Prince of Thorns (Príncipe del mal)

Junto con Joe Abercrombie, Mark Lawrence constituyó en cierto sentido la punta del lanza del movimiento grimdark en el Reino Unido (al menos, desde que empezó a ser reconocido como tal). No solo eso, sino que a lo largo de los años ha dedicado muchos recursos a reflexionar sobre el género, y “Príncipe del mal” (“Prince of Thorns”, 2011), su primera novela, supuso en ese sentido toda una declaración de intenciones (aunque poco a poco ha ido abandonando ese estilo).

Para Mark Lawrence, el grimdark es algo más que simplemente regodearse en la oscuridad y la violencia. Hay un propósito tras toda esa crudeza, un posicionamiento entre filosófico y estético, que busca sacudir al lector, sacarlo a patadas de su zona de confort y encararlo con esos aspectos no tan épicos sobre los que la fantasía (y no solo la fantasía, sino también la historiografía, y en cierto sentido también nuestra percepción sesgada del mundo) suele pasar de puntillas; los secretos oscuros de los que nos avergonzamos tanto que fingimos su no existencia.

El grimdark sería pues una narración hiperbólica, una celebración del egoísmo y la violencia, que a través de cierto grado de exageración pone de manifiesto que no vivimos en un mundo de blancos y negros, sino de grises, y que de hecho muchos de nuestros héroes (pasados y presentes) hacen gala un carácter y unas motivaciones cuestionables. Nos invita, por tanto, a dejarnos de pañitos calientes y a asumir una postura cínica ante la vida, a dudar de todo y de todos, a abrir los ojos y reconocer que no vivimos en el País de la Piruleta.

El modo en que logra todo esto con “Príncipe del mal” es bastante simple. Toma algo que consideramos el epítome de la inocencia, la niñez, y lo pervierte, creando un personaje, Jorg Ancrath, que se nos presenta con trece años (bien desarrollados) como líder de una sanguinaria banda de criminales, la Hermandad, masacrando y violando como el que más, sin otra motivación que el beneficio propio inmediato. Algo que cambia, sin embargo, cuando el causante de sus males, su tío Renar, reemprende su campaña en contra de Ancrath, y así Jorg decide llevar a cabo su venganza, tanto tiempo postergada… como primer paso para reclamar primero su herencia como príncipe y, a continuación, unificar los cien reinos en un imperio bajo su mando.

La narración, en primera persona, alterna entre Jorg a los catorce años (recién cumplidos), enfrentado a su padre para reclamar su lugar, y el niño de nueve años que era cuando los hombres de Renar emboscaron la partida en la que iba con su madre y su hermano, a quienes torturaron, mataron y, en el caso de su progenitora, violaron, sin que él pudiera hacer nada para impedirlo o siquiera para sacrificarse junto con ellos, al quedar atrapado entre las espinas de un arbusto. Para cuando lo rescatan horas después, medio muerto por el calor y la hemorragia, algo en su interior se ha roto irremediablemente, y no tarda mucho en huir del castillo, en compañía de una banda de maleantes, dando inicio así a su sangrienta historia.

Pese a que Mark Lawrence nos presenta a un Jorg inusualmente desarrollado para su edad, lo cierto es que las andanzas del niño/asesino rozan lo inverosímil, y únicamente logra vendérnoslas presentándolo como total y absolutamente trastornado. La suya es una sociopatía tan extrema que solo su completa carencia tanto de empatía como de prudencia, unida a una astucia natural liberada de trabas morales, consigue no solo hacer plausibles sus logros, sino rizar el rizo y acabar ganando nuestras simpatías o, cuando menos, nuestra comprensión.

El autor juega con la idea del antihéroe llevado al extremo. De hecho, bajo casi cualquier prisma que lo examináramos, Jorg es un villano. Cualquier prisma salvo tal vez uno, el suyo propio. Desde su perspectiva no hay héroes ni villanos; hay necesidades, hay obstáculos, hay enemigos y herramientas (que no, realmente, “amigos”); existen el odio y la ambición, y sobre todo una meta, que es la misma que ha obsesionado a todos los “grandes” hombres de la historia: el poder.

Con “Príncipe del mal”, Mark Lawrence presente sin tapujos la inmoralidad intrínseca del ansía de poder y de todos los medios que se han venido justificando a ese fin. Sin embargo, la sociopatía (provocada, tal vez, por la terrible prueba a la que se ve sometido entre las espinas) del príncipe Jorg resulta, paradójicamente, una buena disculpa, que nos invita a reflexionar y a reevaluar a todos cuantos en la ficción o, sobre todo, en la realidad, se han embarcado en similares gestas.

La vuelta de tuerca definitiva llega, además, con la confirmación de que hay fuerzas ocultas manejando los hilos de las naciones, y que tal vez Jorg el Emperador podría llegar a ser el menor (de un modo considerable) de dos males. ¿Resultan necesarios, entonces, los sociópatas como Jorg? ¿Se reduce todo a encontrarse del lado correcto de la espada del más cabrón entre los cabrones? El libro, por supuesto, no ofrece respuestas sencillas… o, ya que estamos, de ningún tipo. Cada lector tendrá que llegar hacer ejercicio de autorreflexión y llegar a sus propias conclusiones.

Para concluir, no puedo sino mencionar la originalidad del escenario, que añade un elemento más de disfrute a la novela, pues “Príncipe del mal” se ambienta en una Europa post-apocalíptica, en la que un milenio después de la Noche de los Mil Soles una infinidad de reinos luchan entre sí, tras haber revertido la tecnología a un estado similar al de la Edad Media (aunque todavía quedan, aquí y allá, remanentes, en ocasiones letales, de otra época). En conjunto, constituye una interesante mezcla de fantasía y ciencia ficción (aunque formal y estilísticamente la novela se decanta claramente por la primera).

La historia de Jorg continuó en 2012 con “King of Thorns”, y concluyó en 2013 con “Emperor of Thorns”, completando así la trilogía del Broken Empire o de la Sangre. Las tres novelas fueron finalistas del ya por desgracia desaparecido premio David Gemmell (“El príncipe del mal” en la categoría de mejor debutante), con la última de ellas conquistando el galardón den 2014.

Otras opiniones:

~ por Sergio en julio 9, 2020.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

 
A %d blogueros les gusta esto: