Reconquistar Plenty

En 1990 el escritor británico Colin Greenland obtuvo el mayor reconocimiento de su carrera con “Reconquistar Plenty” (“Take back Plenty”), una novela que le llevó a ganar tanto el premio Arthur C. Clarke como el BSFA (por delante, nada menos, de “La máquina diferencial” de Gibson y Sterling, “Hyperion” de Dan Simmons y “El uso de las armas” de Iain Banks), mientras que los EE.UU. fue finalista un par de años después del Philip K. Dick.

Lo cierto es que este grado de entusiasmo (británico) solo se explica como parte de una conversación en torno a la New Wave (británica), que fue el objeto de la tesis doctoral de Greenland y que en 1983 produjo el libro de ensayo “The Enthropy Exhibition”. Para 1990 aquel movimiento era ya parte del pasado, aunque su influencia seguía estando muy presente, empujando el género hacia un estilo más literario, quizás no tan experimental en lo formal, pero sí con mayores aspiraciones de un reconocimiento que, de hecho, le había sido esquivo a los grandes títulos de la New Wave (por las repetidas controversias en las que se había visto envuelta New Worlds, la publicación señera de la época).

La gran corriente en auge en las islas británicas era la de la nueva space opera, con elementos hard y sociológicos, abanderada por Iain Banks, que inició la serie de la Cultura en 1987 con “Pensad en Flebas“, aunque el estilo se desarrollaría y crecería sobre todo durante los años noventa. “Reconquistar Plenty” supuso un contrapunto al estilo de Banks, pues abogó no tanto por la exploración de nuevos escenarios como por la revisión de algunos de los más clásicos de la ciencia ficción, pasados, eso sí, por el filtro literario dejado por la New Wave. En otras palabras, “Reconquistar Plenty” recupera el Sistema Solar pulp, con su anciano Marte cruzado por canales de agua y su Venus selvático, y recupera así mismo el sentido aventurero de la Edad de Oro, con sus intrigas espaciales, sus alienígenas pintorescos y su acción trepidante… pero lo hace prestando especial atención al estilo.

La novela nos cuenta los problemas en los que se mete la capitana Tabitha Jute y su carguero de clase Bergen Kobold, la Alice Liddell, cuando acepta casi a la fuerza el encargo de Marco Metz y su grupo circense, Contrabando, de llevar hasta Titán un misterioso cargamento que han de subir a la nave en Plenty, la antigua estación de los frasques. Pero para explicar quiénes son los frasques hay que remontarse a unos años atrás, cuando los capellanos contactaron con la humanidad y les hicieron el regalo del impulsor espacial… al tiempo que imponían sobre ella una limitación de uso que se extiende tan solo hasta la órbita de Plutón.

Tras el contacto, multitud de especies alienígenas entraron en el Sistema Solar, incluyendo a los burocrácticos eladeldi (que son los encargados de implementar las políticas capellanas) y a los misteriosos frasques, quienes tras gozar de cierta libertad inicial acaban siendo exterminados bajo la acusación de estar desarrollando un plan a largo plazo para adueñarse de la Tierra y esclavizar a la humanidad.

El grueso de la historia lo constituye la narración de las vicisitudes de la Alice Liddell, rebotando de huida en huida por todo el Sistema Solar, mientras Marco Metz y sus troupe (los hermanos Zodiaco, el loro alienígena Tal y el transhumano querubín Xtasca… sin olvidar a Hanna, su jefa muerta y crioconservada en Plenty) no dejan de cambiar su versión sobre lo que están transportando realmente. Sea lo que sea, lo cierto es que parece llamar la atención de fuerzas poderosas (que, de algún modo, no dejan de localizarlos en los momentos más inconvenientes).

Intercalados con estos segmentos tenemos fragmentos de conversación entre Tabitha Jute y la personalidad de la Alice Liddell, donde se nos va poniendo al día acerca de la experiencia vital previa de la capitana, desde sus inicios en la Luna (alguien tiene que nacer allí), pasando por las distintas etapas de su carrera profesional hasta lograr su propia nave, e incluyendo episodios coloridos como la boda/protesta/orgía alienígena a la que asiste. De largo, la porción más interesante del libro… y en ocasiones lo único que me ha permitido seguir avanzando por la trama principal.

Porque lo siento, pero no he conseguido pillarle la gracia a la novela. Al principio la calidad literaria me bastaba (aunque sospecho que hay buena parte de la misma que se pierde con la traducción, porque no encuentro por ningún lado la “poesía” que defienden las críticas anglosajonas), pero a medida que se iba desarrollando la historia y descubría que Tabitha Jute carece por completo de agencia (todo le ocurre a ella, pero dejándose llevar por las circunstancias, sin tomar ninguna decisión), y que la sucesión de eventos es poco menos que aleatoria (incluyendo un muy conveniente accidente que fuerza hasta el punto de ruptura toda coherencia lógica), mi interés fue decayendo, y lo único que deseaba es que todo terminara de una vez (con un deus ex machina, por supuesto, no podía ser de otra forma).

“Recuperar Plenty” pretende eso mismo, recuperarlo todo; la fascinación por lo exótico de la ciencia ficción temprana, los escenarios pintorescos, los alienígenas fascinantes (y arquetípicos), hibridándolo todo con una sensibilidad propia de la New Wave en su alternancia de estilos (e incluso en la plasmación, un tanto forzada e innecesaria, todo hay que decirlo, de la sexualidad de su protagonista; pareciera que está ahí simplemente para cumplir cuotas de newaveridad) pero para mí gusto se olvida de armar con un poco más de coherencia la historia. Simplemente, no es lo bastante deslumbrante como para hacerme obviar que a nivel de trama tiene la profundidad de un charco. 

De la misma época más o menos, y a mi entender mucho más exitosa en su hibridación, tuvimos también “Las estaciones de la marea“, de Michael Swanwick, que intentó contar una historia cyberpunk con herramientas narrativas tomadas de la New Wave. Tal vez tratar de entremezclar space opera pulp y New Wave fue tensar demasiado el juego de opuestos, porque ese tipo de space opera exige casi superficialidad, ya no solo referencial, sino también estilística, y, de hecho, en estos momentos, es algo que se está cultivando con éxito en las islas británica, al menos si he de guiarme por el ejemplo de “Embers of war“, de Gareth Powell (también ganadora del BSFA).

Por casualidad estuve leyendo ambas en paralelo (una en físico y la otra en digital), y no pude dejar de percibir las similitudes entre ambas. La más moderna no se retrotrae hasta un escenario pulp y, de hecho, toma elementos de la space opera hard de Banks, pero su inclinación hacia la aventura ligera, su desprecio por las justificaciones científicas y su aversión a intentar desarrollar cualquier tipo de reflexión ulterior es muy similar. Se diferencian principalmente en que ese ánimo literario que caracteriza “Recuperar Plenty” está ausente por completo en la obra de Powell, que opta por un estilo de lo más simple y funcional.

Se diría que, a la larga, aunque Iain Banks y su Cultura marcaron el camino durante muchos años, es el modelo nostálgico, exótico y ligero de Greenland el que está recuperando terreno.

Colin Greenland expandió la historia de Tabitha Jute y Plenty a lo largo de otros tres libros, las novelas “Seasons of Plenty” (1995) y “Mother of Plenty” (1998), así como la antología “The Plenty Principle” (1997), aunque ninguna de ellas ha registrado el mismo impacto que el título inicial.

Otras opiniones:

~ por Sergio en julio 6, 2020.

2 comentarios to “Reconquistar Plenty”

  1. Le atribuyen a Sturgeon el haber dicho que el 90% de cualquier cosa es basura, en respuesta a ese ataque a la Sci Fi según el cual el 90% de la producción del género era pobre o de mala calidad. Tal vez por eso tenga sentido que la mayoría de las ultimas reseñas del blog sean más bien negativas; de todos modos Sergio yo echo un poco de menos que incluyas comentarios de obras que te hayan entusiasmado. Saludos desde Argentina y gracias por mantener vivo el blog, es una joya.

    • Mala suerte lectora, supongo, aunque sí, yo también me he dado cuenta de que de un tiempo a esta parte estoy un poco negativo (“La guerra de la paz” aparte). Quizás es porque llevo un tiempo prestando atención a los premios más recientes, y no ando muy en consonancia con lo que se viene premiando desde hace unos años. La última vez que me vi en una así, me lancé a los clásicos (que son más cuestión de análisis que de crítica), pero bueno, ya me gustaría a mí entusiasmarme, ya… Gracias a ti por seguir ahí, que el blog sin lectores no es nada.

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