Manitú

A principios de los años setenta, Graham Masterton era un joven autor de manuales de sexo. Justo por entonces, sin embargo, ocurrió algo que daría una dimensión nueva a su carrera. En 1973 una película de terror, “El exorcista”, basada en la novela de 1971 de William Peter Blatty, se convirtió en un superéxito internacional, terminando el año como la cinta más taquillera a nivel mundial. Fue la primera vez desde 1931 (con “Frankenstein”) que una película de terror conquistaba el año y, lo que es más, alcanzaba a ser la más taquillera de la historia (en números absolutos).

Pronto empezaron a aparecer nuevos títulos que se fueron sumando a los tres pioneros (“La semilla del diablo”, de Ira Levin, 1967; “El otro”, de Thomas Tryon, 1971; y “El exorcista”). En 1974, Stephen King publicó “Carrie”, su primera novela, y ese mismo año James Herbert hizo lo propio con “Las ratas”. Poco a poco se fueron sumando más y más autores, que fueron inundando el mercado con estremecimientos impresos que eran devorados por el público. Se había dado el pistoletazo de salida a la era del terror bestseller, y en medio de todo ello se presentó Masterton con su primera obra de ficción, “Manitú” (“The manitou”, 1975), una novela que bebe descaradamente tanto del libro de Blatty como del de Levin… y que se convirtió al instante un un superéxito que acabaría definiendo su carrera (jalonada por más de medio centenar de novelas de terror, además de un número casi igual de thrillers, novelas históricas y policiacas… sin abandonar nunca sus manuales sexuales).

“Manitú” no pierde el tiempo en entrar en materia. En su primer capítulo se nos narra la visita de una joven, Karen Tandy, a un especialista en tumores de una clínica privada, por culpa de un bulto que se le ha empezado a formar en la parte posterior del cuello. Emplazada al día siguiente para una operación de urgencia, acude esa misma tarde a la consulta de un adivino, más charlatán que otra cosa, llamado Harry Erskine, que será desde ese momento nuestro narrador en primera persona, con un tono cercano, de colega confidente, que nos hace perdonarle en seguida el no ser más que un sacacuartos de poca monta (con una clientela compuesta sobre todo por ancianas con más dinero que sentido común).

Al parecer, Karen ha estado sufriendo una serie de pesadillas terribles, que ella sospecha relacionadas con el bulto que está creciendo en su nuca. Por alguna razón ignota (incluso para él mismo), Harry se toma el asunto en serio y empieza a tirar de un hilo que le llevará por caminos insospechados. Primero, hasta un barco holandés del siglo XVII, y pronto hacia terribles magias ancestrales nativas, pues lo que está creciendo en el cuello de Karen es ni más ni menos que un hechicero indio que en 1626, ante el avance de los colonos holandeses en  Manhattan, urdió una poderosa medicina para renacer siglos después… y desencadenar su venganza.

No. No tiene mucho sentido, y a poco que te pares a pensar ese poco sentido va haciéndose cada vez más tenue. Por añadidura, no se puede afirmar que, al menos en estas etapas tempranas de su carrera, Masterton fuera un fino estilista. Su prosa es más funcional que otra cosa y la trama avanza a golpe coincidencias y sin apenas conflicto (porque, increíblemente, todos parecen dispuestos a aceptar sin otra prueba que su palabra que en todo el asunto anda involucrado lo sobrenatural). Pasamos del médico al profesor universitario, y de ahí a un hechicero indio moderno, Roca Cantarina, quien por un módico precio está dispuesto a enfrentar su magia a la del manitú (en el libro, los “manitús” son como el espíritu de cualquier persona, ser vivo o incluso cosa).

Pero bueno, todo va tan rápido y fluye con tanta simplicidad que tampoco es que nos apetezca pararnos demasiado a considerar las cosas, y cuando por fin llegamos al último tercio del libro… ahí las cosas empiezan a desmadrarse de verdad. “Manitú” se transforma entonces en un delirio muy, muy pulp, que no ahorra en imágenes grotescas, gore e incluso unas cuantas dosis de terror lovecraftiano, y tampoco importa demasiado que el final se precipite literalmente a través de un deus ex machina; ha sido divertido, y si a estás alturas vemos su desarrollo como excesivamente tópico (no hay que olvidar, sin embargo, que “Manitú” antecede a toda la fantasía urbana modera e incluso al terror cinematográfico ochentero)… en fin, no seré yo quien me queje. El libro me ha entretenido (no me ha asustado, haría falta mucho más, o cuando menos una prosa más trabajada, para poder aspirar siquiera a ello), y no ha consumido una porción muy importante de mi tiempo, y a veces eso es todo lo que se pide a un libro.

Antes de concluir me gustaría mencionar un par de curiosidades que datan indefectiblemente el libro. Por un lado está la ya mencionada credulidad de las diversas autoridades hacia lo fantástico. Cabe mencionar que más o menos por esas fechas es cuando se produjo el breve y estéril escarceo del mundo académico con lo paranormal. Existió un genuino interés en tratar de aplicar el método experimental a toda aquella fenomenología popular, aunque esta efímera respetabilidad se esfumó casi igual de rápido cuando todos los experimentos confirmaron que allí no había nada más que coincidencias y autosugestión. Más chocante hoy en día (porque, al fin y al cabo, tenemos que aceptar como premisa sine qua non los elementos fantásticos), cabe mencionar la absoluta desvergüenza con que Masterton explota la faceta india, porque tras “Manitú” hay, si eso, la más somera de las documentaciones, e incluso cuando trata de mostrarse comprensivo (reconociendo la explotación del hombre blanco y el sentimiento de culpa que ya empezaba a aflorar por esas fechas), no puede evitar caer en cuestiones que hoy en día se considerarían como poco terriblemente incorrectas.

En cualquier caso, son estas unas salvedades menores, y no seré yo quien se ponga ahora a aplicar revisionismo histórico a mis reseñas (hay que tener siempre muy presente la fecha de escritura de un libro para poder interpretar sus intenciones correctamente). “Manitú” es un libro tan simple como efectivo, y quizás sea precisamente en su simpleza donde radica el secreto de su todavía aceptable frescura.

En 1978, la novela fue adaptada al cine en una película homónima (que, sin embargo, aquí retitularon creativamente como “Retorno desde la quinta dimensión”), que pasó bastante desapercibida. “Tras “Manitú”, Masterton ha escrito otros seis libros en su serie (y un séptimo adicional que también tiene como protagonista a Harry Erskine, aunque no tenga nada que ver con espíritus indios ancestrales), el último tan reciente como de 2015 (“Plague of the manitou”). Ninguno de ellos ha sido traducido al castellano (y a “Manitú” le vendría de perlas una nueva traducción). Por alguna razón, Masterton, pese a la inmensa popularidad de que goza en el Reino Unido, no ha sido un autor que haya calado mucho en nuestro mercado.

~ por Sergio en febrero 1, 2021.

2 comentarios to “Manitú”

  1. Gran reseña, Sergio. Te recomendaría el libro de relatos de este autor que editó Valdemar Insomnia, “El hijo de la Bestia”, que es, además, de sicalíptico, desvergonzado, sorprendente, ma-ra-vi-llo-so !!!

  2. El problema con Insomnia es que eran libros terriblemente caros. Si alguna vez lo sacan en bolsillo (y en un solo tomo, que esa es otra), lo tendré muy en cuenta.

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