, se saca la conclusión básicamente de la manga).

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Sea como sea, lo cierto es que le ha ido muy bien a Aaronovitch. Ese mismo año 2011 publicó su secuela, «Moon over Soho» («La luna sobre el Soho»), y a día de hoy la serie de Peter Grant cuenta con ocho novelas publicadas (y una novena ya inminente), tres novelas cortas, ocho novelas gráficas (coescritas por Andrew Cartmel y dibujadas por Lee Sullivan) y varios relatos cortos (escritos originalmente por distintos motivos y recopilados finalmente en la antología «Tales from the Folly»). En 2017 la serie recibió una nominación como mejor tal en los Hugo (ganó Lois McMaster Bujold por la saga Vorkosigan).

Tras un primer intento infructuoso de Minotauro por lanzar la serie (en 2012, así que posiblemente la crisis cortó la iniciativa), Oz Editorial tomó el relevo en 2017 y desde entonces ya lleva traducidos los seis primeros títulos (la edición en que me he basado para esta reseña, sin embargo, es una en rústica inglesa).

Otras opiniones:

~ por Sergio en mayo 30, 2022.

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