La luna y el sol

Tras su consagración en 1978 con “Serpiente del sueño“, la carrera de Vonda N. McIntyre se desarrolló durante un par de décadas, a medias entre sus propias creaciones (destacando la serie de Starfarers) y novelizaciones de lujo (sobre todo del universo Star Trek), para concluir por sorpresa en 1997 con su segundo premio Nebula, “La luna y el sol” (“The moon and the sun”).

En contraposición con el resto de su obra, “La luna y el sol” no tiene absolutamente nada de ciencia ficción, tratándose más bien de fantasía histórica (aunque hay quienes intentan venderla como ucronía, supongo que por ser un tipo de fantasía más aceptable para un fan acérrimo de la ciencia ficción). La novela nos lleva al año 1698 y nos introduce en la corte de Luis XIV, el Rey Sol, justo tras la captura por parte del padre jesuita Yves de la Croix de un monstruo marino (del que el rey espera secretamente obtener la inmortalidad).

La llegada a Versalles de este fenómeno natural provoca diversas alteraciones en el complejo ecosistema cortesano, afectando sobre todo a Marie-Josèphe de la Croix, hermana de Yves recientemente salida de un convento para entrar como dama de honor al servicio de la duquesa de Orleans, esposa de Felipe de Orleans, el hermano pequeño del rey. Como asistente de su hermano, Marie-Josèphe va poco a poco descubriendo la humanidad del monstruo, hasta llegar al convencimiento de que la sirena es a todos los efectos una mujer del mar. Así pues, con la única ayuda de Lucien, conde de Chrétien, fiel consejero del rey y uno de los personajes más influyentes de la corte pese a su enanismo, se embarca en una campaña desesperada por que sea reconocida la humanidad del monstruo marino y se le conceda la libertad.

Tras un inicio un tanto confuso, “La luna y el sol” nos introduce de forma magistral en uno de los escenarios más fascinantes de la historia, mostrándonos todo el esplendor de la corte del hombre más poderoso de su época, cuidadosamente diseñada como una trampa en la que enredar las ambiciones de la nobleza. La naturaleza a menudo excesiva de esa vida palaciega queda perfectamente retratada, así como la personalidad férrea del soberano, dispuesto a renunciar a cualquier tipo de intimidad con tal de poder ejercer el control absoluto de un sistema basado en la concesión de favores puramente honoríficos en recompensa a la lealtad. De forma secundaria, asistimos también a uno de los principales episodios de la pugna entre el Rey Sol y el papa Inocencio XII por el control de la cristiandad francesa (un conflicto con ramificaciones tanto políticas como económicas).

Pero no solo lo que acontece en ese momento es relevante. Casi igual de significativos son los cambios que tendrán lugar a lo largo del siglo XVIII y que en la novela se anticipan, tales como la Ilustración (con el desarrollo de la filosofía natural, de la cual Yvex de la Croix es valedor, o la separación taxativa que se propone entre química y alquimia) o las primeras señales de los conflictos que casi cien años después harán estallar la Revolución Francesa.

Por desvelos de Marie-Josèphe no resultan tan interesantes, porque todo el cuidado que la autora dedica a verosimilitud histórica de la ambientación versallesca (si bien con un microcosmos muy, muy simplificado) lo pierde al forzar a su protagonista para adecuar la historia de modo que resulte atrayente para un enfoque feminista muy posterior, ignorando, como suele ser lo habitual en las corrientes anglosajonas, el feminismo incipiente de las preciosas (précieuses). Así, los esfuerzos de mademoiselle de la Croix por brillar con luz propia, en vez de ser considerada el pálido reflejo (la luna) de hombres como su hermano, quedan descontextualizados y pierden algo de la fuerza que hubiera podido añadir la integración histórica, en una período en que se estaban perdiendo las conquistas feministas de apenas unas décadas antes.

Esta sensación de desarrollo forzado se ve acentuada por la increíble solvencia de la protagonista, que con veinte años, cinco de los cuales los ha pasado en un convento donde se le ha prohibido estudiar o practicar cualquier tarea intelectual, se muestra casi sobrenaturalmente eficiente en todo lo que se propone (ya sea dibujo, diseño, composición o antropología). Es una facilidad preternatural que se extiende a su conexión con la mujer del mar, que se fundamenta en una comprensión mutua que solo puede entenderse bajo una lógica mágica, lo cual entra en conflicto con el tema general protocientífico. De todos los personajes de la novela, es el que menos parece encajar en la corte de Versalles de 1698, y aunque eso es en parte premeditado, no deja de resultar un poco artificioso.

La disonancia quizás surja del hecho de que la trágica historia de los pueblos del mar es la semilla de toda la obra, al originarse en un falso artículo enciclopédico titulado “The natural history & extinction of the people of the sea” (ilustrado por Ursula K. Le Guin). Este núcleo fantástico es el que la autora envolvió con una estructura histórica que, a la postre, resultó siendo más interesante, aunque ese interés no fue al parecer suficiente para modificar el enfoque de la mucho más simple historia fantástica de base.

El potencial desaprovechado, sin embargo, no malogra la novela (solo la convierte en menos de lo que podría haber sido). Vonda McIntyre nos guía con gran maestría por el boato, a medias fascinante, a medias ridículo, de los salones de Versalles y, una vez nos hacemos a las extrañas elipsis que puntean la narración, nos encontramos con una historia que avanza a un ritmo vertiginoso, congruente con una trama que en realidad ocupa apenas unos días. Prueba también del enorme oficio de la escritora es que Marie-Josèphe no llega nunca a convertirse en un personaje plano, sino que mantiene nuestra simpatía, no tanto por sus virtudes como por sus defectos (incluyendo una inocencia un poco forzada, verosímil solo por su prolongada estancia en un convento).

No estoy seguro de si la falta de experiencia a la hora de construir dramas históricos actúa a favor o en contra de la novela. Quizás si la juzgáramos como novela histórica ello magnificaría sus deficiencias, pero como fantasía con trasfondo histórico no es posible alcanzar mucho mejor resultado.

“La luna y el sol” es uno de los mejores premios Nebula de las tres últimas décadas (mucho mejor que el Hugo equivalente, que fue para “Marte azul“, de Kim Stanley Robinson). Entre las candidatas al Nebula se contaban también “Recuerdos” de Lois McMaster Bujold, “Juego de tronos” de George R. R. Martin (ganadora del Locus), “City on fire” de Walter Jon Williams y “Oveja mansa” de Connie Willis.

Hay proyectos para llevar esta novela al cine desde prácticamente el momento en que se publicó, y de hecho ya existe una película de medio presupuesto rodada, bajo el nuevo título de “The king’s daughter”, que va para cuatro años que aguarda fecha de estreno (lo cual no suele ser muy buena señal). Las similitudes con “La sirena” (un superéxito en China, país que aporta la mitad del presupuesto) primero y “La forma del agua” después, sin duda, habrán complicado todavía más sus planes de distribución.

Otras opiniones:

Otras obras de la misma autora reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 29, 2019.

2 comentarios to “La luna y el sol”

  1. Interesante Reseña. Marco el libro para futuras compras.
    Veo que le estás dando duro a los nébulas (los hugo casi los has terminado ¿no? )
    Hablando de premios me sorprende ver menos locus que nebulas, por ejemplo. Es verdad que los hugo históricamente han funcionado bien para ver tendencias en la cifi pero no sirven en fantasía (hasta hace poco al menos) y realmente son premios (sobre todo los más antiguos) de un reducto de unos cunatos votantes del fandom que se conocen mucho entre ellos y votan a autores de dentro del grupo (no siempre, evidentemente).
    Esto me lleva al echo curioso de que no tienes ninguna reseña de Martin (ganador de varios locus y hugos aunque estos últimos no de novela que son los que te ocupan en las reseñas). Me he dado cuenta al hablar de los nominados al nebula junto a este la luna y el sol y ver que no aparecía con hiperlink “juego de tronos”. Me imagino que es porque leiste los tres primeros de canción antes del blog y era necesario una relectura para hacer una reseña en condiciones y los otros dos más nuevos bajaron la calidad bastante (de sus otras novelas a mí me gustó mucho muerte de la luz).

    • Me faltan dos premios Hugo (“Cese de alerta” y “El cielo de piedra”). Deberían caer este año. En cuanto a los Nebula, son trece los que aún carecen de reseña (casi todos de los últimos años), aunque precisamente ahora estoy leyendo uno más. En realidad, los premios Hugo son bastante buenos en marcar lo mejor del año, o cuando menos títulos significativos (mejores que los Nebula al respecto), y sí, los Locus (con sus manías) también son bastante buenos. Hay cuarenta novelas ganadoras del Locus reseñadas en el blog, aunque, efectivamente, hay un buen montón de libros que leí antes de empezar con Rescepto y tendría que releer para hacerles una reseña justa. En concreto, de premios Locus son quince los que tengo leídos pero no reseñados (frente a solo tres Nebula)… y no sé si quiero releerme todos ellos (por ejemplo, no me apetece nada arrastrarme de nuevo por la saga de Alvin Maker, que resultó sorprendentemente atractiva para los votantes del Locus). De Martin en concreto he leído siete novelas, todas antes del 2007, y sí, algún día tendré que sentarme a escribir algo sobre (al menos) “Juego de tronos” (mi texto favorito suyo, sin embargo, es la novela corta “Los reyes de la arena”, que fue premio Hugo, Nebula y Locus). En las estanterías también me espera desde hace tiempo “El refugio del viento”. En fantasía, más incluso que los Locus, resulta interesante consultar el World Fantasy, o incluso el Mythopoeic, aunque todos ellos se muestran bastante reacios a reconocer la fantasía épica, que no estuvo bien representada hasta que se instauró el David Gemmell en 2009.

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