Planet of the damned (Sense of obligation)

Brion Brandd es un nativo del planeta Anvhar, un lugar tan, tan duro por su órbita excéntrica que lo condena a inviernos terriblemente largos separados por breves veranos durante los que realizar todo el trabajo para asegurar la supervivencia de la colonia, que sus habitantes han tenido que idear los Twenties, una competición anual de capacidades físicas e intelectuales que solo puede coronar a un anvhariano como el mejor de los mejores.

Al inicio de «Planet of the damned», serializada originalmente en Analog durante el 1961 como «Sense of obligation», Brion Brandd gana los Twenties. Ese es solo el principio de sus aventuras, porque aún se está recuperando de su victoria cuando recibe la visita de otro antiguo ganador, Ihjel, que lo invita a poner todas esas capacidades al servicio de una empresa realmente digna más allá de Anvhar. Resulta que hay un pequeño y atrasado planeta, Dis, que ha entrado en posesión de cierto número de bombas de cobalto y amenaza con atacar al planeta vecino, una utopia moral y tecnológicamente avanzada que puede destruir Dis sin problemas… a costa de perder en el proceso su propia esencia.

Allá que se va pues Brion, recién reclutado por una misteriosa fundación que se encarga de desfacer entuertos desde las sombras a lo largo y ancho de la galaxia, equipado únicamente con su fuerza, su inteligencia, sus excepcionales capacidades empáticas y el convencimiento de Ihjel (que es un poco presciente) de que es justo el hombre que hace falta para desenredar la maraña del aparetemente suicida plan de los disanos.

«Plante of the damned» se lee como una variación sobre el tipo de space opera aventurera con la que Harry Harrison debutó solo el año anterior con «El Mundo de la Muerte» y, por supuesto, tiene más que un poco que ver con Flash Gordon, personaje cuyas tiras diarias guionizaba por aquella época. Brion es un héroe de una pieza, tan apuesto como valiente, resistente, resolutivo, inteligente y de moralidad intachable. Tan solo necesita una dama a la que adorar, que se le presenta en la figura de la doctora Lea, una exobiológa que se une un poco por error a la aventura y que, pese a su supuesta capacidad científica, tiene un único papel en la trama: servir de apropiado objetivo amoroso para el superhombre.

En otras palabras, space opera pulp de manual, que se eleva sin embargo sobre lo que la mayor parte de escritores de ciencia ficción estaban produciendo por aquella época gracias por un lado a la mayor calidad literaria de Harrison (siempre dentro de los estándares del género por aquel entonces) y por otro a cierto interés por dotar de cierta profundidad a la aventura, tanto desde un punto de vista especulativo (imaginando un planeta tremendamente duro en el que la única oportunidad de sobrevivir reside en desarrollar una relación simbiótica con la fauna y flora local) como referencial.

Resulta que los responsables principales de ese farol letal son los magter, la clase dominante de Dis (habitantes de ciudades, en vez del clásico estilo de vida nómada de los disanos), que ante la perspicacia empática de Brion se muestran como un vacío absoluto. Su desafío es una locura que solo puede llevar la destrucción a su mundo, pero se muestran tan impacaces de verlo (o reaccionar racionalmente ante ello) como los propios gobiernos de los EE.UU. y la U.R.S.S. entregados al equilibrio suicida de la destrucción mutua asegurada.

Sobre un escenario exótico, con ciertas reminiscencias de oriente medio, Harry Harrison diseña una trama que comparte más de una característica con las novelas de espías de la Guerra Fría (a lo James Bond), mientras por debajo de todo ello satiriza de forma salvaje a los responsables de la política nuclear, a los que pinta como locos descerebrados, sin un ápice restante de humanidad. Si a esto le añadimos un toque de heroicidad pulp (Brion Brandd podría competir de tú a tú con Doc Savage), ya tenemos una novelita que resulta de lo más satisfactoria (siempre y cuando seamos capaces de contextualizarla y obviar sus ramalazos sexistas).

Hubiera podido convertirse en la primera de una larga serie, pero aunque el reconocimiento crítico le llegó a Harrison por «Deathworld» y «Planet of the damned», el éxito económico estuvo de parte de la tercera obra en discordia, «La rata de acero inoxidable» (1961), y cuando en 1965 «Bill, héroe galáctico» lo terminó de consagrar como una estrella de la ciencia ficción cómica, el camino quedó marcado. Pese a quedar el escenario perfectamente establecido para seguir con las aventuras de Brion Brandd, no fue sino hasta 1981 que retornó, brevemente, con «The planet of no return».

Una pena, porque por lo que demuestra «The planet of the damned» (y también «Deathworld») había mucho potencial ahí para escribir una space opera que no necesitaba renunciar a la aventura para tratar temas con algo más de calado (sin necesidad, eso sí, de presentar una tesis excesivamente elaborada, que al fin y al cabo la denuncia que realiza es de perogrullo). Ejemplifica también cómo la sátira es capaz de golpear con más fuerza que la parodia, y desde luego se ensaña a conciencia con los defensores de la estrategia de disuasión nuclear en su descripción de los magter (y solo por esa mala leche que se gasta ahí, ya hubiera quedado sobredamente justificada la novela).

La obra ganadora del Hugo de aquel año fue «Forastero en tierra extraña«, de Robert A. Heinlein, siendo también finalistas «Second ending» de James White, «Mundo tenebroso» de Daniel F. Gauloye y «El tiempo es lo más simple» de Clifford D. Simak. Tras esta doble nominación (1961-1962), clasificado quizás como escritor humorístico (es decir, de segunda, aunque no toda su producción posterior fue cómica), ya no volvió a ser nunca candidato a un premio Hugo (y su desempeño en el resto de grandes premios es también muy pobre… todo lo cual no previno que fuera nombrado Gran Maestro en 2009).

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en noviembre 17, 2021.

2 respuestas to “Planet of the damned (Sense of obligation)”

  1. Uno de los autores clásicos de ciencia ficción del que todavía no he leído nada… Tengo que hacerlo algún día.

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