All the birds in the sky (Todos los pájaros del cielo)

De forma bastante anti intuitiva, los premios Nebula se han convertido en un galardón con un sesgo considerable hacia las obras debut. Tal vez sea la frescura de la propuesta, o la sorpresa de su aparición, tal vez sea también que, en muchos casos, hay una trayectoria previa (en relatos, crítica, podcasts…) que desde fuera de su mercado nos ha pasado desapercibida, pero no deja de resultar un tanto desconcertante (este año, por ejemplo, tres de las seis finalistas son primeras novelas… y una cuarta es la segunda).

“All the birds in the sky”, de Charlie Jane Anders (2016), no era exactamente una obra de debut. Once años antes la autora había publicado “Choir boy”, una novela que examina la transexualidad y que había tenido cierto impacto dentro de los círculos LGBT (y le valió un premio Lambda). Eso sí, era su primera incursión en novela fantástica, con solo tres relatos publicados previamente (uno de ellos ganador del Hugo de 2012 de relato largo), aunque llevaba desde 2008 como coeditora del blog de orientación fantástica io9.

Pese a esta relativa bisoñez, la novela no solo conquistó el Nebula de 2017, sino también el Locus de fantasía, y en los Hugo solo pudo derrotarla N. K. Jemisin con “El portal de los obeliscos” (auque durante las cinco primeras rondas del sistema ponderado que actualmente rige en los Hugo iba en cabeza), e incluso causó cierto impacto fuera de los círculos estrictos del fantástico. Por todo ello, tenía bastante interés en abordar su lectura, que prometía además una hibridación entre ciencia ficción y fantasía. Por desgracia, es un título que me ha defraudado.

“All the birds in the sky” narra las vidas paralelas de Patricia y Laurence, un par de marginados, la una por ser una bruja (más bien por las opciones estéticas y las peculiaridades asociadas) y el otro por ser un geek. Sigue, además, su evolución, desde el colegio hasta la juventud, cuando se ven reclutados en bandos más o menos opuestos de un conflicto entre magia y ciencia por la salvación de la Tierra. El germen de la novela, al parecer, se encuentra en esta guerra entre visiones (y géneros) opuestos, pero a lo largo del proceso de escritura fue derivando hacia el relato de la complicada relación entre los dos protagonistas (el típico esquema chico y chica se encuentran, se separan, se reencuentran, se separan y, claro, acaban juntos).

Otra peculiaridad es que supuestamente va evolucionando a lo largo de sus tres partes, siendo la primera, centrada en su vida en el colegio y el acoso que ambos sufren, de corte claramente juvenil, pasando en las dos siguientes a un young adult o, como se etiqueta hoy en día, new adult (aunque sin llegar nunca a un estilo plenamente adulto). Por otro lado, aunque hubiera sido de esperar cierto equilibrio entre las dos facetas de la historia, lo cierto es que se nota que las simpatías de la autora se decantan por Patricia y la parte fantástica, que es de mucha mayor calidad y profundidad, con pasajes realmente sugestivos como los de la Asamblea de los pájaros o la academia de magia, que el relativamente anodino camino de Laurence (contratado por uno de esos super empresarios tecnológicos, a lo Steve Jobs o Elon Musk).

De fondo (muy, muy de fondo) se supone que hay una situación de catástrofe ecológica inminente que amenaza la vida en la Tierra, aunque es algo por lo que se pasa tan de puntillas que ni siquiera el escenario acaba pareciendo muy apocalíptico (salvo cuando toca recordar lo que está en juego… o sacarse de la manga una catástrofe natural para hacer avanzar la acción). Ideas sueltas, muy poco desarrolladas, inspiradas por un ecologismo indefinido que conecta con facilidad sin arriesgar demasiado (no ataca realmente ninguna conducta establecida, sino que se limita a señalar que todo va cuesta abajo).

En realidad, sí que hay una sublectura más o menos persistente a lo largo de la novela, y es la defensa del diálogo como vehículo imprescindible para acercar posturas aparentemente antagónicas y encontrar un terreno común. Ocurre entre los protagonistas, es la base del conflicto entre magia y ciencia e incluso se alude a una antigua unificación de estilos dentro de la misma magia, inicialmente separada en dos escuelas. Lo que pasa es que es una idea apenas desarrollada, que se apoya además en la obcecación de los personajes de no pararse a hablar por nada del mundo.

Esa búsqueda del contacto queda de manifisto en la que quizás sea el elemento más conseguido de la novela, un dispositivo electrónico cuya función consiste en organizar encuentros favorables y acercar entre sí a personas compatibles (y cuyo secreto no revelaré aquí, por eso de no contar demasiado, aunque para cuando la autora se aviene a desvelarlo ya hace mucho que cualquier lector mínimamente atento ha podido adivinarlo).

No quiero decir que “Todos lo pájaros del cielo” constituya una mala lectura. Es agradable y sencilla, y si bien se notan las simpatías hacia Patricia (lo que vuelve la trama de Laurence más floja) y es fácil ir adelantando acontecimientos, es una novela simpática (con un tono juvenil del que nunca llega a desprenderse, por mucho que crezcan sus protagonistas, y que de hecho funciona mejor en el primer tramo, cuando son niños, aunque algunos de los elementos que presenta en ese segmento no se trasladan bien al tono algo más maduro posterior). Y por abordar otro de los puntos divisivos de la obra, el final es tremendamente apresurado e insatisfactorio, si bien, todo hay que decirlo, plenamente coherente con los grandes temas de la historia.

Lo que ocurre es que suelo esperar de un premio Nebula bastante más que un entretenimiento ligero, con un mensaje tan simple como carente de riesgos. “Todos los pájaros del cielo” no me parece una obra que explore nuevos caminos, ni en la fantasía ni mucho menos en la ciencia ficción, e incluso su mensaje de diálogo, que podría extenderse al llamamiento a cerrar la separación tradicional entre las dos grandes corrientes del fantástico, tiene hoy por hoy muy poco de novedoso (habida cuenta de las múltiples hibridaciones que se vienen dando con asiduidad desde que las barreras se difuminaron en los noventa). En definitiva, una novela prometedora, pero a la que a la postre se le notan las pocas tablas de la autora.

Según propia confesión, Charlie Jane Anders tomó como modelo para diseñar el tono de la obra un par de novelas de evidente corte juvenil: “Pequeño hermano“, de Cory Doctorow, para la parte científica, y “Entre extraños“, de Jo Walton, para la historia inicial de Patricia.

También novelas debut fueron sus compañeras de nominación al Nebula “Borderline” de Mishell Baker, “Everfair” de Nishi Shawl y “Nive Fox gambit” de Yoon Ha Lee, que también fue candidata al Hugo, junto con “Too like the lightning” de Ada Palmer.

Otras opiniones:

~ por Sergio en marzo 6, 2019.

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