Edgar Allan Poe. Ensayos completos I

Tras publicar los cuentos completos de Edgar Allan Poe, la editorial Páginas de Espuma se propuso traernos una faceta mayormente desconocida del escritor, su labor como ensayista y sobre todo reseñador, labor a la que se dedicó durante más de diez años, con notable éxito, por cierto, pues a menudo su trabajo ayudaba a aumentar las ventas de las revistas a las que contribuía o incluso dirigía como redactor jefe, aunque su gran sueño de sacar adelante una revista propia (la Penn Magazine) nunca se materializó.

Así, en dos volúmenes, van a llegarnos los ensayos completos, que agrupan tanto sus textos sobre teoría poética como el puñado de artículos que fue publicando a lo largo de los años (más como forma artística que didáctica) y, sobre todo, sus críticas literarias (atribuidas mediante análisis filológico, pues en aquella época no solían aparecer firmadas).

En el primer volumen, que es del que dispongo por cortesía de la editorial (para participar en su presentación durante el pasado Golem Fest), se incluyen precisamente sus textos sobre poesía, donde se nos revela como un autor meticuloso, con una estética perfectamente meditada. Aparte del archiconocido (y poco creíble) análisis sobre la composición de “El cuervo”, esta sección del volumen destaca por la publicación de “La lógica del verso”, un ensayo de más de sesenta páginas, meticuloso hasta el extremo, donde aborda la poesía como un proceso de meticuloso ajuste de ritmo y acento, seguida de “El principio poético”, donde a través de múltiples ejemplos expresa sus opiniones sobre la poesía de su época, y con ello trata de acotar nada menos que cuál es el propósito de la misma, qué tipo de emoción ha de aspirar a inspirar.

Tras esto, el grueso del volumen está dedicado a las críticas a autores ingleses y europeos (reservando los americanos para el segundo volumen), ordenados alfabéticamente, en lo que para mí es un doble error, porque siendo totalmente sinceros, el auténtico valor de esta obra no consiste en conocer la opinión de Poe sobre autores que, en su mayor parte, resultan hoy en día desconocidos (y si no, con obras menores, eclipsadas por otras de mayor interés), sino en abrirnos una puerta al cerebro del propio autor, de modo que podamos conocerlo mejor a través no tanto de sus opiniones como de sus argumentaciones (porque todo está argumentado).

Personalmente, hubiera preferido una ordenación cronológica, según la fecha de publicación original, sin hacer distinción entre autores europeos y americanos, lo que nos hubiera permitido seguir su evolución como crítico, o incluso el distinto enfoque requerido por cada revista en la que participaba. Es una información que Fernando Iwasaki trata de esbozar en su prólogo (relacionando las lecturas de Poe con los textos que estaba escribiendo en ese momento), aunque luego es difícil seguir ese enfoque (o al menos a mí me resultó difícil, por las exigencias temporales que me impidieron la lectura reposada y selectiva que quizás exija el volumen).

Antes de pasar al detalle, comentar que Poe fue un crítico duro, con una pluma en ocasiones afilada como un puñal y que no duda en clavar buscando sangre. Eso sí, de igual modo hay que reconocer que no daba puntadas sin hilo, y su capacidad para discriminar entre la buena literatura (supo, por ejemplo, reconocer la valía de un novatísimo Dickens) y el relleno popular condenado al olvido es más que notable. Como comentaba, de particular interés resultan sus comentarios fundamentados en su visión de la psicología de los personajes, pues justo esa es la principal característica de su ficción corta, con el horror surgiendo como manifestación mayormente realista de conflictos internos.

Por poner un ejemplo de su desden por el efectismo simplón, la primera crítica es a “Guy Fawkes; o la traición del a pólvora”, uno de los folletines que cimentaron la fama de William Harrison Ainsworth, todo un superventas del siglo XIX, al que despacha con frases como “Si alguna vez una novela fue menos que nada, entonces esa novela es Guy Fawkes. Decir una palabra acerca de ella desde la perspectiva de la crítica seria sería demostrar que uno es un mentecato tan grande como su autor”.

Aquí, sin embargo, no puedo dejar de hacer notar que Poe le tenía especial animadversión a la producción inglesa de mala calidad, pues al no existir prácticamente legislación internacional sobre derechos de autor, los editores americanos preferían fusilar sin rubor las revistas británicas, por muy pobre que fuera la ficción, antes que pagar por talento nacional (lo que no sabía es que es una cuestión más cultural que económica, y no es algo que se solucione solo con la obligatoriedad de pagar derechos). Eso sí, esta visión no empañaba su espíritu crítico, y si tocaba alabar a algún autor, pues lo hacía (como por ejemplo con el famosísimo Edwar Bulwer-Lytton (de quien reseña un par de obras menores: “Rienzi, el último tribuno” y “Noche y día”, así como una compilación de textos misceláneos… que no debía ser muy diferente del propio volumen en que se contiene su reseña). De igual modo alaba una nueva edición de “Robinson Crusoe”, y muestra, como ya he comentado, un enorme entusiasmo por ese tal Dickens (al que nombra con el apodo de Boz), en un buen número de reseñas.

A título particular, me ha parecido de especial interés la crítica de Poe a “Ondina“, de Friedrich de la Motte Fouqué, no solo porque conozco la obra y yo mismo la he reseñado, sino por la meticulosidad con que la analiza y el modo en que su visión de 1839 desvela interpretaciones que se me habían escapado (y por el modo en que todo ello arroja luz sobre la forma de pensar del propio Poe). En general, sin embargo, como lecturas descontextualizadas, a menudo son más divertidos los despellejamientos públicos que las alabanzas (“Hay un nauseabundo vulgarismo de pensamiento que impregna y contamina toda esta obra, y del cual un espíritu delicado o elevado se apartará como de la peste”, dice de Charles James Lever y “Charles O’Malley, el dragón irlandés”, otro folletín; aunque quizás mi desprecio preferido sea el que depara al capitán Marryat por “Joseph Rushbrook, o el cazador furtivo”, del que comenta: “Su inglés es excesivamente desaliñado. Sus episodios son monstruosamente improbables No existe adaptación de las partes. La verdad es un producto que da pena. Conocemos a veinte jóvenes que no tienen ninguna pretensión literaria  que aun así podrían escribir un libro mejor en una semana”).

Cierra el volumen una pequeña selección de notas, como respuesta a críticas en otros medios (pura esgrima editorial) o a cartas específicas al editor, junto con un par de prospectos con los que pretendía vender su proyecto de revista.

Es difícil recomendar un volumen como este (y su complemento futuro), reseña de libros mayormente desconocidos (yo mismo he buceado bastante en la literatura del XIX, con especial atención a la popular, y conocía solo la mitad más o menos de autores y ni siquiera una octava parte de las obras), pero al mismo tiempo es imposible no hacerlo a poco que interese la figura de Edgar Allan Poe, porque más que cualquier biografía, más incluso que su ficción, aquí tenemos una ventana al pensamiento creativo de una figura fundamental en el desarrollo ya no solo del terror, sino me atrevería a decir que de la propia literatura moderna en su conjunto.

Solo puedo acabar con una nueva cita (en dos partes), recogida en una de sus repuestas a los críticos, por su contundencia e ingenio, que demuestra sin lugar a dudas que Poe lo hubiera petado en Facebook:

No tenemos ni idea de quién puede ser el director del Spectator, pero tenemos la astuta sospecha de que se trata del mismo caballero que en cierta ocasión nos mandó una desafortunada colección de versitos desde Newbern. Nos parece que quiere que se le preste atención, y de inmediato le vamos a dedicar unas palabras en claro entendimiento, sin embargo, de que será incómodo molestarnos a partir de ahora con sus opiniones…

(Sigue una amplia disección y refutación, punto por punto, de la crítica, para terminar con…)

El Messenger simplemente expresa sus opiniones particulares a su modo. Nadie está obligado a adoptar estas opiniones. Están abiertas a los comentarios y censuras de hasta las cosas más minúsculas que existan, de hasta los Newbern Spectators del país. Si el editor de ese periodicucho no se comporta, publicaremos con seguridad sus versos.

¡Pum! Tocado y hundido.

~ por Sergio en marzo 19, 2019.

Una respuesta to “Edgar Allan Poe. Ensayos completos I”

  1. Muy buena la reseña, yo apenas si tengo a mi alcance Eurkea, ojalá pueda dar con alguno de estos tomos.

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