El Mundo Fortaleza

El pasado día 23 falleció, a los 97 años, el decano de la ciencia ficción americana, el autor y académico James E. Gunn.

Gunn inició su carrera como escritor en 1949, con la publicación de su primer cuento en Thrilling Wonder Stories. En 1955 se publicaron sus primeras novelas, «Puente entre estrellas» (con Jack Williamson) y «El Mundo Fortaleza» («This fortress world»). No fue un autor prolífico. Las seguirían otras catorce a lo largo de los sesenta años siguientes, a las que sumar un centenar de relatos que se recopilaron en ocho antologías.

La importancia de su figura dentro de la ciencia ficción estadounidense, sin embargo, no radica en esta producción, sino en su labor como estudioso y promotor del género. Ya en 1951, como tesis de máster, escribió «Modern Science Fiction: A Critical Analysis», quizás el primer estudio académico sobre el género. Desde entonces, y como miembro de la Universidad de Kansas, empezó a estudiar y a enseñar sobre ciencia ficción, con un curso específico sobre el particular impartido a partir de 1969 y convertido en un evento de cuatro semanas intensivas a partir de 1975. En 1972, junto con otros autores, instauró el premio John W. Campbell Memorial, uno de los principales para novelas de ciencia ficción, y en 1987 el Theodore Sturgeon Memorial Award, para relatos.

Fruto de todo esto, en 1982 fundó y fue el primer director del Centro de Estudio de la Ciencia Ficción, dependiente de la Universidad de Kansas, que sigue desarrollando su actividad hoy en día, y que incluye cursos, la gestión de los premios arriba mencionados (y algún otro menor) y la cogestión del Science Fiction and Fantasy Hall of Fame, que se creó en 1996. Entre su ingente labor académica, se cuentan una decena de libros de ensayo, así como la compilación de las antologías «The road to science fiction», en seis volúmenes, publicados entre 1977 y 1998.

James E. Gunn fue nombrado Gran Maestro en 2007 e ingresado en el Salón de la Fama en 2015, entre otros honores. Sus únicos premios por obras destacaron su labor ensayística, con un Hugo en 1983 a libro de no ficción para «Isaac Asimov: the foundations of science fiction» y un Locus en 1976 para «Alternate worlds: The illustrated history of science fiction».

La sombra de Isaac Asimov y su «Fundación» planea claramente sobre «Un Mundo Fortaleza», que recurre igualmente al escenario de un antiguo imperio interestelar que ha caído en decadencia y cuyos antiguos planetas se han independizado y actúan cada uno por su cuenta, sobreviviendo entre los restos de una ciencia olvidada superior. Lo que sí se percibe es un intento por parte de Gunn de subir el listón narrativo, empleando técnicas novedosas (para la época), como segmentos oníricos o alucinatorios. Paradójicamente, sin embargo, la simplicidad literaria de Asimov resulta mucho más convincente y, por supuesto, los esfuerzos de Gunn palidecen en comparación con lo que lograrían los autores de la New Wave (o incluso los mejores autores de la Edad de Plata).

El mayor fallo de la novela, sin embargo, reside en la caracterización de su protagonista, el acólito William Dane, quien tras una vida enclaustrado y dedicado, se supone, a la oración y el estudio, se transforma literalmente de la noche a la mañana en un avezado aventurero, capaz de vencer en su propio juego a los más despiadados agentes de la galaxia (y todo ello con apenas unas vagas nociones teóricas y un día a lo sumo de entrenamiento). Ahí se notan los sesgos de la ciencia ficción de la época como fantasía de realización juvenil (masculina), y el tratar de equilibrar esta función con el intento por ofrecer una sublectura política un poco más profunda no es algo que termine de funcionar.

La historia arranca al más puro estilo de la novela negra (género con el que la ciencia ficción compartía mercado), con una damisela en apuros, que deja en el cepillo de la catredal un misterioso globo luminoso durante un oficio que está dirigiendo Dane (a través de máquinas obradoras de «milagros»). Impotente, Dane contempla mediante un circuito cerrado de televisión cómo unos secuaces capturan a la dama nada más abandonar el refugio santo, le cercenan los pies y se la llevan, haciendo nacer en él el propósito de honrar su intención protegiendo el donativo con su vida… y su vida precisamente es lo que pronto se encuentra en juego, cuando alguien deja entrar en su santuario a los agentes enemigos.

Lanzado a la aventura, Dane se muestra casi al isntante como un más que digno contricante y consigue huir, iniciándose así una sección un tanto confusa en donde se verifica su transformación de inexperto acólito en aventurero profesional, navegando entre ayudas inesperadas, traiciones no tan inesperadas, demostraciones increíbles de pericia y astucia… seguidas de otras tantas de extrema ingenuidad.

Un fallo habitual de este tipo de historias, sobre todo en manos de escritores novatos, reside en la aleatoriedad de la sucesión de acontecimientos. Las cosas pasan, con muy poco agencia por parte del protagonista, que suele verse arrastrado de aquí para allá a instancias de fuerzas fuera de su control, y aquí Gunn recurre a más de un giro argumental cuestionable, que convierten esta sección de la novela en la menos interesante del conjunto. A la postre, sin embargo, toca ir recogiendo los hilos y, de nuevo según las enseñanzas asimovianas, resolver el misterio (¿Qué es el objeto? ¿Quién lo quiere? ¿Cuáles son los poderes implicados?) y cerrarlo todo con una reflexión sagaz.

Se nota que James Gunn no era ya un veinteañero inexperto, sino que con treinta y dos años, tres de servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial, un par de carreras a sus espaldas (periodismo e inglés) y casi un lustro ya de docencia universitaria, tenía cosas que decir… solo que no tenía muy claro el cómo. A la postre, la reflexión política de «El mundo fortaleza» queda un tanto embarullada (y, sobre todo, desconectada de los referentes reales, lo que posiblemente suponga su mayor tara). Posiblemente mordió más de lo que podía digerir. La ambición de la novela supera ampliamente lo que es capaz de proporcionar. Aun así, esa ambición sirve de preludio a lo que en años posteriores otros autores, quizás más preparados, acertaron a sumar a la ciencia ficción.

Hay que aceptar «El Mundo Fortaleza» como una obra de su tiempo, y bajo ese prisma resulta incluso adelantada. Por desgracia, lo básico de sus personajes y cierta torpeza narrativa le impiden explotar todo su potencial. James Gunn parecía saber perfectamente el camino que estaba tomando la ciencia ficción… pero no es lo mismo el conocimiento teórico que la implementación práctica, y habría que esperar a autores como Walter M. Miller Jr. (con «Cántico por Leibowitz«, de 1959, que comparte cierto elementos con la novela de Gunn) para reformular los temas de la Edad de Oro, librarse de la orientación excesivamente juvenil y apuntar a objetivos más ambiciosos.

James Edwin Gunn
12 de julio de 1923 – 23 de diciembre de 2020
IN MEMORIAM

Otras opiniones:

~ por Sergio en diciembre 30, 2020.

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