Ayantek

Sin dinero, aquí eres comida para zamuris.

“Ayantek” (2019), la novela debut de Miriam Jiménez Iriarte (tras darse a conocer como vencedora del primer premio Ripley con “Granja-357” en 2017), no tiene tiempo ni ganas de tratar a sus lectores con delicadeza. Empieza con un puñetazo en la boca. Te patea luego, cuando estás en el suelo. Superficialmente parece una historia de fantasía épica, pero no lo es. Para empezar, no es fantasía, aunque lo parezca. Tampoco es épica. No puede estar más lejos de la épica. En todo caso, sería anti-épica.

“Ayantek” no trata sobre elegidos y profecías. No va de luchas fatídicas que puedan ganarse. En realidad va de derrotas. De sufrir una derrota tras otra y de sobrevivir a ellas. Y sí, tal vez vaya de venganza. Tal vez de devolver, por una vez, el golpe. Tal vez de romper la baraja y negarse a seguir jugando con unas cartas marcadas.

ayantek

La ciudad de Avacornis alberga a una casta favorecida de Bendecidos, capaces de utilizar el Don. Son muchos más los Durmientes. Granjeros, artesanos, mercenarios, taberneros, putas… Su vida depende de poder protegerse por la noche con símbolos de poder. Porque la noche pertenece a los zamuris. Avacornis es una teocracia. La Voz transmite las órdenes de los Ghyldif, que viven en Ayantek. Tal vez tras la muerte asciendas a Ayantek. Lo más probable es que despiertes en Ud-Haddkram, con los demonios.

Phadag-Llungan también posee su propia Voz. Había una Voz en Champtalion, pero de Champtalion ya solo quedan ruinas. Sus habitantes son refugiados que sobreviven vendiéndose al mejor postor, recordando con añoranza sus blancas moradas frente al gran Azul. Recuerdan si lo desean. Algunos prefieren olvidar. Olvidar Champtalion, olvidar a su familia, olvidar la Voz, olvidarse de sí mismos. Sobrevivir.

Kora es la hija durmiente del director de la escuela de sanación de Avacornis. Sin Don su destino está escrito. Mientras tanto permanece a merced de maese Fiacco, su tutor. Mientras su padre se emborracha y dirige todos sus esfuerzos a mantener prisionero al demonio que casi destruyó la ciudad, ella tiene que reconstruirse una y otra vez tras cada fracaso, tras cada decepción, tras cada noche de lágrimas y humillación. Kora está rota, quebrada más allá de cualquier posible reparación. Kora odia. A su ciudad, a los bendecidos, a maese Fiacco, a los Ghyldif… pero sobre todo a sí misma.

Kora

Asterkia es una mercenaria. Tenía una joven a su cuidado, ahora solo a un niño retrasado. El niño no es suyo. El suyo no llegó a nacer. Arrancaron el feto de su vientre. Ahora pelea, folla, consume fuego. Sobrevive como puede, aunque cada vez es más difícil. Cada vez le quedan menos razones para recordar lo que es ser humana.

Chotacabras es un renegado. Ha renunciado a su legado, a su pueblo, a su nombre, hasta a su honra. Sobrevivir en Avacornis es difícil. Tanto más para alguien como él. Si sobrevivir implica dejarse atrapar por el Puño, así sea. Todo el mundo necesita un padrino, y el padrino de Puño y sus dedos es el más despiadado. Todos en Avacornis saben que Puño es el lacayo de Lobo, y que no conviene entrometerse en sus asuntos.

“Ayantek” dibuja un tapiz de crueldad, de miseria, de abusos, de dominación. Cada nivel oprime al inmediatamente inferior, cada oprimido sueña con ascender y convertirse en dominador. Pero eso es una mentira. Siempre hay otro nivel por encima. Nunca puedes escapar de la red tejida por el dinero, por el Don, por la religión. Todos son víctimas y todos verdugos.

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Miriam Jiménez Iriarte nos lanza sin previo aviso en medio de todo eso. No es solo que la novela empiece en media res, es que cada capítulo reproduce a escala el mismo esquema. Empezamos a leer desorientados, sin saber muy bien dónde nos hemos metido. Poco a poco, entre los golpes, empieza a clarificarse la trama, empezamos a percibir el conjunto con mayor claridad. Empezamos a ver cómo encajan los personajes entre sí.

Descubrimos entonces lo que ya he avanzado, que no estamos ante una historia épica. La supervivencia rara vez lo es. Es una historia sucia, de personajes hundidos que siguen recibiendo golpes, que cuando creen que ya lo han perdido todo, aún pueden caer más bajo, aún pueden traicionarse más. Pero todo tiene un límite. La tensión va a acumulándose, como en una goma elástica estirada al máximo, hasta que de repente estalla. Cuando de verdad ya no queda nada por perder, ganar tampoco es tan importante.

“Ayantek” no es para nada una historia esperanzadora. La novela nos habla de opresión, y refleja muchas formas de dominación: económica, religiosa, racial, sexual… Nos habla de las mentiras que sostienen el sistema, y de cómo este sistema llega al límite y lo supera, porque es incapaz de calibrar su resistencia. De cómo, a la postre, se resquebraja; de cómo sufre una transformación cataclísmica. Nos recuerda que las revoluciones suelen llegar cuando aguantar se ha vuelto definitivamente imposible, y ahí quizás sí que haya algo de épica. La épica desesperada de los perdedores. La revancha de los fracasados.

zamuri

Un aviso. Para comprender todo esto, para compartir ese estado de ánimo, primero hemos de hundirnos. Y “Ayantek” se asegura de machacarnos concienzudamente. El gusano ha de morir para poder transformarse en mariposa.

Por desgracia, casi en cualquier tiempo y lugar el mensaje de la novela sería pertinente. Vivimos una época, sin embargo, en que tal vez los paralelismos resulten especialmente evidentes. “Ayantek” lo lleva al extremo, pero las dinámicas que muestra (de poder, de control, de sumisión, de estratificación, de enfrentamiento…) son perfectamente reconocibles. Tal vez deberíamos ir pensando en cambiar alguna cosa, con tranquilidad, antes de que no haya más remedio y el cambio, simplemente, estalle.

Otras opiniones:

~ por Sergio en junio 5, 2021.

3 comentarios to “Ayantek”

  1. Buff, qué mal rollo me ha dado la reseña. Lo tenía apuntado por ahí pero no es algo que me apetezca leer a día de hoy.

  2. Por la reseña esto tiene una pinta a literatura SJW que espanta.

    • Nada más lejos de la realidad. De hecho, el enfoque es diametralmente opuesto. Más tipo Grimdark. A lo Abercrombie, aunque con un toque de ciencia ficción (y un estilo mucho, mucho más cortante).

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