That sweet little old lady (Brain twister)

La Edad de Oro había llegado a su fin en 1955 y hasta Analog, la revista de John W. Campbell antes conocida como Astounding, debía adaptarse a los nuevos tiempos. Tal vez por eso sea apropiado que publicara “That sweet little old lady”, la creación conjunta de Laurence Mark Janifer y Randall Philip Garrett, que básicamente constituye una parodia de las heroicas historias de mutantes que habían poblado esas mismas páginas tan solo unos años antes (por ejemplo, “Slan“, de A. E. van Vogt en 1940, “La isla del dragón” de Jack Williamson en 1951 o “Tres que capturar“, de Eric Frank Russell en 1955).

Se trata de un proceso habitual. Tras un período de popularidad extrema, que lleva a cierta sobreexplotación, es inevitable una reacción opuesta que recoja los tópicos más destacados y los ridiculice. A ese empeño se lanzaron dos autores que estaban comenzando sus respectivas carreras y que, tras una novela a cuatro manos publicada en 1959, adoptaron el pseudónimo conjunto de Mark Phillips (combinando sus segundos nombres) para una serie de tres novelas cortas, publicadas en 1959 (“That sweet little old lady”), 1960 (“Out like a light”) y 1960-61 (“Ocassion for dissaster”). En conjunto, conforman la serie Psi-Power, que al ser publicada en formato libro un par de años después de las respectivas serializaciones cambiaron de título a “Brain twister”, “The impossibles” y “Supermind”.

Astounding_september1959

La idea de partida era combinar una historia de espías a lo James Bond (Ian Flemming había comenzado a publicar sus aventuras en 1953) con elementos propios de la ciencia ficción, aunque asumiendo una perspectiva humorística (algo que posteriormente caracterizaría sobre todo la obra de Randall Garrett). De este modo, en cierto sentido, inventaron el arquetipo del investigador de fenómenos paracientíficos, que desarrollaría posteriormente, por ejemplo, Douglas Adams en “Dirk Gently, Agencia de Investigaciones Holísticas” (1987) y acabaría desembocando, despojado ya de todo rastro de humor en programas de televisión como “Expediente X”.

La serie está protagonizada por Ken Malone, un agente del FBI bastante… limitado, que recibe la orden de investigar un supuesto caso de espionaje telepático en unas instalaciones de investigación atómica ultrasecretas. Enfrentado a esta inusual misión, acaba descubriendo que todos los telépatas de los EE.UU. son locos institucionalizados, con una única paciente mínimamente funcional, la viejecita encantadora del título original (mucho mejor que el utilizado en la edición en paperback), que tan solo presenta una simple y precisa (pero a veces engorrosa) falta de contacto con la realidad, que acaba mediatizando el modo en que todo el mundo se ve obligado a tratarla.

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El planteamiento es interesante, con múltiples oportunidades para satirizar tanto los lugares comunes de la literatura de telépatas como a personajes reales del momento (un objetivo evidente sería el todopoderoso director del FBI del momento, J. Edgar Hoover), por desgracia los autores no saben muy bien lo que hacer con todo este material, y acaban limitándolo todo al chiste fácil, con algún juego de palabras aquí y allá y un personaje principal que solo puede describirse como un idiota con suerte. A medida que avanza la trama, sin embargo, el estilo va asentándose y va cobrando poco a poco la seriedad justa para hacer la novela un poco más interesante, pero cualquier tímido intento de contar algo un poco más profundo (como la relatividad de los términos “locura” y “cordura”) es abortado rápidamente, no vaya a lastrar el fluir de la historia.

A la postre, esa falta de ambición termina por condenar la novela a la irrelevancia… lo cual no quita que durante su lectura pueda resultar entretenida, sobre todo cuando los autores no se esfuerzan por resultar ocurrentes. Más que de los juegos de palabras (que en ocasiones resultan realmente atroces), el humor que funciona se alimenta de la incongruencia, de la banalización de una entidad tan seria y poderosa como podía ser el FBI… y de la especial personalidad de la anciana telépata, quien está disfrutando por fin de ser tomada en serio (o, cuando menos, de que todo el mundo se vea obligado a seguirle la corriente, lo cual a efectos prácticos es igual de bueno).

brain_twister

Otro aspecto que perjudica su legado (hasta el punto de hacerla hoy en día una novela prácticamente olvidada), es que la resolución carece por completo de sutileza. Una buena novela de investigaciones paranormales debería dar la talla en los aspectos fantásticos y en lo que respecta a la trama detectivesca. Por desgracia “That sweet little old lady” no cumple a este respecto, sacándose la resolución básicamente de la manga (un error que Isaac Asimov, por ejemplo, se había cuidado mucho no cometer en sus historias policíacas de ciencia ficción).

Supongo que hasta cierto punto es comprensible la nominación que recibió a los premios Hugo de 1960. En ese momento puntual la burla se hacía a costa de tópicos que hasta muy poco antes habían sido respetables. Eso le confiere a la novela un toque transgresor que con el correr de los años se ha perdido. El que posteriormente llegaran otros títulos capaces de conjugar con mayor éxito los mismo ingredientes tampoco la beneficia en exceso.

“That sweet little old lady” es sin duda la obra más floja de un quinteto de finalistas que incluía también “The pirates of Ersatz”, de Murray Leinster; “Las sirenas de Titán“, de Kurt Vonnegut; “Dorsai“, de Gordon R. Dickson; y la ganadora final: “Tropas del espacio“, de Robert A. Heinlein.

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Tras la trilogía de Psi-Power ambos autores no volvieron a publicar en conjunto. Laurence M. Janifer siguió publicando durante casi cuarenta años, siendo su obra más famosa la serie Survivor (sobre un explorador que sobrevive a experiencias extremas en diversos planetas), mientras que Randall Garrett se convertiría en una personalidad dentro del fándom norteamericano, siendo sus series más conocidas la de fantasía cómica de Gandalara (coescrita con su mujer Vicki Ann Heydron) y la serie ucrónica/fantástica de Lord Darcy (Garrett fue miembro fundador de la Sociedad para el Anacronismo Creativo), que le deparó en 1967 una segunda nominación al Hugo por la novela “Too many magicians”, así como un premio Sidewise especial, otorgado póstumamente en 1999.

 

~ por Sergio en mayo 27, 2021.

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