Juego de tronos (novela)

En 1996 George R. R. Martin publicó una novela destinada a convertirse en uno de los grandes hitos de la fantasía, aunque su verdadero impacto no fue tan evidente desde el principio. Martin había sido un autor de ciencia ficción, fantasía y terror que había gozado de gran prestigio en los años setenta, aunque este reconocimiento no siempre se trasladaba a las ventas. En particular, el desastre comercial de su quinta novela, “The armageddon rag”, en 1983, dirigió sus pasos hacia Hollywood y el mundo de la televisión, donde desarrolló durante más de una década una fructífera carrera como guionista, en series como la segunda iteración de The Twilight Zone y, sobre todo, La Bella y la Bestia, aunque sus esfuerzos por montar una serie propia no prosperaron.

En medio de todo ello, en 1991 se le ocurrió una idea para una serie de novelas de fantasía épica con un tono marcadamente diferente de casi todo lo que se estaba haciendo en ese momento (dominado por la franquicia juvenil de inspiración rolera, a la estela de la Dragonlance). El proyecto, que inicialmente tenía que conformar una trilogía, no se materializó sino en 1996, con la publicación de “Juego de tronos” (“A game of thrones”), la primera entrega de la futura Canción de Hielo y Fuego.

En honor a la verdad, “Juego de tronos” no supuso en realidad una ruptura radical con la fantasía épica precedente, sino más bien la consolidación de ciertas tendencias que ya empezaban a apreciarse en otras series. Así, su planteamiento inicial tiene mucho de la situación descrita en “El vuelo del dragón“, la primera novela de los jinetes de dragón de Pern de Anne McCaffrey (1977), y está ampliamente reconocida la influencia en la concepción de la serie de Tad Williams y su serie de Añoranzas y Pesares (1988-1993), así como en entregas posteriores la obra de Robin Hobb a partir de la trilogía del Vatídico (1995-1997).

Todos estos títulos rompen un tanto con esquemas implantados desde el éxito de “El Señor de los Anillos” en 1965, tales como la lucha arquetípica entre el bien y el mal (o el orden y el caos según la revisión de Moorcock) como eje moral de la narración, la plasmación estricta del Viaje del Héroe (y no digamos ya su recreación literal) o el claro posicionamiento ético de los protagonistas. Martin añadió además un par de toques propios, empezando por una suerte de realismo sucio, adoptado de la novela histórica medieval (que contrasta con la idealización romántica de la mayor parte de la fantasía hasta la fecha). A este respecto, la fuente principal de inspiración, reconocida por el propio autor, es la serie de Los Reyes Malditos, de Maurice Druon (1955-1977), siete novelas sobre la monarquía francesa durante el siglo XIV (aunque también toma mucho de la propia historia, en particular de la Guerra de las Rosas en Inglaterra, durante el siglo XV).

Lo que termina de conferir a la obra de Martin la condición de renovadora del género fantástico fue sin embargo la implementación de las enseñanzas obtenidas durante su etapa como guionista audiovisual, lo que se trasladó en un protagonismo múltiple, con puntos de vista contrapuestos, giros sorpresa y cliffhangers al final de los capítulos, así como la convicción de que nadie, ni el más carismático de los personajes, está a salvo de los reveses del destino.

“Juego de tronos” se inicia hacia el final de un período de relativa estabilidad en los Siete Reinos que conforman Westeros (tras las caída de la dinastía Targaryen, que había gobernado Poniente durante tres siglos). Este primer volumen se encarga de presentar las amenazas a este frágil statu quo, que se clasifican en dos clases: por un lado las tensiones internas derivadas de la legitimidad de la dinastía Baratheon para ostentar el poder absoluto (frente al resto de casas nobles de Westeros, ya agitadas por la rebelión original), por otro sendas amenazas externas que empiezan a perfilarse tanto al norte como al este. En el norte, la inminente llegada de una Noche Larga, un período de frío intenso y oscuridad que durará toda una generación y que ya se abatió sobre el mundo ocho mil años antes, época de la que data el gran muro que protege Westeros de los ignotos horrores boreales (los caminantes blancos, que en esta época ya no son sino un mito olvidado). En el este, la última de los Targaryen, Daenerys de la Tormenta, ha contraído matrimonio con Khal Drogo, líder de los salvajes jinetes Dothraki, como parte de un plan de su hermano Viserys para reunir un ejército con el que reconquistar los reinos al otro lado del Mar Angosto, tal y como en el lejano pasado lo hiciera su antepasado, Aegon el Conquistador.

Es un planteamiento bastante clásico, que incluye elementos como el del retorno de la magia (que se manifiesta principal aunque no únicamente en los caminantes blancos y los dragones), el conflicto de opuestos y el tablero de ajedrez político, en el que cada casa intenta sacar provecho del río revuelto… que evoluciona hacia algo diferente. Aunque antes de entrar a analizar esto, unas palabras sobre estilo y estructura:

“Juego de tronos” consta de setenta y tres capítulos, cada uno de ellos centrando en un punto de vista único, un personaje que sirve de ancla para una tercera persona limitada, que nos ofrece la narración centrada en su perspectiva y con acceso exclusivamente a sus pensamientos. En total, hay nueve personajes (ocho si descontamos el efímero punto de vista del prólogo), que se van turnando para construir una visión multifacetada de los acontecimientos. En este primer volumen los puntos de vista son los de Bran Stark, Catelyn Stark, Daenerys Targaryen, Eddar Stark, Jon Nieve, Arya Stark, Tyrion Lannister y Sansa Stark, y Martin se cuida mucho de ofrecer una narración acorde con su edad y posición social, una voz propia. Como se puede comprobar, además, hay una paridad de personajes masculinos y femeninos, lo cual también es bastante novedoso, porque lo habitual era, y hasta cierto punto es, centrar la fantasía épica en la perspectiva masculina. Lo más importante, sin embargo es que Martin no fuerza la asignación de roles de forma que resulte incongruente con el escenario, sino que busca (y encuentra) esa relevancia femenina que a menudo queda enmascarada o directamente ignorada (tanto en la ficción como en la historiografía).

Supongo que a estas alturas ya no será un spoiler, pero aun así lo comentaré con cuidado. El mayor golpe de efecto de la novela posiblemente sea la muerte del que se estaba erigiendo como principal personaje de la trama (con el mayor número de capítulos por un margen generoso). No será el último en sufrir este destino a lo largo de la serie, aunque sí el más significativo, y ejemplifica un truco empleado por el autor para hacer sentir de verdad la muerte de personajes con los que el lector ha llegado a establecer un vínculo empático.

Golpes de efecto, giros argumentales, personajes carismáticos e incertidumbre son los pilares sobre los que se asienta el atractivo de “Juego de tronos” en particular y Canción de Hielo y Fuego en general. Eso y el tono realista, sin ahorrar miserias, con el mundo dibujado a través de una paleta de grises más que en blancos y negros bien delimitados (lo que no evita que existan los “héroes” y los “villanos”, sino que simplemente se les proporciona algo más de complejidad), explican y justifican su éxito, que se extendió por lo siguientes tomos, a razón de uno cada dos años… hasta que llegó de verdad la explosión de popularidad allá por el 2001 y el plan descarriló un tanto.

Toca aquí hablar un poco de las continuaciones. “Choque de reyes” apareció en 1998, añadiendo un par de puntos de vista que ampliaban el tablero político. “Tormenta de espadas” se publicó en el año 2000, sumando otros dos puntos de vista (que equilibraban un tanto el protagonismo entre las facciones en conflicto). Este último libro cierra con una famosa escena que constituye una de las mayores sorpresas y de los mayores giros argumentales de toda la serie. En teoría, a continuación se iba a dejar un lapso de cinco años que daría paso a una trilogía de cierre. En la práctica…

Digamos que en 2001 se estrenó una pequeña película sobre gente pequeña y anillos mágicos que llevó la fantasía épica a nuevas cotas de popularidad. El público, ansioso, se lanzó a leer la obra literaria original y luego preguntó: ¿Hay más de esto? Lo que llevó al descubrimiento masivo de Canción de Hielo y Fuego y a una subida significativa de las ventas, que hizo que el cuarto volumen, “Festín de cuervos”, debutara ya en primera posición en las listas de bestsellers en 2005. Deberían pasar sin embargo seis años para que llegara el siguiente volumen, “Danza de dragones”… que ya debutó en un panorama totalmente diferente, porque con anterioridad ya se había empezado a emitir la serie de televisión de HBO basada en los libros que ha hecho historia en el medio.

Lo curioso es que ni “Festín de cuervos” ni “Danza de dragones” estaban en los planes iniciales de Martin, sino que casi todo lo que cuentan no debía ser antecedentes, contados a través de recuerdos, del lapso de cinco años sin libros. Martin, sin embargo, decidió que aquello no era una buena idea, y luego, cuando se puso a escribir la novela-puente se dio cuenta de que tenía mucho más que contar de lo que pensaba, así que la dividió en dos, que cuentan más o menos el mismo período de tiempo, pero en localizaciones diferentes (con el problema de que se dejaba fuera a sus cuatro personajes más populares, así que finalmente decidió repartir los capítulos de Arya entre ambos libros… lo cual no evita que se eche de menos a Jon Nieve, Daenerys Targaryen y Tyrion Lannister). Personalmente, opino que todas estas decisiones destrozaron el ritmo de la serie (y, de hecho, no he llegado a leer “Danza de dragones”).

En teoría, quedan dos libros (“The winds of winter” y “A dream of spring”), sin fecha prevista de publicación (ya van ocho años desde el último), y el resultado final diferirá mucho de lo que hubiera sido un pentalogía (o incluso hexalogía), iniciada en 1996 y concluida diez o doce años después (como estaba planeado). Hay elementos que se han abandonado (al menos por el momento, como Catelyn Stark) o han quedado tan diluidos que cualquier sentido que hubieran podido tener inicialmente se ha perdido (los lobos huargos). Por momentos, incluso se pierde de vista incluso a los caminantes blancos, al ceder protagonismo las amenazas externas al conflicto dinástico interno de los Siete Reinos (con Daenerys yendo un poco a su bola en el este). ¿Puede reconducirlo todo Martin? Sin duda. El problema es que, desde que empezó a escribir la serie, la misma fantasía épica ha vivido un par de revoluciones adicionales, por lo que Canción de Hielo y Fuego, a estas alturas, es fantasía anticuada. Son detalles que pesarán, sin duda, cuando en unas décadas los estudiosos del género reconsideren la importancia y relevancia de la serie (al menos en su versión literaria).

Las tres últimas (por el momento) novelas han recibido nominación al Hugo, aunque todas se han ido de vacío. Sí que tiene el Hugo parte de “Juego de tronos”. En particular, los capítulos dedicados a Daenerys Targaryen, que fueron extractados y publicados como novela corta bajo el título de “Sangre de dragón” (premio Hugo en 1997). Por el contrario, son las tres primeras novelas (junto con la novela corta mencionada) las que cosecharon nominación al Nebula. “Juego de tronos” fue nominada al World Fantasy Award, como “Danza de dragones”, que también optó al British Fantasy Award. A la postre, solo el Locus ha venido reconociendo reiteradamente la serie, con galardón para “Juego de tronos”, “Choque de reyes”, “Tormenta de espadas” y “Danza de dragones” (“Festín de cuervos” quedó en segundo lugar). Las tres primeras cosecharon también en España el premio Ignotus a mejor novela extrajera, por su ediciones en 2002, 2003 y 2005.

~ por Sergio en marzo 24, 2019.

5 comentarios to “Juego de tronos (novela)”

  1. Muy muy buen análisis de los libros y coincido completamente. Aunque en mi caso mi personaje favorito no es de la trinidad (estando Tyrion muy cerca) y eso realmente no afectó mi disfrute de Festín de cuervos.

    • Trinidad no, más bien tetranidad: Tyrion, Jon, Daenerys y Arya (y, por supuesto, para cualquier persona de bien el personaje favorito tiene que ser Arya).

  2. Por fin te decidiste por hacer una reseña de juego de tronos. Estaba interesado en saber tu opinión y coincido contigo en que la historia sería diferente si hubiera hecho la doble trilogía en el tiempo esperado y sin tanta inferencia externa y éxito. Me preocupa más la incapacidad de Martín de cerrar. Al ser un escritor exploratorio el ir agrandando la historia no le supone un problema, pero al enfrentarse al nudo y volver a reducir las tramas y cerrar satisfactoriamente, el no tener más cosas planeadas ni realizar demasiadas injerencias en sus personajes hará que le sea muy muy difícil. En fin, veremos.
    Lo que no estoy de acuerdo es con el comentario de que en el camino de más de 20 años de publicación se ha convertido en fantasía anticuada. Entiendo el concepto y el echo de los cambios acaecidos en la fantasía épica en el tiempo de publicación pero no creo que ninguno de esos cambios la hayan desfasado. Abercrombie? Sanderson? No veo un cambio radical, más bien complementario.

    • Evidentemente, a largo plazo no importa tanto. Después de todo, seguimos leyendo sin problemas sagas de los años cincuenta, sesenta, setenta ¡o incluso ochenta! Sin embargo, con un período de desarrollo tan largo, ha perdido quizás la posibilidad de ser la prototípica de su época, en favor de otros proyectos ya cerrados (como la saga de Malaz). Por lo demás, aunque los críticos nos empeñemos a veces en clasificar, la evolución es un continuo, y ni Canción de Hielo y Fuego supuso un cambio tan radical respecto a lo que la precedió ni luego ha habido una evolución tan brusca (salvo quizás a nivel temático). Por cierto, a estas alturas Abercrombie y Sanderson ya son también el pasado. La vanguardia de la fantasía los ha dejado atrás (lo cual no quiere decir que no podamos seguir disfrutando con sus libros).

  3. ¿Quiénes serían ahora los adalides o ejemplos de la vanguardia en fantasía? ¿Qué cambios temáticos estamos teniendo? Porque entiendo que más que evolución formal es evolución temática.

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