Un lugar evidente

El Proyecto F es y una iniciativa editorial dedicada a la producción de microtiradas privadas (habitualmente del orden del centenar de ejemplares numerados) cuyo objetivo es recuperar textos antiguos y difíciles de obtener en su edición original, bien sea en formato facsímil (caso de revistas como la mexicana Los Cuentos Fantásticos, publicada originalmente entre 1948 y 1954), bien como antologías de uno o varios autores, construidas en torno a alguna característica unificadora. En este último caso se encuentra la colección Firmas.

Firmas se propone compilar la obra breve (de relato a novela corta) completa de autores que, por el motivo que sea, han tenido una producción escasa pero significativa y que nunca antes la han visto reunida en un volumen único. El primer volumen, «Formas que adoptan los sueños», en 2018, estuvo dedicado a Julián Díez (mucho más conocido en su faceta de articulista, aunque autor también de un puñado de cuentos, publicados sobre todo en los años noventa). En 2020 se editó «Cuentos fantásticos y otros no menos buenos», de José Luis Rendueles (de nuevo, activo sobre todo en los 90, cuando coordinó el fanzine Pársifal, aunque hay un puñado de relatos posteriores, escritos originalmente algunos de ellos en asturianu).

A esto siguió en 2021 la edición de la obra breve completa (faltaría añadir la novela «Esperando la marea«, de 2005), de Joaquín Revuelta, gaditano, activo sobre todo entre 1993 y 2006, aunque en 2011 se autoeditó una antología en Lulu que añade cuatro relatos al total, uno de ellos coescrito por Víctor Manuel Ánchel. Fueron dos volúmenes: «Cristales molidos» y «Tumbas de sal». Llegamos así a 2022 y al décimo volumen de la colección (aunque el quinto editado), dedicado a Juan José Parera.

Juanjo Parera es una personalidad ampliamente conocida dentro del mundillo fantástico español, aunque sobre todo por su labor como ensayista, por no hablar del inmenso trabajó que viene realizando en la base de datos de Términus Trántor o su desempeño como archivero de la Asociación Española de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror y desde hace muchos años administrador de los premios Ignotus (todo lo cual le valió ya en 1994 el premio Gabriel, la mayor distinción honorífica del fantástico español).

Lo que no resulta tan conocida es su, por desgracia, breve carrera como autor, que se desarrolló en los años ochenta, cuando además dirigió el fanzine Máser (14 números entre 1980 y 1989, junto con un boletín informativo que sacó 23 números entre 1987 y 1989). La recopilación de Proyecto F ha logrado reunir los veintitrés textos de ficción que constituyen toda su producción en esa vertiente, que van desde un pequeño poema hasta una novelette de casi treinta páginas.

Antes de abordar su análisis (conjunto), quisiera tratar de contextualizar un poco esta etapa (aunque aviso desde ya que no conozco lo suficiente los entresijos de la misma, así que tendrá que ser una introducción somera y me arriesgo a meter la pata en algún detalle, porque todo ello precede en varios años a mi entrada en el fándom (que se dio en torno al 2001). Toda la actividad había fandomita había arrancado en 1968 con el inicio de la andadura de Nueva Dimensión (aunque para datar el relanzamiento de la ciencia ficción en España habría que remontarse a los años cincuenta, con el arranque de la colección de bolsilibros Luchadores del Espacio con «Los hombres de Venus» de George H. White [Pascual Enguídanos Usach] en 1953 y la salida al mercado de la colección Nebulae de la mano de «Titán invade la Tierra» [es decir, «Amos de títeres«, de Robert A. Heinlein] en 1955).

Nueva Dimensión constituyó el elemento cohesivo y en torno a ella fue desarrollándose la incipiente actividad asociativa española, con la organización de la primera HispaCon en 1969 (tendrían lugar siete más en los once años siguientes, antes de entrar en hibernación y renacer en 1991, dando inicio a la etapa de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror). También comenzaron a producirse fanzines, como Ad Infinitum, del Círculo de Escritores de Anticipación, o Zikkurath, aunque tal vez la gran explosión se produjo en los ochenta con fanzines como Fan de Fantasía, Tránsito, Kandama, Uribe… o Máser.

En esas páginas fotocopiadas (y unos pocos escogidos en la propia Nueva Dimensión), echó de nuevo a caminar la ciencia ficción española (esta vez ya con apellidos españoles, aunque a los autores de la segunda generación de bolsilibros, en la renqueante Bruguera, se les seguía exigiendo pseudónimo anglosajón). Eran, además, tiempos de cambio en el «mundo real», pillando los ochenta el final de la transición democrática tras la dictadura de Francisco Franco y experimentándose una vertiginosa evolución política, económica y social.

En ese contexto irrumpió Máser en 1980… y en ese contexto hizo lo propio Juan José Parera con «Las propiedades de la materia» y «Recuerdos», sus dos aportaciones (de ficción, que también firmaba un par de artículos) a ese primer número.

Como avanzaba, el volumen incluye veintitrés textos, publicados todos ellos entre 1980 y 1989 (aunque la mayoría, dieciséis de ellos, se agrupan de hecho en solo cinco años, hasta 1984). No deja de ser aventurado (y comprendo las reticencias del autor al respecto) el exhibir así el arduo proceso de aprendizaje que requiere dominar cualquier actividad nueva; y no porque haya horrores innombrables (como sí podrían desenterrarse si se excavara en mi jardín), sino porque en la ejercitación de toda disciplina compleja existen unos pasos que no se pueden soslayar.

Por suerte para nosotros, al final «Un lugar evidente» ha salido a la luz, y eso nos ofrece una magnífica oportunidad no solo de seguir el proceso fascinante de un autor encontrando su propia voz, sino que en cierto modo constituye también un reflejo, o tal vez una muestra ejemplificadora, del proceso en el que la propia ciencia ficción española se encontraba embarcada en ese momento histórico que os he descrito.

El primer relato mencionado («Las propiedades de la materia») es en realidad poco más que una breve viñeta. Un micro con poco que rascar. «Recuerdos», sin embargo, es algo más elaborado y ahí podemos encontrar ya evidencias de la primera fase por la que tiene que pasar todo escritor en ciernes, que es la de la imitación (u homenaje). Porque «Recuerdos» bebe claramente de George Orwell y su clásica distopía «1984». Aun así, también es posible percibir elementos idiosincráticos nacionales, con cierto tono irónico, ligeramente autoparódico, al que no es ajena la crítica política.

«Recuerdos» es el primer texto de la miniserie de Bólix Folio, la única desarrollada por Parera, que se completa con «Navidades» (1981) y el cuento que da título al conjunto, «Un lugar evidente» (1983). El final queda lo bastante abierto para propiciar una cuarta entrega, pero esta nunca llegó.

En general, todos los cuentos iniciales nos recuerdan a cosas ya leídas o temas candentes del momento (como el apocalipsis nuclear). Un referente ineludible, por ejemplo, es Asimov, homenajeado explícitamente a través de una aportación apócrifa a la serie de los robots («La decisión», 1982). Pronto, sin embargo, empieza a percibirse la influencia más profunda, que de hecho marca toda la evolución posterior de Parera, que me atrevería a identificar como Philip K. Dick.

Se nota, por ejemplo, en «La amenaza», la única publicación profesional de la antología, al haber aparecido originalmente en el número 146 de Nueva Dimensión (agosto de 1982). Por desgracia, le quedaba poca vida a la revista, que tras otro número estuvo desaparecida más de un año antes de publicar su último volumen, el 148, en diciembre de 1983. No volvería a existir un mercado profesional o semiprofesional para relatos hasta finales de los años noventa. «La amenaza» es un gran relato, que nos muestra la alucinatoria experiencia de un soldado recién destinado al fuerte Kórogi.

Igualmente notable (y también el más largo de los textos) es el siguiente relato incluido en la antología, «Las eternas ambiciones» (Kandama 7, 1982), de nuevo con sublecturas políticas (no creo que la polémica por el ingreso de España en la OTAN en mayo de 1982 sea ajena a las temáticas predominantes en los relatos de estos años). En él, los empleados de una discográfica espían preocupados el ascenso imparable de una estrella de la competencia, cuyos conciertos, auténticas bacanales de droga y sexo, encubren un oscuro secreto.

A partir de aquí, poco a poco, los relatos van haciéndose más y más experimentales en cuanto a estructura y también más ambiciosos a nivel estilístico y filosófico (por no hablar de que cada vez resultan más sexuales, algo que iba con el signo de los tiempos), a veces en exceso (lo cual es absolutamente normal, se trata de un autor que, en su maduración, está empujando al máximo los límites, tanto externos como internos, buscando su voz personal). He de confesar que me han resultado menos interesantes que algunos de los ya descritos, precisamente por ese afán rupturista y experimental. Si hubiera seguido escribiendo, estoy seguro de que hubiera acabado puliendo las aristas más prominentes y hubiera alcanzado la madurez definitiva (y en un lapso bastante ajustado, que estas cosas no son fáciles).

Sin embargo, después de 1989 ya no volvió a publicar más relatos, e incluso los ensayos quedaron mayormente circunscritos a colaboraciones con BEM, uno de los fanzines (quizás El Fanzine) de referencia de los 90. No sé qué ocurrió y no voy a especular al respecto. Tan solo comentaré que es una pena, porque los veintitrés relatos de «Un lugar evidente» demuestran que era un autor a considerar, que en otras circunstancias (u otros mercados) hubiera seguido evolucionando y no le hubiera costado profesionalizarse.

Por desgracia, vivimos en España, así que cada pocos años toca hacer borrón y cuenta nueva e incluso si te he visto no me acuerdo. Por suerte, tenemos iniciativas como esta de Proyecto F (al menos para los 116 afortunados que nos hemos hecho con nuestro ejemplar), para recuperar este fragmento de nuestra historia que de otra forma nos resultaría tan difícil conocer (si no me equivoco, yo solo tengo en mi biblioteca un par de ejemplares de Máser… y también, por casualidad, ese numero de Nueva Dimensión en el que apareció originalmente «La amenaza»).

A propósito de «La amenaza»… no puede concluir sin señalar un aspecto que seguía siendo un área a mejorar: el titulado. Casi invariablemente, los títulos de los relatos son terriblemente anodinos. La excepción la encontramos precisamente en el último (aparecido en Tránsito 17), cuyo encabezado no desentonaría en una antología de James Tiptree Jr. o Harlan Ellison: «La brigada recibió una llamada anónima. ¿Fuiste tú?». Magnífico.

~ por Sergio en abril 8, 2022.

Una respuesta to “Un lugar evidente”

  1. Respecto a la revista nueva dimensión tengo el número 113 (Junio 1979). Gran revista

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

 
A %d blogueros les gusta esto: