Las mentiras de Locke Lamora

Scott Lynch publicó su novela debut, “Las mentiras de Locke Lamora” (“The lies of Locke Lamora”) en 2006, alcanzando un gran éxito de crítica y público, aunque tal vez más entre el público general que dentro de los círculos de aficionados, lo cual no fue óbice para que la novela fuera finalistas de dos premios tan prestigios como el World Fantasy y el British Fantasy.

Este título se anunciaba ya como el primero de una serie, la de los Caballeros Bastardos, que al año siguiente se amplió con el segundo volumen, “Mares de sangre bajo cielos rojos”… pero entonces le ocurrió algo similar a lo que aconteció con Patrick Rothfuss, que ese mismo 2007 publicó, con un recibimiento todavía más polarizado, la primera novela de sus Crónicas del Asesino de Reyes, “El nombre del viento“: la tercera entrega, “The republic of thieves”, se demoró seis años…. y aún estamos esperando las anunciadas (y ya tituladas) cuarta, quinta, sexta y séptima.

Al contrario que con la obra de Rothfuss, sin embargo, las aventuras de los Caballeros Bastardos pueden leerse de forma razonablemente independiente, y “Las mentiras de Locke Lamora”, sin ir más lejos, supone una lectura autocontenida, que no necesita de las secuelas para ofrecer un desenlace (aunque sí deja flecos sueltos).

El libro nos traslada a la ciudad de Camorr, capital del antiguo (y actualmente muy venido a menos) imperio del Trono de Therin, que a su vez se asienta sobre las misteriosas ruinas dejadas por una raza ya extinta del pasado mítico. Esta ciudad, inspirada en la Venecia renacentista, posee distintas capas de gobierno, y los bajos fondos son dominio del Capa Barsavi, a quien han jurado lealtad y rinden tributo los distintos garristas (jefes de bandas).

Avanza, además, en dos líneas temporales diferentes. La principal de ellas con el personaje del título ya asentado como jefe de la pequeña banda de los Caballeros Bastardos, supuestamente unos rateros de poca monta, integrada por cinco miembros (y una sexta, ausente durante toda la novela). La otra va desgranando la introducción de Locke en el mundillo criminal de Camorr, cuando es captado a muy tierna edad por el Hacedor de Ladrones… quien al descubrir (y sufrir) su talento para el engaño acaba vendiéndolo al Padre Cadenas, bajo cuya tutela aprende, siendo esto secreto hasta para el propio Capa, el sutil arte del timo.

Mientras que la primera de las líneas temporales mencionadas sirve sobre todo para ir presentándonos a los personajes y definiendo sus caracteres, el núcleo de la narración se centra en la trama del Locke adulto (aunque aún joven), que se ha convertido a espaldas de todos (menos de sus hermanos en el crimen) en el mítico ladrón conocido como Espina de Camorr, que vulnera la Tregua Secreta establecida entre ladrones y nobles, timando a estos últimos de forma tal que, por vergüenza y por miedo, asumen las pérdidas y tratan de seguir adelante sin levantar la liebre.

Todo marcha de maravilla (aunque hacia ningún lugar en concreto) hasta que se presenta en la ciudad el misterioso Rey Gris y empieza a matar a los garristas de Capa Barsavi, haciendo caer sobre la ciudad la amenazadora sombra de una guerra de bandas como no la ha habido desde que Barsavi se hizo con el poder absoluto. Circunstancia esta que, peligros personales aparte, pilla a los Caballeros Bastardos en muy mal momento, en medio de un elaborado engaño mediante el cual están sangrando a la que, tal vez, vaya a convertirse en su presa más escurridiza.

Si hay algo por lo que destaca Scott Lynch es, sin duda, por su vigor narrativo. “Las mentiras de Locke Lamora” es un libro con unos personajes carismáticos, una estructura perfectamente diseñada y un escenario que, si bien no resulta extraordinariamente novedoso (salvo por un par de detalles, tiene muy poco de fantástico, aunque no he podido dejar de apreciar un aire lejano a la ciudad de Nessus en “La sombra del torturador“, de Gene Wolfe… más similar incluso que con la ciudad de Malacia de Brian Aldiss, inspirada igualmente en la Venecia renacentista), se aprecia vibrante y lleno de vida. Por desgracia, también es una novela tramposa, que recurre a todos los trucos del manual para tratar de ocultar lo facilona que es su trama.

Porque para una novela que, supuestamente, se orienta hacia la picaresca, presentando lo que a todos los efectos es un típico equipo de estafadores profesionales (con su cerebro, su músculo, sus actores….), todo lo que tiene que ver con los timos resulta rematadamente simplón, llegando en ocasiones al extremo del insulto (impremeditado). Resulta, además, que aparentemente Locke Lamora es malo haciendo planes. Lo suyo es improvisar, cosas tan ridículas como timar al gobernante de Camorr (tras haber sido incapaz de camelarse a un simple funcionario)… solo para hacerse con un traje elegante que le permita continuar con su timo inicial.

Personalmente, detesto cuando una novela me toma por tonto y actúa en consecuencia, y en esta ocasión me molesta el doble, porque de verdad quería disfrutar de “Las mentiras de Locke Lamora”, y pese a ir devorando las páginas por las virtudes ya expuestas, eso es algo que se me fue haciendo cada vez más cuesta arriba. No hay nada peor que intentar hacerse el inteligente cuando se es más simple que el mecanismo de un botijo. La picaresca se sustenta en el ingenio, y hay muy poco de eso a lo largo de todo el libro, por mucho que el autor se empeñe en contarnos lo inteligentes que supuestamente son Locke Lamora y su pequeña banda de pícaros, falla estrepitosamente a la hora de demostrarlo.

Sí, la trama se cierra, y lo hace más o menos bien, aunque hay por ahí un mago que supone otra trampa, pues sus poderes son tan desproporcionados que sustituyen en el plan del Rey Gris el ingenio por la fuerza bruta (y la debilidad por la que acaba siendo derrotado una tontería que puede deslumbrar de primeras, pero a poco que la pienses se revela como una chorrada). Para ser una novela de personajes inteligentes que maquinan para lograr sus objetivos, casi todo avanza a golpe de interferencia autoral… y leer algo así es casi como hacerse trampas al solitario. Tal vez se llegue al resultado deseado, pero durante el proceso, al menos para mí, ha perdido toda la gracia.

El World Fantasy Award de 2007 fue para Gene Wolfe por “Soldado de Sidón”, el tercer y último volumen de la serie de Latro; también estaba nominada Ellen Kushner por la obra que se hizo con el Locus de Fantasía de aquel año, “El privilegio de la espada”; por su parte, el British Fantasy Award fue para Tim Lebbon por “Dusk”; mientras que quedó segundo en el Locus de primera novela, por detrás de “El dragón de su majestad”, de Naomi Novik, que le arrebató igualmente el Compton Crook.

Otras opiniones:

~ por Sergio en junio 11, 2020.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

 
A %d blogueros les gusta esto: