The phoenix and the mirror

Entre las lagunas que por vicisitudes editoriales encontramos en la traducción de títulos significativos del fantástico, una de las más clamorosas es la ausencia de cualquier tomo propio de Avram Davidson. Sí, es un autor frecuentemente antologizado (hasta tres decenas de cuentos), pero esa misma circunstancia debería alertar acerca de la importancia que alcanzó, que le valió por ejemplo en 1986 el World Fantasy Award a la trayectoria de toda una vida.

El caso es que, a poco que se explore un poco, no deja de emerger su nombre como fuente de inspiración para multitud de autores, lo que hacía imperativo dedicarle al menos una lectura. Su carrera, iniciada en los años cincuenta, fue bastante ecléctica, distribuyéndose entre la ciencia ficción, la fantasía, el policíaco y el ensayo histórico. Su período más productivo, al menos por lo que se refiere a novelas, fueron los años sesenta, aunque quizás por apartarse bastante de las modas su influencia no acabó de plasmarse en el palmarés de los grandes premios.

Su obra más famosa se inscribe en el género de fantasía, y consiste en la trilogía de Vergil (Virgilio) Magus, una serie de fantasía pseudohistórica, inspirada en las leyendas medievales sobre la historia y mitología clásicas, consistente entre novelas, publicadas con un amplio lapso de separación entre ellas. La primera en aparecer fue “The phoenix and the mirror”, publicada en 1969, y hubo que esperar hasta 1987 para que llegara la siguiente, en realidad una precuela, “Vergil in Averno”, que le supuso su segunda nominación al premio Nebula de novela. Por último, ya de forma póstuma, su ex mujer (y al parecer albacea literaria) sacó en 2005 en una edición muy limitada “The scarlet fig; or slowly through a land of stone” (completada en 1989, pero probablemente no a satisfacción del autor, lo que explica que no la publicara en los cuatro años siguientes hasta su muerte).

El mundo de Vergil Magus es el de la antigüedad clásica (siglos I o II a.C.), aunque visto desde la distancia temporal, a través del filtro del mito y la cosmovisión medievales que, por ejemplo, transformaron al poeta Virgilio en una figura misteriosa, a medio camino entre un alquimista y un hechicero. De este folclore surgido del conocimiento medio olvidado y el sincretismo, Avram Davidson sacó la materia prima para construir un pasado que nunca existió, en el que conviven en perfecta anacronía pueblos de distintos períodos junto con criaturas fantásticas, tradiciones mistéricas y esotéricas y simple superstición medieval. En cierto modo, es parecido a esos escenarios pseudohistóricos que nos ofrece el cine y la televisión, aunque en vez del enfoque pop simplificador, Avram Davidson hace gala de una profunda erudición y de una extraordinaria habilidad para sintetizar las esencias y fusionarlas en un todo uniforme.

La novela arranca con Vergil obligado por muy adversas circunstancias a manufacturar un speculum major, un espejo virgen, capaz de mostrar al primero que pose sus ojos en él aquello que su corazón más desea. Para ello, sin embargo, ha de haberse construido a partir de los materiales más puros y con los últimos pasos ejecutados en la más completa oscuridad, porque cualquier mirada ociosa podría mancillarlo. Se trata de una empresa harto dificultosa, conseguida solo un par de veces en la historia, y pronto comprendemos por qué, pues ya solo conseguir los metales vírgenes para fundir el bronce constituye toda una odisea.

Buena parte de la novela se centra en los esfuerzos de Vergil por hacerse con muestras puras de estaño y cobre, superando obstáculos geográficos, burocráticos e incluso mágicos, aunque de una forma muy directa, avanzando de problema en problema por el camino más recto. No es en los vericuetos de la trama donde Davidson pone el énfasis, sino en la propia narración, con un estilo ampuloso, a veces hasta oscuro por la profusión de subordinadas (algo que el idioma inglés no está diseñado para gestionar con la misma prodigalidad que el español). No es cuestión solo de la gramática, también el léxico está al servicio de la ambientación, de modo que el texto requiere de una atención constante para aprehender por completo su significado… o no. Al fin y al cabo, lo que busca (y consigue) es evocar una mágica atmósfera de misterio atemporal.

Así, empezando por las calles de una Nápoles emparentada con Lankhmar, Tarantia o cualquier otra de las grandes ciudades de la espada y brujería (Davidson fue miembro de SAGA), Vergil nos lleva por un mar Mediterráneo controlado por los temibles hunos del mar a Chipre, y de allí de vuelta a su taller y al ejercicio de su arte, para desembocar en un último periplo por los siempre evocativos desiertos de África.

Hay un pequeño misterio que resolver, y aunque el autor proporciona una solución, no se puede decir que resulte deslumbrante (o siquiera sorprendente), e incluso recurre hacia el final a un truco bastante burdo, sacando de la manga de Vergil una habilidad apenas insinuada hasta el momento. No importa, porque es una de esas narraciones en las que la recompensa está en el trayecto y no en el destino.

“The phoenix and the mirror” constituye la demostración fehaciente de que otros tipos de fantasía son posibles. Resulta imposible clasificarla con comodidad bajo ninguna de las etiquetas que se han ido creando para estructurar el género. No es desde luego fantasía épica, ni espada y brujería (pues carece casi por completo de espadas y su brujería es demasiado científica), tampoco encaja en el molde de la fantasía histórica y se aleja de los referentes tradicionales de la feérica. Constituye pues una creación personal, que toma prestada la fascinación de una perspectiva medieval para asombrarnos hoy, en una época más reacia a la maravilla. Creo que cumple su objetivo por completo.

Otras opiniones:

~ por Sergio en abril 23, 2019.

Una respuesta to “The phoenix and the mirror”

  1. Lo quiero ya!!! es muy Latro, muy Soldado de la niebla de Gene Wolfe.

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