The stars are Legion (Las estrellas son Legión)

“Las estrellas son Legión” (“The stars are Legion”, 2017), ha supuesto la presentación de la autora al mercado español, con tal ímpetu, de hecho, que le valió el año pasado el premio Ignotus a mejor novela extranjera, por delante incluso de “La quinta estación“, de N. K. Jemisin. En el panorama internacional el impacto no fue tan grande, lo cual no fue óbice para que no recibiera nominaciones al John W. Campbell Memorial y al Locus de Ciencia Ficción (perdiendo frente a David Walton por “The genius plague” y John Scalzi por “El fin del imperio” respectivamente).

¿Pero es esta novela realmente ciencia ficción? Intentaré contestar a esta pregunta al final. Primero, una breve caracterización.

“Las estrellas son Legión” nos lanza de golpe en medio de un conflicto que lleva mucho tiempo desarrollándose y del que sabemos tan poco como Zan, la protagonista amnésica a la tratan como comandante de la armada de Katazyrna, uno de los mundos de la Legión, empeñado en conquistar el mundo de Mokshi frente a la oposición/competencia de Bhajava. ¿Por qué es tan importante conquistar Mokshi? El caso es que los mundos, unos entes tecnoorgánicos, están muriendo. Embarcados en un viaje sin destino, atrapados en órbitas ancestrales en torno al sol artificial central, su capacidad de regeneración se está viendo comprometida, y al parecer, sin que se nos explique muy bien el motivo, es el mundo de Mokshi el que esconde el secreto de la salvación para el Lord que demuestre suficiente fuerza (y crueldad) para hacerse con el control. Oh, sí, y los mundos están habitados únicamente por mujeres (lo que hizo que alguien tratara de menospreciar la novela rebautizándola como “Lesbians in space”… a lo que Hurley contestó adoptando de buena gana el título y componiendo incluso una portada alternativa con él).

Pronto, tras la confusión inicial, la trama se subdivide en dos líneas no exactamente equivalentes, narradas por sus dos protagonistas. En una, Zan es reciclada tras su último fracaso y arrojada al centro del mundo de Katazyrna, desde donde tendrá que desandar (de nuevo, al parecer) el camino hasta la superficie, para completar un misterioso plan del que ignora casi todo, elaborado junto con Jayd, la hija de Anat Katazyrna, la despiadada Lord del mundo a la que pretenden destronar, como paso previo para hacerse con Mokshi. Las cosas parecen descarrilar, sin embargo, cuando Bhajava ataca y conquista Katazyrna y Jayd se convierte en una de las escasas supervivientes, capturada por Lord Bhajava para utilizar su útero, del que se nos dice que puede producir un mundo.

Así, mientras Zan comienza a ascender nivel tras nivel por la compleja ecología concéntrica de Katazyrna, Jayd se enfrenta a otra mujer ambiciosa y cruel, a la que tiene además que arrebatar una reliquia de Mokshi, un brazo mecánico que Zan entregó como trofeo a Lord Katazyrna. Ambas se enfrentarán a dificultades importantes, aunque solo el viaje de Zan se estructura como una típica búsqueda (de autoconocimiento, sobre todo), a la que se van sumando distintos personajes pertenecientes a alguna de las múltiples sociedades de los submundos de la Legión. Jayd, por su parte, oscila entre la implementación del plan y el derrotismo, entre el odio hacia Lord Bhajava y una extraña atracción amorosa (a la que esta corresponde dentro del arquetipo controlador/maltratador).

Lo cierto es que la historia en sí no es demasiado interesante, y el estilo de Hurley se me antoja muy, muy seco. En lo que destaca es en la ambientación, pues ha construido un escenario propio de la space opera, pero deudor del body-horror ochentero, la filosofía de la nueva carne y los delirios biomecánicos de Giger, al servicio por una vez de una perspectiva femenina, que carga las tintas en cuestiones reproductivas. Así, junto con hangares, astronaves e incluso armas orgánicas, encontramos que todas las habitantes de los mundos colaboran en una especie de simbiosis con ellos, gestando en sus úteros los elementos que el mundo precisa.

He de confesar que no termino de comprender el sentido último de toda esta propuesta. Evidentemente, la libertad reproductiva es un tema central, pero no soy capaz de determinar una tesis clara. ¿Son los mundos la esencia masculina, que impone sobre las mujeres sus necesidades? La historia puede entenderse en cierta forma como un intento de romper el statu quo, de escapar de un sistema obsoleto y de las cargas que imponte, pero no hay nada claro, como tampoco resulta en absoluto convincente el presunto plan de Jayd y Zan, que parece depender de tantas variables incontrolables que más que plan se antoja mera declaración de intenciones.

Es por todo ello que me resisto a calificar “Las estrellas son Legión” como ciencia ficción, o cuando menos como el tipo de ciencia ficción al que estoy acostumbrado. No hay en el escenario nada que aporte coherencia interna más allá de un planteamiento estético concreto. Kameron Hurley no se molesta en hacernos creíbles sus mundos, sino que parece esperar aceptación ciega, por mucho que si los analizamos desde una perspectiva científica (ya sea atendiendo a su ecología, sus balances energéticos o incluso a la física subyacente) vulnera alegremente todos los principios que se le ocurren. La necesaria verosimilitud la consigue no del modo tradicional, a base de especulación científica, sino imponiendo a base de puro atrevimiento una visión que tiene más de subjetiva filosofía personal que de sistema lógicamente objetivo. Supongo que dependerá de cuánto conectes con esa… casi me atrevería a definirla como post-realidad, que aceptarás con mayor o menor facilidad la historia. Yo, personalmente, no puedo.

El caso es que no es la primera vez que me tropiezo con este tipo de “ciencia ficción”, que contradice la noción misma de ciencia ficción que he ido construyendo con el correr de los años. Ya me pasó, por ejemplo, con “Almas en guerra”, de Liz Williams, y en cierta medida con la trilogía de la Tierra Fragmentada de N. K. Jemisin (una supeditación de la ciencia a la filosofía que resulta abrumadoramente evidente para cuando llegamos a “El cielo de piedra”).

¿Se trata acaso de una respuesta al relativismo intelectual imperante en un tiempo en que la verdad parece depender más de intereses subjetivos que de ninguna realidad subyacente objetiva? Si así fuera, vendría a confirmar un retorno a terrenos ya casi olvidados dentro la vieja dicotomía soft/hard, y me obligaría a redefinir lo que es o no es ciencia ficción, dejando de lado la especulación bajo el modelo del método científico como piedra de toque del género a favor de la simple inclusión de elementos y escenarios clásicos para construir historias que deriven su aceptabilidad de perspectivas emotivas antes que intelectuales.

No lo sé, es tal vez demasiado pronto para aventurar nada. Solo puedo afirmar que esa ausencia de asideros especulativos tradicionales me saca por completo de la historia (también es cierto que he tenido un problema con los personajes, pues no hay ni uno solo que haya conseguido despertar en mí la más mínima reacción empática. A la postre, he terminado arrastrándome por las dos líneas argumentales, sin que me importara un comino el destino de Jayd o el de Zan, o el de cualquiera del resto de personajes secundarios. Sin poder determinar qué es posible y qué no en el universo de la Legión, mi suspensión de la incredulidad salta por los aires y acabo por perder todo interés en la (para mí) simple sucesión de ocurrencias más o menos rocambolescas, que buscan transmitir un mensaje emocional antes que una tesis sustentada en la lógica.

Mi mente no funciona así. Si esto es ciencia ficción, me temo que no es ciencia ficción para mí (aunque, como podréis comprobar en las “otras opiniones”, mi postura parece encontrarse en franca minoría).

Otras opiniones:

~ por Sergio en noviembre 28, 2019.

4 comentarios to “The stars are Legion (Las estrellas son Legión)”

  1. No he leido este libro, pero estoy de acuerdo con lo que escribes sobre Jemisin. Experimente el mismo problema.

  2. Tiene pinta de fantasía de poder feminista.

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