Una guirnalda de estrellas

Bob Shaw no es un nombre que suela sacarse a colación cuando se habla de los grandes autores de la ciencia ficción, tal vez porque es difícil clasificar su obra, producida mayoritariamente en un lapso de unos veintipocos años, entre finales de los sesenta y principios de los noventa. Quizás carezca también de esa gran obra definitoria que es a veces tan necesaria para asegurar un legado, siendo su mayor éxito posiblemente la trilogía de los Astronautas Harapientos, que le proporcionó hacia el final de su carrera su segundo BSFA y su primera nominación al premio Hugo tras haberlo ganado en dos ocasiones como autor aficionado (en 1979 y 1980).

En 1976 publicó “Una guirnalda de estrellas” (“A wreath of stars”), reciente el éxito de “Orbistville” (una historia sobre una esfera Dyson, ganadora del BSFA), una novela en la que cambia por completo de escenario, optando por una de sus historias contenidas, ambientada en un futuro cercano (a diecisieta años vista) y con limitados adelantos tecnológicos. El más importante de ellos, por lo que a la trama se refiere, es el magniluct, unas muy eficaces lentes de visión nocturna con inesperadas propiedades adicionales.

En 1993, un astrónomo aficionado descubre por casualidad un nuevo astro, visible únicamente a través de unas lentes de magniluct. Pronto se alcanza el consenso de que es un planeta errante de neutrinos, completamente incapacitado para interactuar en modo alguno con la materia hadrónica pero visible gracias a la emisión de antineutrinos (partícula detectada por primera vez en 1956). En un principio, parece que va a “chocar” con la Tierra, pero finalmente acaba siendo un encuentro cercano, pasando por dentro de la órbita de la Luna, a la vista de cualquiera con unos anteojos de visión nocturna.

Tres años después, Gil Snook, un ingeniero de estructuras que trabajaba en el mantenimiento de aviones (el mismo trabajo que desempeñó Shaw a principios de lo sesenta), se encuentra atrapado en Barandi, una república africana de reciente creación (la evolución política de la Tierra presenta una tendencia a la atomización de los estados), trabajando como medio prisionero en la educación de mineros de una explotación de diamantes. Un día se produce un alboroto en las galerías más profundas, con los trabajadores alertando de la manifestación de fantasmas apreciables únicamente a través de las lentes de magniluct.

Esa información logra salir del país, y en los EE.UU. un astrónomo mediocre (pero con dinero) ata cabos y adivina lo que ha ocurrido: la Tierra comparte espacio con un mundo neutrínico, cuya órbita, hasta la fecha coincidente, se ha visto afectada por el paso del planeta errante. El problema es que, lejos de perderse para siempre en el universo, ese bólido ha descrito una parábola (lo que apunta a la existencia de un sol neutrínico compartiendo espacio con nuestro Sol), y se espera que en noventa y dos años regrese y en dicha ocasión atraviese la Tierra… e impacte de lleno contra el submundo recién descubierto, que parece habitado por una raza humanoide inteligente.

Como se puede apreciar, de ideas intrigantes no anda escasa la novela. Los mundos paralelos son un tema clásico de la ciencia ficción, y de hecho ya habían protagonizado escenarios similares, como el de “Un anillo alrededor del Sol“, de Clifford D. Simak (1953). La originalidad de Shaw consiste en dotarlos de una explicación novedosa, que suena vagamente científica (la formación técnica del autor basta para vender la idea, aunque a la postre no se sostenga en modo alguno dentro del modelo estándar de la física, completado en 1974 y bautizado al año siguiente), entrelazando además la escasa interacción de los neutrinos con la filosofía vital de Gil Snook, que se apoda a sí mismo “el neutrino humano”, por su fobia al compromiso social.

Hay un par de detalles, sin embargo, que echan a perder en parte el efecto. Por un lado, está el empleo de la telepatía como elemento válido en una historia científicamente rigurosa. Ahí se nota la época en que se escribió, cuando aún no había sido descartada por completo su validez experimental (aunque ya empezaba a estar en entredicho en el entorno académico). Es algo que choca al lector contemporáneo, pero su inclusión es lo bastante sistemática para que a la postre no importe demasiado. Sin embargo, esta misma seriedad en el enfoque se ve comprometida por un problema de formato. La ciencia ficción, en esa época, favorecía la publicación de novelas breves, y eso que en muchos casos supone una ventaja, para “Una guirnalda de estrellas” constituye un problemón, pues intenta abarcar demasiado en demasiadas pocas páginas.

Hoy por hoy, la misma historia podría ocuparle a un autor como Robert Charles Wilson o Robert J. Sawyer toda una trilogía de tochos (lo cual supondría pasarse tres pueblos). Bob Shaw la ventila en menos de doscientas páginas… y no son suficientes, ni para prestar atención a las consecuencias de su especulación, ni para desarrollar los personajes (el caso de la única mujer relevante de la novela es especialmente conflictivo y contradictorio), ni para prestar atención a todas las subtramas (como la que involucra el inestable orden político de Barandi), ni para ofrecer una conclusión a la altura. “Una guirnalda de estrellas”, y sin que sirva de precedente, se hubiera beneficiado de una longitud entre un 50 y un 100% superior.

Dejando de lado estas cuestiones, la novela de Bob Shaw, un autor que aún no había catado, constituye una sorpresa de lo más agradable. Lo único que estropea un poco el buen sabor de boca es la convicción de todas las oportunidades perdidas para convertir esta novela en un auténtico clásico del género. ¿Falta de ambición? ¿Contención mal entendida? No estoy seguro, el caso es que es una novela que vale la pena leer, más que por aquello que consigue por todo cuanto evoca. Es bueno constatar que, después de tantos años y tanta lectura, aún quedan resquicios para que asome, como una presencia fantasmal de otro mundo a través del suelo de una mina africana, el sentido de la maravilla.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en julio 21, 2018.

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