Tiranía universal

Damon Knight fue un autor celebrado sobre todo por su producción breve, hasta el punto de ser considero un maestro del relato de ciencia ficción (siendo quizás su cuento más famoso “El hombre: cómo servirlo”, publicado en Galaxy en 1950 y base de un significativo episodio de The Twilight Zone). Cuenta, sin embargo, con dieciséis novelas, publicadas básicamente en dos tandas (nueve entre 1955 y 1966, y seis entre 1981 y 1992; con la faltante aparecida en 1996). La más recordada de ellas quizás sea “Tiranía universal” (1959 como “The people maker”, ampliada en 1961 y recuperando el título del relato original, aparecido en el número de noviembre de 1957 de Fantasy and Science Fiction: “A for Anything”).

El elemento nuclear de la historia es el gismo (tal vez hubiera sido conveniente traducirlo como “chisme” o incluso “chizme”), un duplicador de materia sencillo, capaz tanto de replicar cualquier cosa que se le ponga en un extremo como de autoreplicarse. Se trata del invento de un ingeniero que, presionado por el gobierno, decide distribuirlo libremente, poniendo así en marcha los acontecimientos de la novela.

Tras un par de capítulos introductorios, que son casi cuentos independientes (el que describe la liberación del gismo, y otro que nos muestra la situación inmediatamente posterior), la acción salta a tres o cuatro generaciones más tarde, donde se nos muestra el efecto que el duplicador ha tenido en la sociedad. De acuerdo con la propuesta de Knight, siendo todo gratuito, lo único que sigue teniendo valor es la propiedad de otro ser humano (una proposición discutible cuando menos), por lo que al asentarse el polvo de los disturbios provocados por el Cambio, lo que queda es una sociedad neofeudal esclavista, en la que los gismos se encuentran férreamente bajo el control de los poderosos  y existen más de cien esclavos (“cuerpos”) por cada hombre libre.

Durante el resto de la novela seguimos el punto de vista de Dick Jones, el joven heredero del pequeño señorío de Buckhill. Al acercarse su mayoría de edad, va a tener que cumplir con la tradición de servir durante cuatro años al Amo de Eagles, de quien dependen (aunque antes tendrá que resolver una disputa interna). Al llegar a Eagles se encuentra con una sociedad profundamente estratificada, en la que el clientelismo lo determina casi todo y donde sus convicciones se verán sacudidas y tendrá que madurar a pasos agigantados para siquiera sobrevivir.

El planteamiento, salvando el detalle de la inevitabilidad de la esclavitud, es sugerente, y bien podría haber dado lugar a una historia mucho más… significativa. Por desgracia, Damon Knight se queda continuamente al borde de realizar algún comentario de peso, ya sea sobre cuestiones económicas o sobre cuestiones éticas. Hay un breve episodio donde unos personajes debaten sobre la moralidad de la institución de la esclavitud, pero todo resulta demasiado superficial y, a la postre, inconsecuente.

Tengo la impresión de que el autor no pretendía tanto realizar una reflexión sobre el pasado esclavista de su país y la naturaleza arbitraria de las relaciones históricas de dominancia (y en 1961 esa era una cuestión de lo más candente), como sinceramente desarrollar de forma lógica una premisa surgida de su interpretación sobre los posibles efectos de la introducción de la tecnología de replicación. Donde todo falla, a mi entender, es en el mismo planteamiento del gismo, porque a Damon Knight se le olvida (o nunca pretende) señalar su limitaciones, y sin limitaciones la ciencia ficción deviene en fantasía arbitraria.

Así, tenemos un duplicador que contraviene todas las leyes conocidas por la física y crea materia sin gasto de ningún tipo (ni en materia prima, ni en energía). La única limitación sería el tamaño, y pronto la soslaya imaginando gismos mayores (aunque no llega a explicar cómo se construyen o quién lo hace). A lo largo de la novela imagina también una suerte de inhibidor que da lugar a “protes”, o precursores en éstasis de los duplicados, que pueden almacenarse indefinidamente sin cambios, pero da la impresión de que no se trata de un desarrollo meditado, sino de algo improvisado para solucionar un escollo narrativo y que no se explota a fondo (como tampoco se explota por completo las implicaciones de la duplicación de seres humanos… esclavos, por supuesto).

Otro problema de la novela es la absoluta antipatía que genera el protagonista (no por nada, tal vez, lleva por nombre Dick) y su brutal falta de preparación (no resulta concebible que su padre, conocedor de la prueba que tendrá que superar en Eagles, no lo eduque mejor para cuando menos no ser un pardillo. Aquí la novela peca a ojos modernos de ser excesivamente juvenil. Importa más forzar el desarrollo evolutivo del protagonista que la verosimilitud, y si eso implica hacerlo excesivamente naif al principio (y tonto de remate durante todo el libro), sea.

Como mejor funciona “Tiranía universal” es entresacando ideas sueltas, a modo de minicuentos. Destacaría los primeros capítulos, y también un episodio intermedio, en el que los guardias de Eagles creen que un grupo de salvajes poseen un gismo cuando en realidad solo cuentan con una sencilla cruz. De igual modo, a lo largo de toda la novela hay multitud de ideas sugerentes e incluso brillantes, que por desgracia quedan apenas esbozadas, careciendo del desarrollo que hubiera podido hacer de la novela un título mucho más relevante.

La esclavitud es un tema demasiado complejo y sustancial como para tratarlo con tanta ligereza (tal y como la realidad pronto se encargaría de demostrar a través de la convulsa historia de la lucha por los derechos civiles que estaba en ciernes), y tampoco resulta convincente su reflexión en torno a una economía post-replicativa (es una visión que solo se le podría ocurrir a un estadounidense). Se centra en exceso en el tema arbitrario de la esclavitud y pasa de puntillas sobre el freno a la innovación, la reasignación del valor de las cosas (que debería haber pasado a medirse en horas de trabajo, por ejemplo) o el desmantelamiento de las estructuras sociales industriales.

En otras palabras: narrativamente se nota el oficio de Damon Knight y su capacidad para crear escenas; por desgracia, la coherencia interna del escenario es tan tenue que no resistiría el más ligero examen, y además el personaje principal tiene la personalidad de una ameba, y esos son defectos difíciles de soslayar.

Otras opiniones:

~ por Sergio en diciembre 26, 2020.

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