Todos nuestros presentes equivocados

Al empezar a leer “Todos nuestros presentes equivocados” (“All our wrong todays”, 2017), de Elan Mastai, el penúltimo hit de la “ciencia ficción para lectores que no leen ciencia ficción” (no saltéis todavía, dejadme elaborar la idea) que ha llegado a las librerías de medio mundo, me costó horrores determinar qué estaba leyendo exactamente. Por un lado, giraba en torno a viajes en el tiempo y universos paralelos, pero por otro en todas y cada una de las ocasiones en que intenta dar alguna explicación técnica o llevar cualquier idea especulativa a su conclusión lógica incurre en un fallo catastrófico, de esos que te sacan por completo de la lectura.

Va un paso más allá de hacer uso de elementos clásicos de la ciencia ficción que ya han permeado lo suficiente en la cultura popular como para ser aceptados por lectores no especializados (lo que ha dado obras como “La carretera” de Cormac McCarthy, “Hijos de los hombres” de P.D. James o “Nunca me abandones“, de Kazuo Ishiguro). En esos casos la especulación adicional es mínima. Se toman escenarios preexistentes y sobre ellos se construye una historia humana que los utiliza meramente de trasfondo. “Todos nuestros presentes equivocados” no es así. Intenta de verdad proyectar desde sus ideas de partida hacia algo distinto. Su problema es que no tiene la menor idea de cómo hacerlo (o mejor dicho, no se preocupa por respetar los fundamentos básicos del género), así que el resultado, siempre y cuando conozcas los parámetros a los que debería ajustarse, es… desconcertante.

Más o menos a mitad lectura de la novela ya había venido a mi cabeza una posible etiqueta. “Todos nuestros presentes equivocados” podría definirse como ciencia ficción pop… lo cual requiere de cierta elaboración, porque tradicionalmente se considera que la ciencia ficción es literatura popular, algo que dejó de ser cierto para la mayor parte del género allá por los años cincuenta, al menos por lo que se refiere a la identificación entre cultura pop y cultura de masas.

Creo que va siendo hora de comentar de qué va “Todos nuestros presentes equivocados”. El narrador de la novela es Tom Barren, un patético outsider de la utopía tecnológica que es el año 2016… aunque no nuestro 2016, sino uno en el que el genial inventor Lionel Goettreider regaló al mundo una fuente inagotable de energía en 1965, lanzando el futuro en una senda que lo llevó a materializar todos los sueños de la ciencia ficción de principios de los cincuenta (ya se sabe: coches voladores, teletransporte, sintentizadores de comida y otros útiles, viajes espaciales cotidianos y un largo etcétera). Por una serie de incidentes (descritos a través del más abyecto patetismo), Tom acaba participando en el primer experimento de vieja temporal e influyendo en el acontecimiento clave que construyó su línea temporal. Como consecuencia de ello, regresa al 2016, pero no a su 2016, sino al nuestro, que en comparación con su hogar constituye una distopía en toda regla.

Todo esto ocupa un poco más de un tercio de la novela, pero no importa que lo desvele aquí, porque en realidad ya nos lo cuenta casi todo el propio Tom en el primer capítulo, o quizás sea el segundo, no lo sé; en cualquier caso no importa mucho, porque son microcapítulos, en número que excede el centenar largo (137, para ser exactos). El segundo tercio narra las vicisitudes de Tom (John) Barren adaptándose a su nueva realidad, así como examina las diferencias, tanto a nivel global como personal, entre ambas realidades, y con esperable precisión milimétrica nos encontramos hacia el capítulo noventa y tantos con un segundo punto de inflexión que lanza el tercer acto. Entre cada sección, además, tenemos capítulos que resumen todo lo acontecido hasta ese punto, no vayamos a perdernos (o peor, no nos veamos en la tesitura de tener que hacer ese esfuerzo de síntesis por nosotros mismos).

La verdad es que historia, lo que se dice historia, hay muy poca. En cierto sentido, todo la novela es una enorme autojustificación por parte de Tom, una forma de autoflagelarse por no haber sabido apreciar lo que tenía hasta que lo perdió, así como un proceso de aceptación de la pérdida (tema al que no es ajeno el duelo por su madre muerta, revivida en el 2016 alternativo, entre otros muchos procesos similares de gestión emocional de una muerte cercana). Las reflexiones del protagonista son, en cualquiera caso, bastante someras (¿filosofía pop?).

Subyace a todo esto la idea del futuro esplendoroso que no se nos ha escamoteado, junto con una visión nostálgica a la ficción especulativa popular de principios de los años cincuenta (una premisa, e incluso en cierto sentido un desarrollo, sospechosamente similar a la de la película “Tomorrowland”, de 2015). Elan Mastai no esconde en ningún momento la inspiración extraída de aquella ciencia ficción de la Edad de Oro que la Guerra Fría se encargó de proscribir para siempre (e incluso hace referencia explícita a una de las obras tempranas de Kurt Vonnegut, “Cuna de gato”, como inspiración filosófica… y posiblemente estilística, aunque este es un punto que a día de hoy no puedo confirmar).

En torno a esta reflexión podemos encontrar, quizás, la clave para la valoración de la novela. Se trata de una crítica, de una enmienda al pensamiento postmodernista, utilizando eso sí sus mismas herramientas estilísticas y reciclativas. Formaría parte de un movimiento un tanto nebuloso, que carece tanto de definición concreta como de consenso sobre sus características y que ha venido a recibir diversos apelativos, desde pospostmodernismo a metamodernismo. Aunque claro, también es posible que todas estas elucubraciones le vengan un poco grandes a “Todos nuestros presentes equivocados”, que hace gala de demasiadas carencias para poder ser considerada buena ciencia ficción (en contraposición con otros autores a los que se les ha aplicado tentativamente esta etiqueta, como Michael Chabon o David Mitchell).

“Todos nuestros presentes equivocados” se equivoca, valga la redundancia, cada vez que intenta dárselas de ciencia ficción. Con menos explicaciones hubiera funcionado mucho mejor, pero Elan Mastai se empeña una y otra vez en demostrar su profundo desconocimiento ya no sobre temas científicos, sino sobre cómo funciona el propio método científico, y así tenemos una estructura que incluso a niveles tan básicos (para esta historia) como la propia concepción del viaje en el tiempo, se muestra tremendamente incoherente.

Por eso mismo la definía como ciencia ficción pop. Es una ciencia ficción reducida a su mínimo común denominador, apropiada para su consumo masivo y acrítico, con el toque justo de nostalgia por un pasado que ni siquiera se ha molestado en analizar de verdad. Irónicamente, esa superficialidad que la hace más accesible al público en general también favorece su aceptación por la crítica no especializada, que desprecia por principios la ciencia ficción al considerarla una mera manifestación artística popular (lo cual, repito, dejó de ser hace mucho tiempo… al menos en literatura) y por tanto es incapaz de profundizar más allá de ese mismo nivel.

Anuncios

~ por Sergio en junio 25, 2018.

2 comentarios to “Todos nuestros presentes equivocados”

  1. ¡La has destruido! No me quedan ganas ni de ojearla. Muchas gracias por el tiempo que te tomas en escribir las reseñas.

  2. Le has dado bastante caña, je,je… Lo de las sobreexplicaciones me pone hasta de mala hostia en ocasiones xD

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

 
A %d blogueros les gusta esto: