Los últimos días de Nueva París

China Miéville es uno de los autores de fantasía más destacados de los primeros años del siglo XXI. Aunque sus primeras publicaciones son de 1998, saltó verdaderamente a la fama con la edición en 2000 de la primera de sus novelas de Bas-Lag, «La estación de la calle Perdido«), inscrita en una suerte de subgénero que, junto con otros escritores, etiquetó como New Weird. A partir de ahí, durante más de década y media disfrutó de un éxito considerable, que quizás tocó techo con «La ciudad y la ciudad» (2009).

A partir de 2013, sin embargo, empezó a involucrarse cada vez más en política (con un ideario fuertemente escorado a la izquierda) y su producción de ficción fue decayendo, hasta interrumpirse por completo en 2016. Su última obra publicada fue la novela corta «Los últimos días de Nueva París» («The last days of New Paris»).

La historia se ambienta principalmente en un París de 1950 ocupado todavía por los nazis y aislado del resto de Europa por la explosión en 1941 de una bomba S (Surrealista), que ha transformado la ciudad en una urbe donde proliferan las conocidas como manifs (manifestaciones) surrealistas, mientras ciudadanos atrapados, partisanos, resistencia, tropas alemanas y sus aliados (a regañadientes) demoníacos batallan todavía por el control de las calles y los barrios.

El protagonista de la historia es Thibaut, un joven de veinticuatro años, perteneciente a los Main à plume, una guerrilla surrealista (que en nuestro hilo temporal constituyó un grupo de artistas subversivos que quedó atrás cuando las principales figuras del movimiento huyeron a los EE.UU.). Desde los quince años, recorre las calles de Nueva París, combatiendo a los nazis y escapando de las manifs (materializaciones de los delirios pictóricos o literarios de los surrealistas) o, peor, de los demonios (extraídos directamente de cualquier cuadro de El Bosco). Al empezar la historia, acaba de quedarse solo, al perecer el resto de su grupo en sendas acciones, cuando tropieza con Sam, una espía americana, infiltrada en la ciudad con el propósito (o eso le dice) de registrar con su cámara lo que allí está ocurriendo.

En «Los últimos días de Nueva París» tenemos a China Miéville en modo Tim Powers a tope (más todavía que en «Kraken«). La diferencia que hay con, por ejemplo, «Declara», es que aquí no está trazando la historia mágica oculta tras un episodio histórico, sino un desarrollo paralelo (o no). Una ucronía que eleva el arte a la categoría de arma de guerra y que escenefica el enfrentamiento entre dos ideas, dos formas de pensar. Por un lado, está el espíritu revolucionario, imaginativo y transgresor del surrealismo, por otro, el aplastante utilitarismo del fascismo, cuyo pináculo será el temible (y supersecreto) proyecto Fall Rot.

Es fácil ver qué atrajo a Miéville hacia el surrealismo, que de la mano de una de sus figuras fundadoras, André Breton, pronto empezó a tomar un cáriz extremadamente político, relacionando ese tipo de arte y sus técnicas con el comunismo y adoptando, con el desarrollo de la situación en Europa, un marcado carácter antifascista (aunque no todos sus cultivadores aceptaron estas asociaciones, lo que fue produciendo diversa escisiones y expulsiones del núcleo central).

El otro elemento inspirador, mucho menos desarrollado, tiene que ver con el ocultismo, centrándose en el ingeniero de cohetes Jack Parsons, discípulo americano de Aleister Crowley (quien, por sí solo, ofrece material para escribir varios libros). Él es el protagonista más o menos central de la trama secundaria de «Los últimos días de Nueva París», que ambientada en 1941 detalla los orígenes de la bomba S y sirve así de punto de partida de la ucronía.

La imaginería surrealista, de la que Miéville hace amplio uso, sirve para ambientar perfectamente la novela y darle ese toque distintivo que la hace diferente de casi cualquier otro escenario fantástico. Eso sí, para ser una novela que celebra el surrealismo, la imaginación liberada, no puedo dejar de pensar que «Los últimos días de Nueva París» es más un collage de imágenes y conceptos preexistentes, como nos revela el apéndice que realiza un repaso por un buen número (no todos) de los referentes (curiosamente, muy poco Dalí, pues fue uno de los artistas expulsados del núcleo duro del movimiento por falta de compromiso político).

Tal vez no era necesario, pero la novela nos dice muy poco sobre el surrealismo, o incluso sobre su substrato político. El antifascismo es tan simple como incontrovertible y más allá de eso queda solo la idea del arte empleado como arma, metáfora que en la historia deviene en una cuestión absolutamente literal. Quizás más decepcionante, la escritura no está realmente a la altura. Después de todo, el movimiento empezó como un fenómeno literario y dudo que «Los últimos días de Nueva París» hubiera sido vista con muy buenos ojos por aquellos creadores revolucionarios.

No me cabe duda alguna sobre el conocimiento de Miéville acerca del surrealismo, pero es un conocimiento historicista, que no busca emular su esencia. Lo que queda es lo bastante extraño, eso sí, para que tampoco pueda hablarse de una narración típica, pero ni de lejos lo suficientemente alocado para merecer el calificativo de surrealista. En ese sentido, podría apuntar hacia otros títulos que han explorado con mayor entrega esta filosofía creativa, como «Nova express» de William S. Burroughs (1964) o, la novela que tal vez más puntos de contacto tendría a priori con «Los últimos días de Nueva París», «A cabeza descalza», de Brian Aldiss (1969), en la que el protagonista transita por una Europa que ha sido bombardeada por LSD y en la que la experimentación literaria está en consonancia con el tema tratado.

Leyendo el epílogo, en el que Miéville fabula sobre el origen de la novela, y teniendo en cuenta cómo termina esta, queda claro que debería haber sido solo la primera entrega de una serie, pues apunta a que lo narrado no constituye realmente una ucronía, sino un pasado alternativo que realmente aconteció y que, de algún modo, dio paso a nuestra realidad. El cómo sucedió tal cosa, supongo que tendrá que esperar a que el autor retorne (si lo hace) a la ficción.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en mayo 14, 2022.

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