The squares of the city (Las casillas de la ciudad)

Durante sus quince primeros años de carrera, nada hacía presagiar que John Brunner se convertiría en uno de los grandes autores de la ciencia ficción. Desde su debut en 1951, se dedicó a producir a toda velocidad primero un cuento tras otro y, a partir de 1959, noveluchas en rápida sucesión, a una media de cinco al año hasta 1965 (en su mayoría para la colección Double de ACE), con poco o ningún interés perdurable.

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Se suele apuntar a «El hombre completo» (1964), por su nominación al premio Hugo, como el punto de inflexión de su carrera. Sin embargo su mayor mérito fue posiblemente abrirle las puertas de Ballantine en los EE.UU. y Faber&Faber en el Reino Unido, sellos en los que empezó a publicar títulos producidos directamente para un mercado más exigente. En 1965, dos fueron las novelas que exploraron esta nueva vía: «The long result» y «The squares of the city» («Las casillas de la ciudad»), que a la postre le valió su segunda nominación al premio Hugo, cimentando así su prestigio.

Lo más curiosos del asunto es que solo con mucha manga ancha podríamos clasificar «Las casillas de la ciudad» como ciencia ficción. Ni siquiera es seguro que esté ambientada en el futuro (incluso un futuro cercano). La novela sigue las peripecias de un ingeniero de transporte, Boyd Hakluyt, una eminencia en su campo, que ha sido contratado por Juan Sebastián Vados, el dictador de Aguazul (un país sud o centroamericano típico de la época), para que busque soluciones para unos problemas concretos que se han detectado en ciudad de Vados, la capital, un municipio creado de la nada un par de años antes, cuidadosamente diseñado por expertos extranjeros para ser una ciudad del futuro.

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El referente más evidente para esto, por supuesto, es la ciudad de Brasilia, comenzada a construir en 1956 e inaugurada en 1960 como capital de Brasil, aunque no es el único ejemplo contemporáneo, pues justo en esos años se estaba erigiendo también Islamabad, la nueva capital de Pakistán. En cualquier caso, el clima político es evidentemente sudamericano, así que es razonable asumir que el modelo para Vados fue la nueva metrópoli brasileña.

Nada más llegar a su destino, Boyd descubre dos cosas: primero, que en Aguazul existe auténtico fervor por el juego del ajedrez; segundo, que la situación municipal no es tan sencilla como le han hecho suponer y que de hecho hay dos bandos en pugna por definir el futuro de la ciudad (y pronto queda claro que su contratación tiene por motivo el contribuir a que se imponga una de esas visiones, la oficialista).

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Lo que se sucede a partir de aquí es toda una serie de eventos, que van desde protestas populares y juicios mediáticos hasta una auténtica plaga de suicidios y asesinatos que van descabezando metódicamente a los hombres fuertes de ambos bandos. La postura premeditadamente apolítica de Boyd se ve puesta a prueba por todos estos incidentes, hasta el punto que solo desea acabar rápido el proyecto y largarse del país, aunque eso no va a ser tan fácil como le hubiera gustado, sobre todo cuando empieza a albergar serias dudas sobre la ética del líder que lo ha contratado.

El juego sucio es moneda corriente, empleándose en la guerra no declarada trucos  de dudosa moralidad como propaganda subliminal transmitida por medio de la televisión (el único elemento que podríamos quizás calificar de ciencia ficción, basado en un supuesto experimento realizado por James Vicary en 1957 que alcanzó gran notoriedad, aunque para 1962 ya se sabía que había sido un invento), manipulación de procesos legales y finalmente incluso violencia.

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Algo en lo que Brunner pone especial cuidado, sin embargo, es en no presentar ninguna postura como completamente buena o completamente mala. Para cada una de esas estrategias hay una explicación perfectamente razonable y todos los actores en el drama parecen estar genuinamente convencidos de que su bando es el más justo y por ende el que merece triunfar.

«Las casillas de la ciudad» juega (bastante literalmente) una compleja partida en la que se esfuerza por equilibrar las posiciones (aunque a menudo se le ve el plumero al autor respecto hacia dónde se inclinan sus simpatías). De igual modo, aprovecha el planteamiento del conflicto para ir metiendo reflexiones sociológicas, abordando cuestiones políticas, económicas y raciales, que anticipan los grandes temas que tratará en novelas subsiguientes como «Todos sobre Zanzíbar» (1968) u «Órbita inestable» (1969).

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La premeditada equidistancia, sin embargo, priva a la novela de poder llegar a ninguna conclusión definitiva, porque en el fondo «Las casillas de la ciudad» es un juego literario, una historia que ha caído en su propia trampa, constreñida por las necesidades narrativas de un artificio que el mismo Brunner desvela en una nota final (supongo que a estas alturas mantener el secreto no tiene mucho sentido, porque es algo que se ha comentado una y mil veces, pero aun así me abstendré de ahondar en esa cuestión por coherencia personal).

Dicho todo lo cual (que difícilmente puede considerarse de género fantástico y que la trama resulta un poco forzada y, por ello mismo, se traiciona a sí misma), he de confesar que me ha gustado. He seguido con interés en las peripecias de Boyd Hakluyt y la ciudad de Vados, con sus contradicciones, me ha resultado lo bastante interesante como para que me preocupe por cuál va a ser el desenlace. Como avanzaba, creo que John Brunner empezó a flexionar músculo con esta novela, y solo por eso pienso que ya vale la pena concederle una oportunidad.

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Pese a su nominación al Hugo de aquel año, «Las casillas de la ciudad» nunca contó realmente con ninguna posibilidad. No el año que coronó a «Dune«, de Frank Herbert (y, sorprendentemente, también a «Tú, el inmortal«, de Roger Zelazny). Entre los convidados de piedra, se contaban igualmente «La Luna es una cruel amante«, de Robert A. Heinlein (que, por motivos ignotos, sí supo aprovechar su segunda oportunidad al año siguiente) y «Skylark DuQuesne«, la conclusión de la serie de la Alondra del Espacio de E. E. Smith (incluida ahí meramente como homenaje póstumo a uno de los padres del género).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en enero 8, 2022.

Una respuesta to “The squares of the city (Las casillas de la ciudad)”

  1. Me resulto bastante aburrida, la verdad.

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