Peligro tentador

Ya he comentado en numerosas ocasiones que uno de los subgéneros más boyantes… e ignorados, del fantástico es el romance paranormal, desarrollado en paralelo con el auge de la fantasía urbana en los años noventa. Suelen ser historias que encajan en un molde muy poco variado, lo cual supone tanto una ventaja para las escritoras (porque es un nicho explotado sobre todo por escritoras), que disponen de una plantilla bastante simple sobre la que construir su ficción, como un reto, ya que dada la escasa variación argumental, se hace necesario aportar algo más que ayude a la diferenciación, sin perder por ello las características que hacen atractiva la lectura a su público.

Analicemos el caso de Eileen Wilks y el inicio de su más relevante serie, El Mundo de los Lupi, con “Peligro tentador” (“Tempting danger”, 2004).

Ante todo, cabe caracterizar el escenario. Nos encontramos ante un caso de mundo mágico revelado, y como es relativamente frecuente en estos casos, recientemente revelado. Tras siglos de convivencia oculta y persecución, la comunidad sobrenatural se ha dado a conocer, e incluso en algunos casos, como con los hombres lobo, han conquistado un estatus aún frágil de legalidad.

El protagonismo recae en Lily Yu, una joven detective de homicidios de origen asiático, que además posee el don oculto de la empatía (una especie de cajón de sastre paranormal, que tan pronto sirve como detector de magia que como escudo contra encantamientos). Vamos, el prototipo perfecto de alter ego para este tipo de ficción: joven, talentosa, con cualidades que no son evidentes a la vista y porfiando por destacar en un entorno eminentemente masculino. Tan sólo falta destacar el otro rasgo relevante, crucial incluso: sexualmente reprimida, hasta el extremo de comenzar la novela inmersa en una asexualidad autoimpuesta.

La acción arranca con el asesinato por parte de un hombre lobo (en forma lupina) de un hombre cerca de un club conocido por ser punto de reunión de estos. Esa noche, de hecho, está allí Rule Turner, heredero de uno de los más importantes clanes, que se convierte de inmediato en el principal sospechoso, pues ha estado relacionándose con la mujer del fallecido.

La investigación, por supuesto, se complica cuando ocurre algo inesperado: Rule y Lily quedan vinculados, una suerte de irresistible atracción mutua, tenida por una manifestación poco menos que religiosa por parte de los hombres lobo, al tiempo que lo que parece una simple trama para implicar al clan de Rule y a él mismo en un crimen, justo cuando en el senado se está debatiendo sobre la ampliación o no de los derechos de los seres mágicos, empieza a mostrar ramificaciones preocupantes, que apuntan a un supuesto culto ancestral.

Nada excesivamente original, pero desarrollado con razonable oficio. Por supuesto, todo lo comentado no es sino la excusa para introducir el vínculo, esa atracción que vence las reticencias de Lily y hace que se entregue a la pasión del momento (pura lujuria por lo pronto; el amor, si eso, ya llegará luego).

Básicamente, ahí es posible identificar una y otra vez la razón de ser de estas historias poco menos que clónicas. El principal obstáculo para la plena realización de la protagonista se encuentra en un puritanismo exacerbado, que en este caso se manifiesta en la envidia encubierta de censura con que la protagonista contempla inicialmente el desinhibido comportamiento sexual de los hombres lobo (no hay mujeres lobo). El vínculo parece ser todo lo que Lily Yu necesita para dar rienda suelta a sus impulsos y pegar un buen polvo con un tío bueno sin tener que preocuparse por los convencionalismos sociales (eso sí, el vínculo asegura también la monogamia, así que, como suele ocurrir en estas novelas, es un salto con red).

Si bien a la postre reconoce que, más que imposición, el impulso ha tenido que surgir de ella misma, y por tanto sería algo que potencialmente podría estar en el interior de cualquier mujer, el elemento fantástico (hombres lobo, encantamientos, rituales ancestrales…) constituye la red de seguridad para las lectoras. Fantasear sobre hombres lobos buenorros es seguro, porque los hombres lobos no existen, ¿verdad? Más que peligro tentador, es peligro controlado, apariencia de peligro, sin tener que dar cuenta de las consecuencias de la presunta trasgresión (moral) o encontrarse en una situación realmente incontrolable.

Esa contención es, a la postre, la que siempre acaba por atenazar estos libros, y en principio constituye algo que va erosionándose a medida que pasan las entregas y crece la confianza (y aquí hablo desde la teoría, porque nunca he avanzado mucho por ninguna de estas series… y la del Mundo de los Lupi cuenta ya con dieciocho novelas).

Desde una perspectiva puramente literaria, “Peligro tentador” es una novela de fantasía urbana con una ambientación bastante lograda, unos personajes secundarios interesantes (en especial la misteriosa abuela Yu, aunque también tienen potencial los integrantes de un grupo especial del FBI especializado en crímenes mágicos… en el que Lily Yu se integrará en futuras novelas)… y unos protagonistas sosos, con una trama que pronto desemboca en uno de los peores clímax que he leído en este tipo de historias.

Se le nota a Eileen Wilks la absoluta falta de experiencia a la hora de construir la trama fantástica, con unos villanos sin personalidad, un plan maléfico tonto como pocos y una resolución propia de un mal capítulo televisivo. Una pena, porque sin ser una obra maestra u original en lo más mínimo, “Peligro tentador” mantiene bastante bien el tipo hasta esa conclusión torpe y apresurada. Por lo menos se lo deja todo bastante bien preparado para futuras entregas de las aventuras de Lily y Rule, con un escenario al que aún le quedan cartas que mostrar.

Eso sí, muy lejos del interés de propuestas similares pero mejor construidas como las de Karen Chance (serie de Cassandra Palmer), Kim Harrison (los Hollows) o incluso la precursora Laurel K. Hamilton (Anita Blake), que tampoco me parece particularmente interesante.

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~ por Sergio en agosto 29, 2018.

2 comentarios to “Peligro tentador”

  1. Tengo que admitir que siento intriga por el género, pero todavía no he tenido suerte. Mi más reciente derrota es Hija de humo y hueso.

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