Enemigos de Esparta

Rompo un poco con la temática del blog para reseñar una novela de otro de mis géneros favoritos, el histórico (siempre historia antigua), y lo hago con “Enemigos de Esparta”, de Sebastián Roa (2018), que nos lleva a la Hélade de principios del siglo IV a.C., un período de profundos cambios que no es tan común en la ficción, que suele centrar su mirada en el Siglo de Pericles, con las guerras médicas, el predominio de Atenas, desembocando en la guerra del Peloponeso y la hegemonía espartana.

En cierto modo, “Enemigos de Esparta” responde a esa glorificación de lo espartano que de un tiempo a esta parte es tan común, gracias al mito fundacional de las Termópilas, presentado ya desde tiempos de Heródoto como un punto pivotal en el conflicto entre democracia (helenismo) y tiranía (oriental). Lo cual no deja de ser irónico, porque Esparta no se posicionaba precisamente del lado de la democracia, siendo su sistema de gobierno una diarquía aristocrática. De igual modo, su predominio político y militar sostuvo por toda Grecia a las facciones oligárquicas, estableciendo así gobiernos títere en las principales ciudades (a las que obligaban, además, a derribar sus muros, a ejemplo de la propia Esparta).

En este contexto arranca la novela, en el año 380 a.C., de la mano de Prómaco, un joven y prometedor soldado de infantería ligera (peltasta) a las órdenes del prestigioso general Ifícrates. Por amor, sin embargo, se ve obligado a abandonar su puesto, huyendo junto con su chica, Veleka, para intentar ofrecerse como mercenario al mayor poder militar de la época, el ejército espartano. Las cosas, sin embargo, no funcionan como había previsto, y se encuentra de repente apaleado, dado por muerto y abandonado, con su amada raptada por un guerrero espartiata.

Las circunstancias acaban llevándolo a Atenas, donde su odio hacia Esparta le acaba asociando con el noble tebano Pelópidas, que se encuentra allí exiliado, buscando la ocasión de recuperar su ciudad de manos de las facciones proespartanas, con el objetivo último de declarar la guerra a los poderosos lacedemonios. Así, Prómaco, siendo él mismo medio tebano, se ve involucrado en el conflicto que durante los veinte años siguientes azotaría toda la Hélade, convertida en un escenario de alianzas cambiantes, escaramuzas, hambre y, finalmente, guerra abierta. Todo ello sin permitirse olvidar a la cada vez más distante Veleka (pese a la atracción mutua con Agarista, la hermana de Pelópidas, destinada por su origen aristocrático a desposarse con un noble tebano).

“Enemigos de Esparta”, navega con brío por este turbulento período, ofrenciendo atisbos de personajes como Platón, el futuro Filipo de Macedonia, el Gran Rey Artajerjes (II) y, por supuesto, los líderes tebanos Pelópidas, Górgidas y Epaminondas. Eso sí, el foco se encuentra siempre situado sobre el totalmente ficticio Prómaco, y tal vez alguno de estos personajes históricos se aleja un tanto del papel que suele atribuírsele en la historiografía (el caso más evidente es tal vez el de Górgidas, aunque la mayor pérdida sea quizás que la relevancia de Epaminondas queda diluida entre tanto personaje (y por la cuota de protagonismo que reclama Prómaco). Por supuesto, no hay que tomar una novela histórica como ensayo, y hay un tema central, que resuena con fuerza a lo largo de toda la novela, y es la lucha contra la tiranía, representada no solo por la lejana Esparta, sino también por las facciones internas que buscan imponer una visión más restrictiva del reparto de poder (lo cual enlaza también un poco con una visión antidiscriminatoria). Es cierto, sin embargo, que esta aproximación imprime a la historia cierto maniqueísmo, dibujando a los tebanos como desinteresados defensores de la democracia (cuando se trata más bien de un conflicto en el que prima, y mucho, las ansias por construir protoimperios).

Más allá de la sublectura principal, y aunque ya he avisado que no se trata de historia en sentido estricto, resulta fascinante la plasmación de un período histórico tan importante como olvidado, durante el que se produjo la desarticulación del estilo de vida helenístico clásico, con sus ciudades-estado, sus normas de convivencia y su estilo de combate, apoyado principalmente en los hoplitas (infantería pesada), que dio paso a la época de los grandes imperios (primero el Macedonio) y al predominio de la infantería ligera armada con lanzas largas y la caballería (lo que desembocó en la imparable falange macedónica, que solo una generación después pasó como un rodillo sobre toda Grecia y conquistó a continuación medio mundo).

En este breve período de interregno (los acontecimientos que se dirigieron hacia la hegemonía tebana), asistimos también al ocaso de una forma de luchar, que por más de un siglo ha permanecido invicta y que acaba siendo total y definitivamente desbarata en las batallas de Leuctra y Mantinea. Asistimos también a la creación y consagración del famoso Batallón Sagrado tebano (aunque curiosamente, como en el resto de la novela, la relación homosexual entre sus componentes no se muestra como una relación asimétrica entre el heniochoi (el conductor mayor) y el paraibatai (el compañero más joven), y así, en definitiva, a un auténtico cambio de guardia en las relaciones de poder en el mundo antiguo.

Quizás en medio de todo ello la historia personal de Prómaco queda un poco diluida, y así en ocasiones su protagonismo nos priva de ahondar en la alta política (y sé que me repito, pero esto es especialmente lamentable para el caso de Epaminondas, cuya figura fundamental aparece totalmente diluida), pero es el precio a pagar para conseguir construir un relato novelístico a partir de datos parciales y no siempre congruentes.

“Enemigos de Esparta” nos lleva a un período fascinante, con paralelismos más profundos e inquietantes con nuestra sociedad actual de lo que quizás nos gustaría reconocer. Su planteamiento queda ya de manifiesto en el título,  y es así, por tanto, una visión un tanto idealizada del conflicto, pero aun celebrando la derrota de Esparta y su sociedad aristocrática, no deja de ofrecer atisbos del futuro que le espera a la Hélade, que ya nunca recuperará el esplendor de antaño en un mundo cambiante. Siempre me han atraído las narraciones de cambio de ciclo, y en esta novela tenemos una muestra magnífica, aderezada, además, con grandes escenas de batalla, que nos llevan con maestría al interior de una falange de hoplitas o de una formación de peltastas.

Otras opiniones:

~ por Sergio en junio 15, 2020.

Una respuesta to “Enemigos de Esparta”

  1. Por lo que cuentas, es una novela a tener en cuenta. Me ha despertado cierto gusanillo al menos.

    Saludos.

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