Hombres de armas

“Hombres de armas” (“Men at arms”) fue la decimoquinta novela del Mundodisco, publicada por Terry Pratchett en 1993, y la segunda centrada en los personajes de la guardia de la Ankh-Morpork, que fueron presentados a los lectores en 1989 con el octavo título de la serie, titulado “¡Guardias! ¿Guardias?“.

Como se puede ver, median sólo cuatro años entre ambas (y seis volúmenes, uno de los cuales era ilustrado), pero mucho ha cambiado en la orientación de las historias del Mundodisco. Sin abandonar en modo alguno la orientación humorística, el grueso del humor había ido derivando de la parodia a la sátira. En parte debió de ser la evolución lógica de un escritor en pos de historias que siguieran siendo relevantes, pero también pudo deberse a la dinámica seguida por la fantasía en la década precedente, desde la publicación de “El retorno de los dragones” por parte de Margaret Weis y Tracy Hickman en 1984, inaugurando el estilo hacia el que se dirigían principalmente los dardos paródicos de Pratchett.

En pocas palabras, ese nuevo estilo de fantasía épica, juvenilizada y pasada por el filtro estructural de los juegos de rol, había recorrido ya todo su camino, deviniendo para entonces en poco menos que una autoparodia, lista para ser sustituida en su posición predominante por una nueva generación de historias (abanderadas por las series de “Añoranzas y pesares” de Tad Williams y la Trilogía del Vatídico de Robin Hobb). El escenario del Mundodisco ya no era adecuado para reflejar grotescamente exagerados los pecados de una fantasía que estaba a punto de dar un giro hacia las tramas más oscuras de Malaz o Canción de Hielo y Fuego.

Claro que… ¿Por qué limitarse a la fantasía, habiendo tantas y tantas cosas criticables en el mundo?

Ya en el tercer título, “Ritos iguales”, Pratchett había abordado temas de mayor calado (el feminismo, implícito ya en el juego de palabras del título orginal: “Equal rites”), así que no fue en modo alguno un cambio radical. Se trató más bien de una reorientación de prioridades que, de hecho, contribuyó de forma crucial a que la serie adquiriera el estatus de que goza hoy en día.

“Hombres de armas” se inicia con la incorporación de tres nuevos reclutas, representantes de minorías infrarrepresentadas, a la guardia nocturna, a pocos días de la jubilación forzosa (por bodorrio de altos vuelos) del capitán Vimes. Así, a la dotación previa del sargento Colon, el cabo Nobbs y el ahora cabo Zanahoria Fundidordehierroson, se les unen el enano (de nacimiento, no por adopción) Cuddy, el troll Detritus y la mujer(lobo) Angua. Lejos de disfrutar de un período tranquilo de adaptación a los cambios, una serie de misteriosos asesinatos empiezan a agitar… el caos semiequilibrado de la ciudad, justo en un momento de creciente tensión racial entre enanos y trolls.

La estructura, así como el principal componente paródico, se dirige en este caso hacia el género policiaco, del que la novela toma prestados muchos tópicos, mientras de fondo despliega toda una panoplia de objetivos satíricos, que van del racismo (y un poco el machismo) al poder destructivo de las armas de fuego, pasando por reflexiones sobre los sistemas de gobierno, incluso benévolos, que anulan la voluntad individual. Eso sí, el foco nunca termina de centrarse en nada, sino que va saltando de un punto de interés al siguiente, impidiendo que se construya una tesis bien definida. El estilo de Pratchett apunta más a la concatenación de aforismos que al análisis exhaustivo de un tema.

Otra pequeña debilidad de la novela reside en lo desestructurado de su trama. De nuevo nos encontramos con una cuestión de estilo del autor, que nunca divide sus libros en capítulos, sino que va saltando continuamente de punto de vista en punto de vista, permitiendo que la trama general emerja de esa visión caleidoscópica. No es, quizás, el enfoque ideal para una historia policiaca, e incluso el narrador se rinde implícitamente a la evidencia, al reconocer que su misterio no se resuelve por el típico trabajo detectivesco, sino por puro azar (o por varios descubrimientos azarosos). Podría interpretarse como una crítica al género policiaco (y así intenta mostrarse), pero a mí, personalmente, no me convence (sobre todo cuando recurre a la ocultación de información crucial para lograr mantener el misterio).

Todo esto, sin embargo, quizás resulte irrelevante, porque aunque asuma sus arquetipos, “Hombres de armas” no es una novela-misterio, sino, como casi todas las entregas de la serie del Mundodisco, un estudio de las flaquezas y contradicciones del ser humano (o del “hombre”, para utilizar el conflictivo término genérico en torno al cual gira la sátira recurrente más certera de la novela). El mensaje final es que a la postre, independientemente de las diferencias más o menos obvias, todos los integrantes de la guardia son “hombres” de la guardia.

Sí, la historia podría haberse desarrollado bajo un control más estricto, y quizás “Hombres de armas” carezca de momentos realmente desternillantes y se apoye en exceso en chistes ya establecidos (como la subhumanidad del cabo Nobbs), pero ello no impide que se lea en un suspiro y resulte altamente satisfactoria. Abordar una entrega más de una de estas series gigantescas (cuarenta y un números) supone sobre todo reencontrarse con viejos amigos (aunque sólo sea a modo de cameos, como los que protagonizan el bibliotecario o Y-voy-a-la-ruina Escurridizo), conocer algún que otro personaje nuevo (ya esté destinado a convertirse en recurrente o sea un elemento efímero del tapiz que es el Mundodisco) y, en general, maravillarse de que en medio de todo ese caos las cosas en Ankh-Morpork fucionen… más o menos.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en julio 13, 2018.

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