Estrella brillante

En 1954 no hubo entrega de los premios Hugo. Ello previno tal vez una victoria de Hal Clement por «Misión de gravedad» (aunque la competencia hubiera sido feroz, como quedó demostrado cuando se entregó el retroHugo correspondiente a ese año, que recayó en «Fahrenheit 451«).

La verdad es que no se me ocurre otra razón para la nominación en 1971 de «Estrella brillante» («Star light», 1970) que compensar aquel menosprecio, porque no solo está muy, muy por debajo de aquella, sino que difícilmente puede justificarse su inclusión entre los finalistas el año que coronó a «Mundo Anillo«.

La novela se ambienta unos cincuenta años después de los acontecimientos de la primera, con un equipo de mesklinitas entre los que se incluye Barlennan, el capitán de «Misión de gravedad», que ahora es el coordinador de un grupo de antiguos navegantes de Mesklin contratados por los humanos como exploradores de Dhrawn, una enana marrón (o planeta supergigante, eso es supuestamente algo a dilucidar, aunque al final no se llega a ninguna conclusión). La razón de su empleo son los 200 g de la superficie del planeta, un gravedad imposible de soportar para un humano, aunque cómoda para los mesklinitas (acostumbrados a 700 g en los polos de su mundo).

El equipo de la Tierra lo supervisa todo desde una estación espacial en órbita geoestacionaria, que dado el volumen y masa del planeta se sitúa a treinta segundos luz, por lo que posible comunicación entre el control de la misión y la superficie tiene medio minuto de demora (y los intercambios entre distintos grupos de mesklinitas, por su carencia de aparatos de radio, han de pasar necesariamente por la base humana, lo cual condiciona toda la trama). Entre los especialistas de la misión se cuenta la familia Hoffman, los más cercanos por inclinación personal y por su labor como lingüistas a los mesklinitas, especialmente el joven (diecisite años) Benj y su madre, Easy, coprotagonista cuando era una niña de «Cerca del punto crítico» (1958), lo que sitúa aquella novela en el mismo universo que esta bilogía (aunque la relación argumental es prácticamente inexistente).

La trama de «Estrella brillante» gira en torno a los problemas que experimenta uno de los grandes vehículos de exploración cuando se enfrenta a condiciones atmosféricas imprevisibles por culpa de una hidrosfera compuesta por una mezcla de agua y amoníaco. En este tipo de mezclas, denominadas eutécticas, dependiendo de los porcentajes de cada componente, pueden presentarse temperaturas de fusión inferiores a las de cada producto en forma pura, lo cual determina una serie de curiosos efectos a la presión atmosférica y temperatura de Dhrawn.

Así, dependiendo del contenido en amoníaco del agua, esta puede encontrarse en estado líquido o sólido a exactamente la misma temperatura (por no hablar de que la dilución es un proceso exotérmico, que puede provocar la fusión súbita de la nieve y riadas estacionales imprevisibles). Todo ello retrotae de algún modo al diagrama de fases de «Cerca del punto crítico», aunque en aquella novela los efectos resultaban a la vez más espectaculares y más intuitivos.

Porque, por desgracia, en este caso ni las circunstancias fisico-químicas están muy bien explicadas (la edición de Edaf, al menos, carece además del apéndice técnico que suele ser habitual en las obras de Hal Clement), ni se percibe que el problema fuera realmente imprevisible (quizás el disparador sí, pero una vez identificado, todo lo demás debería haber sido tenido en cuenta). Lo que es peor, el embarrancamiento del vehículo de exploración es un incidente cuyas consecuencias se prolongan innecesariamente durante páginas y páginas, salpicado con interminables conversaciones entrecortadas entre mesklinitas y humanos, cada uno de ellos reacio por algún motivo (desconfianza, sobre todo) a compartir toda la información disponible.

En el fondo, «Estrella brillante» aboga precisamente por el intercambio libre de la información como mejor estrategia procedimental, sugiriendo que un detalle insignificante, desconocido por una de las partes pero que la otra hubiera podido anticipar, puede resultar crucial para el éxito de cualquier empresa conjunta. Por desgracia, la falta de tensión y la frialdad narrativa (un eco de la actitud ultrapragmática de los mesklinitas) destruyen por completo el ritmo, de modo que terminas deseando que pase algo (o que, cuando menos, el autor se hubiera molestado por construir los personajes y hacernóslos cercanos antes de disparar la crisis).

De todos los mundos exóticos que he leído de Hal Clement, puede que Drawhn sea el más monótono (o, cuando menos, el peor explotado), así que sin sentido de la maravilla al nivel que suele ser habitual en Clement y careciendo de personajes memorables (de un modo que sí es característico del autor, aunque se nota que con esta novela ha hecho un esfuerzo extra, sobre todo en la caracterización de la psicología alienígena de los mesklinitas… esfuerzo que no acaba traduciéndose en nada terriblemente diferente, aderezos aparte, de la humana; lo cual tiene mérito para unas oruguitas articuladas que respiran hidrógeno y se encuentran como en casa en la superficie de una estrella fallida), «Estrella brillante» queda como una idea sugerente mal desarrollada (a todo lo cual no ayuda precisamente la traducción más que deficiente de su única edición en español).

Como ya había comentado, sin embargo, «Estrella brillante» fue nombrada finalista del premio Hugo de 1971, aunque sin ninguna opción real frente a «Mundo Anillo», que básicamente proponía el mismo tipo de aventura hard, aunque mejor (y más acorde con los tiempos). El resto de candidatos fueron Poul Anderson por «Tau Cero» (más competencia hard), Robert Silverberg con «La torre de cristal« (escogida por delante de «Regreso a Belzagor«) y Wilson Tucker con «El año del sol tranquilo» (solo estas dos últimas, junto con «Mundo Anillo», repitieron en el Nebula).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en abril 12, 2022.

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