Aleación de ley

Allá por el 2010, tras haber concluido la segunda (y penúltima) de sus novelas de La Rueda del Tiempo («Torres de medianoche») y la primera del Archivo de las Tormentas («El camino de los reyes»), Brandon Sanderson se encontró con la necesidad de escribir algo sencillo y rápido, para despejarse, sin intención inmediata de publicarlo.

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La ambientación escogida fue una suerte de secuela a su ya cerrada trilogía de Nacidos en la Bruma, fijándose en una época bastante posterior y con influencias de la literatura victoriana, el western e incluso un poco el steampunk. El resultado fue una novelita (para los estándares de Sanderson) que su editor consideró perfectamente publicable, y así surgió «Aleación de ley» («The allow of law»), lanzada en 2011 en principio como una suerte de obra puente entre trilogías ambientadas en Scandria.

Con el tiempo, sin embargo, Sanderson debió de encariñarse con los personajes, porque acabó planificando toda una trilogía adicional, que junto con «Aleación de ley» conformará la serie de Wax y Wayne o la Segunda Era de Nacidos en la Bruma. En 2015 y 2016 aparecieron «Sombras de identidad» y «Brazales de duelo» y debería estar al caer «The lost metal», la entrega final (y más extensa) de la serie. Tras esto, por supuesto, ya están en planificación las novelas de la Tercera Era.

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La historia de «Aleación de ley» se ambienta unos trescientos años después de la trilogía original, con un nivel tecnológico de finales del siglo XIX y una organización social pseudovictoriana. De buenas a primeras, constituye un desarrollo que me resulta extraño. No concibo cómo ha podido desembocar ahí, en algo tan similar a nuestro pasado, un escenario que proviene del Imperio Final (por no hablar del apocalipsis abortado in extremis en «El héroe de las eras») y en el que la magia de los metales está más o menos extendida..

Quitando de estas cuestiones, nos encontramos con una historia que tiene también resonancias del salvaje oeste, con un personaje, lord Waxillium (Wax), que fue vigilante en las tierras sin ley pero que ha vuelto a la ciudad de Elendel a hacerse cargo de su casa (una de las casas nobles menores) tras la inopinada muerte de su tío (que con sus últimas acciones y una gestión descuidada la llevó casi a la ruina).

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Los problemas con malhechores, sin embargo, no son exclusivos de las tierras salvajes. Una banda de atracadores de trenes, los Desvanecedores, están sembrando el caos en la ciudad con golpes aparentemente imposibles, y cuando suben las apuestas asaltando a los ricos en sus propias fiestas y secuestrando mujeres, Wax se ve obligado a intervenir con ayuda de Wayne, su antiguo compañero, y lady Marasi, una joven estudiante de leyes (hermanastra ilegítima de su prometida… por compromiso).

La historia no es para nada compleja. Casi resulta más una excusa para mostrar algo de acción imaginativa. El fuerte de Sanderson, por supuesto son sus sistemas de hard-magic, y el del escenario de Nacidos en la Bruma ya está muy bien establecido y apenas se amplía. De hecho, lo que hace es dar un paso atrás, eliminando del tablero los personajes superpoderosos como Vin (nacidos en la bruma capaces de quemar múltiples metales) y centrando su atención en los nacidosdobles (twinborns), que combinan un poder alomántico y uno ferruquímico (en la trilogía original nunca se daban juntos, porque la ferruquimia era una habilidad privativa de los terrisanos).

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Wax, Wayne y su principal adversario son de hecho nacidosdobles (con diferentes combinaciones y una única novedad real respecto al sistema, la posibilidad de «composición» cuando coinciden los metales alomántico y ferruquímico, lo cual potencia enormemente los efectos) y eso le ofrece a Sanderson la posibilidad de orquestar grandes escenas de acción, perfectamente congruentes con las leyes mágicas y físicas (hay básicamente tres principales). Entre medias, la novela trabaja en la personalidad de sus héroes, preparándolos para tareas mayores, porque a grandes rasgos «Aleación de ley» es una obra introductoria.

Ahí cojeta también un poco la novela, porque si la serie original suponía tanto una crítica al modelo del viaje del héroe campbelliano como una cuidadosa construcción, paso a paso, del sistema de magia de los metales, «Aleación de ley» no tiene mucho a lo que agarrarse para conseguir algo de profundidad. Hay un poco, muy poco, de crítica social, pero es algo tan incipiente que resulta casi más una promesa que un tema, y de igual modo se percibe que las distintas religiones que han surgido tras la derrota y muerte del Lord Legislador podrían suponer una futura fuente de conflicto. Por lo demás, no deja de ser un enfrentamiento más o menos ingenioso entre alománticos (y ferruquímicos) con unos poderes específicos. La novela carece de un propósito. No hay integración entre todos los elementos. Por separado funcionan, pero juntos no dicen mucho (o, mejor dicho, no dicen nada más).

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Todo lo cual no quiere decir que no sea perfectamente difrutable. ¡Al contrario! Sanderson sabe cómo sacarle partido a sus limitaciones autoimpuestas y siempre consigue transmitirnos la idea de que sus héroes son lo más molón que ha habido sobre la faz de la Tierra (bueno de Scadrial). Así, «Aleación de ley» se muestra como un híbrido entre aventuras del salvaje oeste, las historias de Sherlock Holmes y cualquier serie moderna de superhéroes mutantes, todo ello bien organizado en torno a unos personajes que si bien no son el colmo de la complejidad, cumplen sobradamente con lo que se espera de ellos.

Quedamos pues emplazados para las futuras aventuras de Wax y Wayne (sin olvidarnos de lady Marasi), tras disfrutar de una aventura satisfactoria, con la promesa implícita de que habrá más a lo que hincarle el diente en los libros posteriores (que ya gozarán, cuando menos, de la ventaja de la planificación).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en abril 24, 2022.

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