El engaño Hemingway

En 1990 Joe Haldeman publicó en la Isaac Asimov’s Science Fiction Magazine la novela corta “The Hemingway hoax”, que apareció ligeramente ampliada poco después para su edición como libro. La primera versión le valió los premios Hugo y Nebula, sus primeros galardones importantes desde los años setenta. El texto que nos trajo Nova es el (ligeramente) más extenso, según comenta Miquel Barceló en el prólogo, un poco más explícito en materia de violencia y sexo (un tanto triste que en 1990 algo tan modosito como esta novela corta aún tuvo que sufrir autocensura para poder ser publicada en una revista).

El protagonista de la obra es un tal John Baird, un profesor universitario con memoria eidética y experto en Hemingway, al que cierto día se le acerca un timador profesional que lo involucra en una falsificación, la de los escritos que Ernest Hemingway perdió en 1922, cuando su por entonces mujer dejó sin vigilancia una bolsa en un tren en París. Estos textos, que comprenden un número indeterminado de cuentos y el inicio de una novela, serían al parecer el santo grial en lo concerniente a uno de los escritores estadounidenses más famosos del siglo XX, y de ser hallados su valor podría situarse con facilidad muy por encima de las seis cifras.

Baird, un tipo honrado en el fondo, accede a ello a instancias de su mujer (casi veinte años más joven), aunque con la pretensión de convertir la falsificación en una especie de performance literario-académica, desvelando la verdadera autoría una vez hubieran logrado engañar a un grupo de académicos. Lo que ninguno de los tres sabe es que sus planes de enriquecimiento semi ilícito podrían tener consecuencias terribles para el continuo espacio-temporal, de modo que una entidad extradimensional, que se presenta ante Baird como un Hemingway de edad variable, ha de intervenir para prevenir el auge en el interés por el escritor que se daría si todo siguiera su curso.

El problema surge cuando tras matar a Baird, algo que habría habido de tener efecto en todo el multiverso, este despierta en una realidad paralela, ligeramente divergente, pero en la que aún está empeñado en la elaboración del engaño, y guardando además recuerdos de dos vidas: la que tenía en la realidad de la que ha sido eliminado y la de esa existencia, en la que por ejemplo sus heridas de guerra (Vietnam) son diferentes. La trama alterna pues entre los desafíos específicos de llevar a cabo la falsificación (tanto por lo que se refiere al contenido, es decir, recrear textos verosímiles, como el sustrato físico creíble, con papel, tipografía y el resto de detalles correctos) y la contienda de voluntades entre Baird y la misteriosa entidad, que transporta al protagonista por diversas realidades, a cada cual un poquito más oscura, a medida que van muriendo las sucesivas iteraciones de John Baird sin terminar de dar su brazo a torcer.

La visión del multiverso que propone Haldeman es sugerente, si bien no del todo coherente, pues deja quizás demasiadas cuestiones al socorrido “es así y punto”. El protagonista, por su parte, está más o menos bien definido, pero el resto de personajes no terminan de llamar la atención , con un villano que va pasando de buscavidas sinvergüenza a poco menos que psicópata y un par de mujeres tratadas con tal superficialidad que casi devienen en meros arquetipos (una de ellas “prostituta con el corazón de oro”, ni más ni menos), puestos ahí para justificar no tanto las escenas de sexo (que no hay), como que se mencione esta a priori o a posteriori (una aproximación, repito, ingenua en grado sumo para la fecha en que se escribió).

La principal queja que suscita la obra, sin embargo, radica en un final… digamos que apresurado. Con todo el tiempo que se toma el autor en preparar el terreno, cuando toca rematar la faena se lanza sin explicaciones a una serie de piruetas de trama capaces de dejar desconcertado al más pintado. Me da la impresión de que Joe Haldeman tenía muy claro lo que quería contar, e incluso que posiblemente estaba convencido de estar siendo suficientemente evidente, pero creo que cometió un fallo de cálculo: considerar que sus lectores sabrían tanto de Hemingway como él mismo (y al parecer Haldeman sabe lo suyo).

Las transformaciones de Baird quizás obedezcan a un proceso de hemingwayifcicación, que quizás sea evidente para un experto, pero que un lector medio (y más si no es estadounidense) no pilla hasta que el narrador se apiada de nosotros y nos lo sugiere casi al final (partiendo además de un molde que bien podría ser hadelmaniano). De igual modo, hay comentarios en esos capítulos finales que apuntan a conceptos muy interesantes sobre el tiempo, el multiverso, la causalidad, la creatividad y la dulidad original/copia. Por desgracia, para cuando llega a ese punto la narración corre tanto que resulta difícil aprehender nada y la explicación final (que no voy a revelar, aunque más que explicación es de nuevo sugerencia) no termina de explicar nada, sino que abre interrogantes que, simplemente, carecen de espacio para resolverse.

No sé, quizás buena parte del atractivo de la novela corta lo tome prestado del personaje al que homenajea (hacia el que, personalmente, no guardo especial simpatía; de hecho, detesto su estilo y me aburre sobremanera cada vez que detecto una imitación en algún escritor estadounidense). No me cabe tampoco duda alguna de que Haldeman disfrutó escribiéndola (y sobre todo jugando a recrear el estilo de Hemingway en los fragmentos de las obras perdidas que llega a escribir Baird). El que ese entusiasmo consiga transmitirse ya es algo más discutible. Una historia como la de “El engaño Hemingway” debería conseguir que el lector, incluso a su pesar, se sintiera atrapado por la fascinación. Haldeman, por desgracia, asume que nuestro interés será parejo al suyo y confía en exceso en el carisma intrínseco de Ernest Hemingway, de modo que no se molesta en vendérnoslo, por lo que queda un concepto intrigante sobre universos paralelos, junto con una trama que no termina de llegar a ningún lado (o, al menos, a ningún lado comprensible), lo que a la postre tal vez no sea suficiente para convertir la historia en verdaderamente memorable.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en octubre 29, 2018.

Una respuesta to “El engaño Hemingway”

  1. Encontré estas novela de saldo en un supermercado Aldi (si ese que se parece al Lidl) pero miré Goodreads mientras estaba en la cola y la dejé allí. A pesar del atractivo vi que en general defrauda y no hay tiempo en esta vida para leer todo lo que parece interesante.

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