Efímeras

Kevin O’Donnell Jr. fue un autor no demasiado prolífico. Solo diez novelas, publicadas entre 1979 y 1990, momento a partir del cual empezó a realizar más bien una labor de apoyo a la SFWA, desempeñando diversas funciones en su organigrama (hasta el punto de que hoy en día el premio por los servicios prestados a la SFWA lleva su nombre).

Es una producción, además, olvidada por los grandes premios, quizás por ir un poco a contracorriente, o peor todavía, por sus propios caminos paralelos. Así, mientras en los años ochenta triunfaba el exceso del cyberpunk, él exploraba ideas muy similares, aunque con un enfoque muy distinto, como con “ORA:CLE” (1984). Algo parecido podría decirse de una de sus primeras novelas, “Efímeras” (“Mayflies”, 1979), que en cualquier otro autor posiblemente hubiera sido clasificada como precyberpunk, con el protagonismo recayendo sobre un ordenador biológico, construido a partir del sistema nervioso de Gerard K. Metaclura y encargado de capitanear la expedición más importante y ambiciosa de la humanidad hasta la fecha.

Ahí, la historia entronca con uno de los escenarios clásicos del género, el de la nave generacional, pues con el objeto de perpetuar de algún modo a la raza humana, al borde de la autodestrucción, el gobierno de los EE.UU. decide construir una gigantesca arca, la Mayflower (en honor a ese otro navío que llevó a los primeros colonizadores británicos a América), que transportará hasta 75.000 afortunados a Canopus, a cien años luz de distancia, en un viaje previsto para algo más de un siglo.

Un accidente ocurre, sin embargo. La personalidad de Metaclura, que debería haber sido borrada, sigue presente, cual espíritu dentro del ordenador, y su despertar de nuevo a la conciencia inutiliza el sistema de control del estatocolector, dejando la velocidad limitada a 0.1c y convirtiendo por tanto un viaje de cien años en otro de un milenio, lo que, aun con una esperanza de vida de ciento veinte años y con la prohibición de reproducción antes de los cuarenta, supone veinticinco generaciones de pasajeros, sin mucho que hacer salvo regodearse en sus propias contradicciones y bajo el cuidado de un ordenador central esquizofrénico, con dos personalidades, la de Metaclura y la del Programa, luchando por el control de la misión.

“Efímeras” es básicamente la narración del largo viaje desde el punto de vista de la inteligencia que fue Gerard Metaclura, mientras se van sucediendo las generaciones de pasajeros a los que termina por bautizar como “efímeras” (en inglés esto constituye además un juego de palabras entre “mayflies” y “Mayflower”). La mayor parte de las funciones de mantenimiento son automáticas, de modo que solo de tanto en tanto, en intervalos de diez, veinte o incluso cincuenta años, su atención se vuelca en algún pasajero en concreto (o en su lucha con el Programa). Así pues, a través de esas viñetas, asistimos a la evolución social a bordo de la Mayflower, con etapas que van de la decepción por la extensión del viaje al hedonismo degenerativo que se instaura sobre las nuevas generaciones, nacidas ya a bordo de la nave y sin esperanza alguna de alcanzar Canopus.

De vida en vida (contemplada a través de poco menos que instantáneas), asistimos al derrumbe del sistema original, a revueltas violentas, a teocracias descontroladas, al ascenso y declive de movimientos políticos que abogan por la tenencia de armas (un error recurrente en varias generaciones de efímeras), por interrumpir el viaje y colonizar el primer planeta que se cruce más o menos en el camino de la nave, o todo lo contrario, por seguir por siempre a bordo de la misma, olvidando los objetivos iniciales y las intenciones de un planeta que ya ninguno recuerda (y que además, como broma adicional, al final ha acabado escapando de la destrucción y, con todo el potencial científico de un mundo, es muy posible que llegue a las estrellas antes que ellos). Por añadidura la lucha de Metaclura por ir asumiendo cada vez más parcelas de control afecta, a veces con consecuencias catastróficas, la vida en la Mayflower, y por si fuera poco acaban descubriendo que el espacio no está tan vacío como habían supuesto, y diversos contactos con alienígenas sacuden la frágil sociedad de la Mayflower.

“Efímeras” es una novela en la que tal vez cuesta un poco entrar debido a los continuos cambios de personajes y escenarios, pero que con un poco de paciencia acaba erigiéndose como un fresco fascinante de lo que es la especie humana (y en cierto modo un reflejo también de los azares de la colonización de los EE.UU., con esa fijación por las armas que tanto recuerda a la obsesión por la Segunda Enmienda). El viaje de mil años es un periplo de purificación, que aspira a eliminar los peores instintos de la humanidad (como su propensión a la violencia), intentando mantener virtudes como la curiosidad. Todo ello bajo la supervisión del ordenador/Metaclura, autonombrado juez, jurado y, en caso de considerarlo necesario, verdugo.

Resulta difícil innovar en escenarios tan manidos como puede ser el de las naves generacionales, pero Kevin O’Donnell lo consigue, y logra también no dispersarse del todo, seleccionando con habilidad lo anecdótico para ofrecer un atisbo a un todo mayor. Hacia el final, de hecho, el lector se encuentra impelido a leer cada vez más rápido, atrapado no tanto por lo que cuenta, sino por lo que se intuye, como esa misteriosa sociedad galáctica con la que se establecen los primeros (y no siempre pacíficos) contactos.

Es por ello, quizás, que la conclusión en sí resulte un poco anticlimática. A la postre, la historia nunca ha versado sobre el destino, sino que ha sido el viaje en sí, un periplo de continua transformación para los viajeros del Mayflower y de autodescubrimiento y aceptación para el cerebro/ordenador que una vez fue un hombre llamado Metaclura y que se ha pasado mil años combatiendo las funciones de un Programa tremendamente inadecuado para atender a las necesidades de un viaje diez veces más largo de lo previsto y experimentando todo un abanico de emociones, que van del hastío a la preocupación, del resentimiento a la responsabilidad casi omnipotente (erigiéndose así también en una metáfora, o tal vez en un imperfecto modelo a escala, de un dios).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en febrero 5, 2019.

3 comentarios to “Efímeras”

  1. Si se hubiese llamado «Cachipollas» seguro que habría tenido más éxito en España:

    ► efímero, ra
    Del gr. bizant. ἐφήμερος ephḗmeros ‘de un día’.
    1. adj. Pasajero, de corta duración.
    2. adj. Que tiene la duración de un solo día.
    3. f. cachipolla.

  2. Me gustan las historias de naves generacionales por todo el potencial que tienen de mostrar la esencia misma de la vida humana. Apunto esta historia para leer en algún momento, gracias por la reseña.

    Curiósamente, el autor, al que no conocía, tiene un libro llamado Bander Snatch. Nombre tan de moda últimamente por el capítulo de Black Mirror.

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