Not this august

Cyril M. Kornbluth, es conocido sobre todo por sus sátiras a dos manos con Frederick Polh, tales como “Mercaderes del espacio” (1952) o “La lucha” (1955). Sin embargo, al principio de su breve carrera profesional (de solo ocho años, debido a su prematura muerte por un ataque al corazón), colaboró también con otra compañera de los Futurianos, Judith Merrill, bajo el seudónimo conjunto de Cyril Judd, y cuenta igualmente con un puñado de títulos individuales, tales como “El síndico” (1953) o la que nos ocupa, “Not this august” (1955), que le valió su única nominación a los premios Hugo en la categoría de novela.

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En contra de la percepción que tenemos de él, “Not this august” es una historia superseria, que versa sobre la derrota y ocupación de los EE.UU. por una fuerza combinada de rusos y chinos, tras una breve guerra nuclear una década en el futuro (1965). No era para nada una proposición tan descabellada, con las restricciones de la Segunda Guerra Mundial aún frescas en la memoria, recién salidos de la Guerra de Corea, que le había costado más de 50.000 muertos a los EE.UU., y bajo la nueva amenaza de un conflicto nuclear por culpa de la carrera armamentística en la que la URSS, tras partir por detrás, había conseguido rápidamente ponerse a la altura (gracias a una exitosa red de espías), si bien todavía no en números totales, sí a nivel tecnológico.

Hoy en día es fácil descartar la premisa como implausible, pues tuvo la mala suerte de quedar obsoleta prácticamente al año mismo de haber sido publicada, tanto por el desarrollo del equilibrio nuclear (con la introducción del misil balístico intercontinental en 1957 y la concepción de la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada en 1962), como por el enfriamiento y posterior ruptura de las relaciones entre Rusia y China, que (que arrancó con diferencias ideológicas en 1956).

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Pese a todo es una gran muestra de literatura sobre el “Peligro Rojo”, y lo cierto es que, paranoia al margen (el macartismo estaba funcionando a pleno rendimiento y tan solo dos años antes habían sido ejecutados Ethel y Julius Rosenberg, un matrimonio americano acusado de espionaje a favor de los rusos que sin duda inspiró otra pareja similar en la novela), no se puede decir que Kornbluth fuera demasiado desencaminado sobre los excesos que ya habían cometido o cometerían los regímenes de Stalin y Mao, tanto en lo referente a purgas como en sus desastrosas políticas agrarias.

Otro aspecto en el que Kornbluth se mostró profético es en el desarrollo de los satélites artificiales. Cuando se publicó “Not this august”, faltaban todavía dos años y medio para el lanzamiento exitoso del Sputnik I y casi tres para el del Vanguard I. Sin embargo, entre 1952 y 1953 Wernher von Braun había publicado en la revista Collier una serie de artículos defendiendo la construcción de una estación espacial equipada con armamento nuclear para obtener “superioridad espacial” sobre la URSS, y posiblemente esas ideas (que los ICBMs volverían obsoletas) fueron las que inspiraron a Kornbluth para incluir esta arma definitiva como elemento de inflexión en su novela.

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En cualquier caso, se trata de un final un poco forzado, tanto por lo apresurado (la historia hubiera agradecido al menos otro segmento, pero las exigencias editoriales de la época eran las que eran y posiblemente se vio obligado a cerrar antes de tiempo) como por una candidez que está mayormente ausente en el resto de la novela. Utilizar por ejemplo como saludo en código de la futura revolución la fecha en la que va a tener lugar el alzamiento (“Christmas eve”, título alternativo de la novela empleado en algunas ediciones de la misma) no parece la mejor de las decisiones tácticas.

La fuerza de “Not this august” (título extraído de un artículo antibelicista de Ernest Hemmingway publicado en 1935) radica más bien en el primer plano, en las vivencias cotidianas del protagonista, Billy Justin, un comercial de arte neoyorquino, ex combatiente en Corea, reubicado por las necesidades de la guerra como lechero. Así, pasamos por las restricciones y el racionamiento iniciales, el estupor de la derrota y la progresivamente más dura dominación soviética (chinos y rusos se han repartido el país, de un modo similar al que unos pocos años después propondría Philip K. Dick para alemanes y japoneses en “El hombre en el casillo“); e igualmente asistimos a las relaciones que establece con sus vecinos (siendo particularmente irónica la posición del mercader ultracapitalista del pueblo, que siempre logra quedar a flote independientemente de los vaivenes de la guerra, mientras otros personajes, con menos motivo o por ningún motivo en absoluto, sufren).

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La rápida evolución (divergente) de los acontecimientos y los cambios en las relaciones de poder entre EE.UU. y la URSS, así como el incremento del peligro nuclear (solo cuatro años después Walter M. Miller Jr. empezaría a publicar Cántico por Leibowitz“, una de las mejores obras sobre el apocalipsis nuclear), volvieron posiblemente a “Not this august” anticuada antes de haber tenido tiempo de asentar su prestigio. De hecho, desde 1958 no hay otra edición hasta 1981 (actualizada y prologada por Frederik Pohl). Lo cual es una pena, porque con todas sus carencias, sigue siendo un título a reivindicar, que hoy en día se podría leer casi como una ucronía (o como una profecía inquietante, ahora que empiezan a tensarse las relaciones entre China y los EE.UU.)

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Totalmente merecida su nominación al premio Hugo de aquel año, y de hecho contaba con argumentos más que suficientes para haberle plantado cara a “Estrella doble” de Heinlein, la ganadora final. Ambas, sin embargo, se encuentran por detrás de la también postnuclear “The long tomorrow“, de Leigh Brackett, que tal vez hubiera sido una triunfadora más justa. El quinteto de nominados se completó con “Tres que capturar“, de Eric Frank Russell, y “El fin de la Eternidad“, de Isaac Asimov.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en mayo 12, 2021.

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