Aquaman

Locurón.

Así, sin más.

Ya podría dejar la reseña, porque con eso está todo dicho, pero bueno, voy a elaborar un poco más (y al final, hasta me dedicaré a algo que posiblemente no vayáis a ver mucho por ahí: análisis del guión).

Por contextualizar: hace poco más de un año el Universo Extendido DC parecía abocado al fracaso. “Wonder Woman” había sido un éxito de taquilla y crítica, sí, pero pocos meses después la gran apuesta unificadora, “La Liga de Justicia”, se había convertido en el primer gran desastre económico del proyecto (en contra de la creencia general, desde “El hombre de acero” todas las películas de DC habían ganado dinero, a veces mucho dinero, solo que sin llegar a las rentabilidades absurdas de Disney/Marvel).

Aquaman, un personaje que se había ganado la fama de chiste nadante, no parecía la mejor opción para reconducir la apuesta, pero resulta que los directivos de Warner, al parecer, aprendieron algo del desastre (narrativo, que la recaudación fue bastante bien) de “El Escuadrón Suicida” y tomaron una decisión novedosa: optaron por contratar a un creador solvente y no entrometerse (demasiado). El elegido fue James Wan, un realizador que se hizo un nombre en el terror (como impulsor o creador de las sagas de “Saw”, “Insidious” y “The conjuring”… con secuelas, precuelas y spin-offs) y ya había probado su buena mano en el espectáculo de elevado presupuesto con “A todo gas 7”, y su principal preocupación parece evidente: romper con la línea oscura y ultra seria del Universo DC preexistente y optar por algo más luminoso, aventurero y también, ¿por qué no?, un poco hortera si la situación lo requiere.

El resultado es la primera película de DC orientada descaradamente hacia el entretenimiento puro y duro, que además sabe replicar esa grandilocuencia molona (y más que un tanto juvenil) de los cómics de la compañía a la que tan erróneamente apuntaba “Linterna Verde”.

“Aquaman” no intenta ser profunda, ni mucho menos aludir a temas complejos. En honor a la verdad, presenta una timidísima lectura ecologista (qué malos hemos sido contaminando el océano) y, lo más parecido a un tema de calado, ciertas insinuaciones a favor del mestizaje y la multiculturalidad, pero trata, sobre todo, de divertirnos, de apabullarnos a base imágenes portentosas, de abrirnos (literalmente) los ojos a un nuevo Universo DC repleto de prodigios. Los cómics fueron en su momento una evolución de la literatura pulp, y de esa fuente bebe con gusto la película, buscando conexiones nada sutiles con la leyenda artúrica (y al menos con una de sus plasmaciones cinematográficas, pues más de una vez evoca a “Excálibur”), con los mundos de Edgar Rice Burroughs, con el viejo péplum, actulizado con una máscara digital, con H. P. Lovecraft y sus profundos, incluso con los mundos maravillosos de Verne (vía el ya mencionado ERB).

Rizo, tras rizo, tras rizo, buscando a cada momento el exceso, el ¡toma ya!, el ¡y qué más! Algo así intentó hace tiempo “Sky Captain y el mundo del mañana”, pero la tecnología no estaba todavía a la altura y, sobre todo, aquella película se apoyaba en exceso en las referencias, olvidándose un poco del ritmo. Porque si algo caracteriza a “Aquaman”, por encima incluso del barroquismo pulp, es un ritmo endiablado, diseñado para no dejar al espectador un segundo de tranquilidad para que pueda pararse a pensar en la insania monumental de todo lo que está contemplando.

Y aquí voy a meter ya en el análisis del guión, porque sin duda leeréis (u oiréis) a menudo que el guión es lo peor de la película, que algunos diálogos son de vergüenza ajena y que todo funciona a pesar del guión. Nada más cierto… y más alejado de la realidad.

Porque sí, más de una conversación resulta sonrojante, y coherencia, lo que se dice coherencia, no hay demasiada. Sin embargo, un guión bueno no es solo el que lo aparenta. Como el propio personaje de Aquaman, el guión se hace un poco el tonto, pero en el fondo lo que de verdad se propone lo consigue con una precisión milimétrica y una comprensión del medio (cinematográfico en general y del subgénero de superhéroes en particular) maestra.

Uno de los principales escollos de las películas de orígenes como esta (aunque ya conocemos de algo el personaje por dos apariciones previas, su profundidad es inexistente) es que a estas alturas ya nos sabemos el arco argumental típico de pe a pa, y lo que consiguen las más de las veces es aburrir. Incluso enfoques relativamente novedosos, como el de “Doctor Strange”, no pueden evitar rendir pelitesia a las etapas clásicas. Will Beall, James Wan y Jeoff Johns eran conscientes de que nosotros ya nos sabíamos los pasos, de modo que no necesitan llevarnos de la mano por cada uno de ellos como si estuvieran rodando de nuevo “Superman” (la clásica, la de 1978). En vez de ello nos ofrecen pinceladas, las justas para que rellenemos los huecos, y juegan con el flashback para no dejarnos mucho tiempo atrapados en los preliminares. El objetivo es que todo fluya (como fluyen también las escenas de acción, impecablemente coreografiadas por Wan… y no me estoy refiriendo a las acrobacias de los actores, sino sobre todo a los movimientos de cámara).

La narración no necesita detenerse en los detalles típicos. Es más efectivo utilizar el tiempo en otras servidumbres, y por ello no solo pasan las dos horas y cuarto en un suspiro, sino que en realidad la película nos ofrece en una sola película el típico arco narrativo de las dos primeras (ascenso-caída-ascenso en vez del programa doble descubrimiento-maduración-triunfo, seguido de caída-ascenso), y puede hacerlo precisamente por esa comprensión del medio y del uso inteligente de la elipsis.

En fin, que los ejemplos de ese conocimiento subyacente son múltiples, y por muy tonta que pueda llegar a ser la película, nunca toma por tonto al espectador, sino que busca su complicidad. A este respecto hay un momento paradigmático, cuando la princesa Mera (el nombre no es muy afortunado en español) discute con su padre (un magnífico Dolph Lundgren, todo un acierto sorprendente) sobre un desarrollo simplón al que hemos asistido unas cuantas escenas antes y que en otra película hubieran intentado colarnos sin más. “Aquaman”, sin embargo, nos guiña un ojo, al reconocer por boca del rey Nereus que claro, por supuesto que algo tan burdo no se lo ha tragado nadie, pero que resulta un subterfugio conveniente no solo para hacer avanzar la película, sino para favorecer los intereses de los personajes.

Incluso el uso ocasional del bathos (la ruptura de la tensión dramática con un chiste burdo) que tanto lastró “Thor: Ragnarok” y “Guardianes de la galaxia 2” queda aquí plenamente justificado como elemento de caracterización. Arthur, Aquaman, utiliza el humor infantil (escatológico incluso) como mecanismo de protección, para mantener los pies en el suelo en medio de tanta maravilla. Es decir, de nuevo nos encontramos con el doble uso de un recurso, con repercusiones extrínsecas (proporcionando al espectador un momento de distensión) e intrínsecas (abriéndonos una ventana a las inseguridades de un superhombre que ha sido al mismo tiempo toda su vida un paria consumido por la culpa).

Estoy bastante seguro de que estas sutilezas pasarán mayormente desapercibidas, pero lo que sí estoy leyendo (y escuchando, que ya se sabe que lo que ahora prima es Youtube) es que la película es tonta de solemnidad… pero funciona; entretiene, emociona, asombra, como quiera cada cual expresarlo. Pues bien, no es algo en modo alguno accidental. Todo está medido al milímetro. Los ejemplos que he puesto son solo los dos que primero me vienen a la cabeza, pero hay más, que tampoco pienso destripar, porque su efectividad radica en parte en que pasan desapercibidos.

En definitiva, “Aquaman” es, por fin, la película que estaba esperando DC para subir de nivel (no, personalmente no encuentro “Wonder Woman”, con todas su virtudes, tan modélica). Muy posiblemente será la primera de sus películas que recaudará más de 1.000 millones en todo el mundo (justificando más que de sobra un presupuesto contenido, para lo que muestra en pantalla, de entre 160 y 200 millones, según fuentes).

Si es que por gustarme me ha gustado hasta la banda sonora de Rupert Gregson-Williams, que no logra crear ningún tema realmente memorable, pero resulta de lo más adecuada por su grandilocuencia, su orquestación alejada (¡por fin!) de la escuela Zimmer y su intrigante empleo de los sintetizadores como un instrumento más en algunas de las mejores secuencias.

Otras películas del DCU reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en diciembre 22, 2018.

5 comentarios to “Aquaman”

  1. ¿La peli tiene un malo de opereta que es malo porque sí?

    No creo que la vea hasta que la pongan en televisión. De Marvel estoy cansado de ver lo mismo aunque a veces entretenga, y lo de DC me ha parecido hasta ahora malo y aburrido. Si Wonder Woman es lo mejor y la línea a seguir, no quiero saber nada de superhéroes ¿No te pareció WW una estupidez total?

    • No, los contrincantes no responden a ese arquetipo. A ver, tampoco son prodigios de complejidad, pero desde su punto de vista no son siquiera malos. El guión se preocupa de otorgarles motivación (manida, sí, pero creíble).

      En cuanto a “Wonder Woman”, en mi opinión es bastante más mediocre de lo que se suele considerar (y el clímax final sí que merece tal vez el apelativo de estúpido), aunque teniendo en cuanto el nivel medio del DCEU, fue sin duda un paso adelante.

  2. Bueno, si la pasan en la tele le pondré atención a ver si capto las sutilezas o me dejo apabullar.

  3. Me gusta que no se tome en serio a sí misma, ese espíritu pulp de toda la cinta, pero algunos momentos me resultaron tan ridículos y, sobre todo, Black Manta (o Manta Negra) me resultó tan risible antes y después de convertirse en el archienemigo… No me aburrió, pero me dio vergüenza ajena en algún que otro momento.

    • Bueno, los superhéroes son consustancialmente ridículos. Al menos “Aquaman” lo sabe y abraza esa ridiculez (aunque es posible que al actor de Black Manta no le llegara el memorando, porque su interpretación no termina nunca de encajar en la película). Ah, por cierto, yo sí que creo que “Spiderman into the spiderverse” presenta una narrativa (metaficcional) muy interesante. A ver si puedo escribrir algo al respecto…

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