The pirates of Zan (The pirates of Ersatz)

Murray Leinster (William Fitzgerald Jenkins) representa un caso particular entre los escritores de las revistas pulp de ciencia ficción, en el sentido de que él había comenzado a publicar antes de que se impusiera la separación por géneros a mediados de los años veinte. Su primer cuento se publicó en 1916, cuando apenas contaba con veinte años, en la revista literaria The Smart Set. Durante los años siguientes siguió contribuyendo a diversas revistas, incluyendo Argosy, a la que vendió en 1919 su primer cuento de ciencia ficción.

Cuando las revistas pulp se especializaron, Leinster simplemente diversificó su producción, publicando indistintamente relatos de aventuras, del oeste, de terror, de detectives e incluso románticos. Por supuesto, también siguió produciendo historias de ciencia ficción, primero para Amazing Stories, la publicación pionera de Hugo Gernsback, y posteriormente también para Astounding, adaptándose sin problemas a las exigencias literarias un poco más elevadas de la Edad de Oro; después de todo, durante este lapso siguió contribuyendo asiduamente a revistas más “serias” como Collier’s Weekly o Esquire (algo que pocos, muy pocos de los autores que iniciaron su andadura en el pulp especializado lograron replicar).

The_Pirates_of_Zan

Durante cincuenta años Murray Leinster no dejó en ningún momento de publicar, contando en su haber con más de mil quinientos relatos, decenas de novelas (treinta y nueve solo de ciencia ficción; a las que sumar una docena del oeste bajo el seudónimo de Will F. Jenkins… que a veces usaba, junto con William Fitzgerald y Fitzgerald Jenkins, cuando en el mismo número de una revista iba a publicar dos o más cuentos; así como títulos de misterio, romance o aventuras). Junto con esto, escribió guiones televisivos y radiofónicos y hacia finales de los años sesenta se le encargó la producción de novelizaciones las series The Time Tunnel y Land of the Giants cuando esto todavía no era una práctica habitual.

Su popularidad durante aquello años fue tremenda, aunque esto no termina de reflejarse en los premios (cuenta con un único premio Hugo, en 1956, por el magnífico relato largo “Equipo de exploración”, perteneciente a su serie Colonial Survey y con interesantes conceptos ecológicos), porque pese a la calidad muy por encima de la media de su prosa, nunca llegó a adaptarse a los gustos un poco más sofisticados que se fueron desarrollando en los años cincuenta y sesenta. Él escribía novelas de aventuras, con conceptos a veces innovadores (su relato de 1945 “First contact” dio nombre a todo un subgénero y “Sidewise in time”, de 1939, no solo es uno de los primeros cuentos sobre universos paralelos, sino que ha dado nombre a los premios Sidewise de historia alternativa), pero ancladas de todas formas en los modelos clásicos decimonónicos (pese a todo, eran auténticas historias de ciencia ficción, no meras trasposiciones al espacio de historias del oeste, de misterio o de exploraciones).

Un buen ejemplo de todo esto lo encontramos en “The pirates of Zan” (serializada originalmente como “The pirates of Ersatz” en 1959 en Astounding).

Astounding_Feb1959

Acusado injustamente de un crimen terrible, el ingeniero Bran Hodder se ve empujado a una vida de fugitivo, que indefectiblemente acaba conduciéndolo hacia el negocio familiar del que había estado huyendo, que no es otro que el de la piratería espacial. Una piratería, eso sí, un tanto light, sin derramamiento de sangre inocente, (supuestamente) perjuicio económico, ni intereses egoístas. Es más, todo viene motivado por el deseo de ayudar a unos pobres exiliados (inspirados quizás en los refugiados judíos descritos por Leon Uris en la novela “Éxodo”, de 1958, que se había convertido en el mayor éxito editorial de los últimos veinte años en los EE.UU.)

“The pirates of Zan” es una novela de aventuras bien construida, con los típicos personajes simples pero resultones de la época. Se inspira claramente en modelos previos: las novelas de piratas, evidentemente (aunque desde una perspectiva más picaresca que histórica), pero también con elementos del western (ese forastero que llega a un territorio dominado por las injusticias y acaba imponiendo su ley) e incluso medievales (el planeta al que Hodder se exilia se encuentra convenientemente atrasado, con una organización interna que Leinster describe como feudal pero que tiene más en común con un conjunto de pequeños señores de la guerra peleando entre sí. A esto se le añade la inevitable trama romántica (de una simplicidad extrema… y también notablemente machista según los estándares actuales), y ya tenemos una historia de probada eficacia, que de seguro que triunfará entre su público objetivo.

piratesZan2

Lo que tal vez diferencia a Murray Leinster de otros autores menores es que sabía darle a sus novelas el toque diferenciador de la ciencia ficción, de modo que sean más que una simple trabajo de maquillaje sobre sus modelos. El hecho de que Bran Hodder sea ingeniero no es baladí, pues su destreza en este campo es necesaria para hacer avanzar la trama. El truco está en que nada de lo que construye parece excesivamente innovador, y el que no haya sido inventado previamente solo puede obedecer a cierto estancamiento social, difícil de admitir a nivel local y totalmente imposible si nos paramos a pensar en toda la esfera de influencia humana.

En otras palabras, Leinster hace trampas para vendernos su novela, como también hace trampas, y de las gordas, cuando lo que intenta vendernos es la justificación económica de las bondades de la piratería como estimulador social (algo que parece obedecer más a necesidades dramáticas, compuestas sobre la marcha en base a vagas idealizaciones románticas, que a una filosofía económica bien meditada)

piratesErsatz

Tras un breve período de adaptación, “The pirates of Zan” se lee de un tirón y resulta razonablemente entretenida. Lo malo es que, a la postre, resulta también perfectamente olvidable. No hay en toda la novela ni una sola idea que invite a pensar más allá de ella misma, ni una reflexión aplicable a nuestra realidad. Lo endeble de su armazón ideológico, por añadidura, supone un gran inconveniente el mismo año en que triunfó en los Hugo la polémica “Tropas del espacio” de Robert A. Heinlein, o incluso “Dorsai“, de Gordon R. Dickson, que tomaba esos mismos mimbres de la space opera para intentar construir con ellos algo un poco más elaborado.

Tal vez esa sea también la razón por la que, pese a la popularidad de que gozó en su momento, hoy en día Murray Leinster esté básicamente olvidado. La ciencia ficción posee dos vertientes: por un lado, la escapista, ofrecer entretenimiento y asombro; por otro, la especulativa/proyectiva, reflexionar sobre el ser humano y su lugar en el universo, plasmar los miedos y esperanzas de cada generación. Toda la ficción que carga en exceso las tintas sobre la primera vertiente está tal vez irremediablemente condenada al olvido, porque lo que resulta exótico en una determinada época corre el peligro de quedar obsoleto o, peor, convertirse en tópico.

pirateszan

“Los piratas de Zan” sigue siendo una novela ligera y entretenida, pero no veo realmente ninguna razón por la que un lector moderno pudiera preferirla (salvo por motivos históricos o por un gusto adquirido hacia la ciencia ficción clásica) frente a las propuestas contemporáneas que buscan satisfacer exactamente esas mismas necesidades… con unos referentes culturales y estéticos más próximos (y que, a su vez, tal vez se encuentren también condenadas al olvido en un futuro más o menos lejano).

El quinteto de finalistas del premio Hugo de aquel año se completó con “That sweet little old lady“, una parodia a las aventuras de telépatas de la Edad de Oro, de Mark Phillips, y “Las sirenas de Titán“, con la que Kurt Vonnegut encontró por fin su voz.

~ por Sergio en mayo 31, 2021.

2 comentarios to “The pirates of Zan (The pirates of Ersatz)”

  1. Enternecedora la portada de “Astounding” (pirata al abordaje con una regla de cálculo en la boca). Fue comentada en algún ensayo sobre la ciencia en la ciencia-ficción como ejemplo de fallo en la prediccción de la existencia de las calculadoras electrónicas.
    Pero bueno, si hubiese un colapso total y permanente en la producción de microprocesadores quizás hubiera que volver a dichas reglas de cálculo para asaltar los cielos.

    • Se predijeron… pero no fueron adoptadas de forma masiva por los escritores de ciencia ficción (sobre todo los de space opera). En 1951 Asimov describió una tableta calculadora de bolsillo en “Fundación”, y en “Sensación de poder” (1957) las hizo tan ubicuas que los seres humanos habían olvidado cómo realizar cálculos a mano. El caso es que la regla de cálculo era un complemento tan icónico de los ingenieros, que la mejor forma de caracterizar a uno era haciendo que asomara la regla de cálculo de su bolsillo (como ocurre en muchas novelas de Heinlein).

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