A billion Eves (Mil millones de Evas)

Robert Reed conquistó su mayor reconocimiento con el premio Hugo a mejor novela corta concedido en 2007 a “A billion Eves”, aparecida en el número de octubre/noviembre de 2006 de la Asimov’s Science Fiction. Anteriormente ya había sido nominado en 1998 por “Marrow”, la novela corta que serviría de base para “Médula” un par de años después, y lo sería con posterioridad, el 2013, por “Katabasis” (finalista también del Nebula), perteneciente de igual modo a su escenario de la Gran Nave. “A billion Eves”, sin embargo, no tiene nada que ver con él.

En esta historia nos encontramos con una curiosa mezcla de especulación sobre multiversos, distopía de inspiración feminista y ciencia ficción ecológica… en el que el conjunto, desgraciadamente, no llega a conformar más que la suma de las partes. La protagonista es Kala, una joven que vive en lo que parece ser la Tierra, pero en el seno de una sociedad que pronto empieza a hacérsenos extraña, con una posición claramente subordinada del sexo femenino. Poco a poco, nos vamos dando cuenta de que, al fin y al cabo, no es la Tierra… o al menos no es nuestra Tierra.

La especulación de la novela corta se sustenta en una tecnología muy particular, la de los rippers, que permite explorar el multiverso cuántico en busca de Tierras alternativas, con una historia que divergió en algún momento de la nuestra pero no lo suficiente para volver el mundo inhabitable, sólo vacío de seres humanos, listo para la colonización.

El caso es que toda la cultura en la que ha crecido Kala proviene de una de esas colonizaciones, con la particularidad de que el punto de partida fue un rapto polígamo. Un joven doctor en físicas se hizo de algún modo con una de esas máquinas y la utilizó para arrastrar a un destierro involuntario e irreversible a un par de cientos chicas jóvenes, quienes tuvieron que adaptarse para sobrevivir en un ambiente no del todo favorable. De algún modo, a lo largo de los siglos, y pese al evidente desequilibrio inicial, este evento fundacional ha acabado por forjar una sociedad fuertemente patriarcal (hasta el punto de llamar a los hombres Padres), en la que el mayor peligro que corren las chicas jóvenes, mil años después, una vez reconstruido el nivel de desarrollo tecnológico, es ser raptadas por quienes buscan emular aquel lejano modelo.

Sobre este trasfondo, nos encontramos además con una sociedad que ha hecho de la colonización del multiverso su objetivo, extendiendo su cultura monolítica como una especie de plaga, y arrastrando consigo no sólo el modo de vida y los rasgos culturales, sino también una miniecología propia, cuyo mayor vigor suele acabar por eliminar de sus propios nichos a las poblaciones autóctonas (lo cual obsesiona a Kala, preocupada por la fragilidad de unos ecosistemas ultra simplificados, sin apenas flexibilidad para responder al cambio).

Como se puede ver, no es que la idea de partida carezca de posibilidades (por cierto, a cuento de dónde fue publicada originalmente, el propio Isaac Asimov publicó en 1956 un relato que toca muy ideas similares, aunque evidentemente con unas sensibilidades muy diferentes: “Espacio vital”). El problema es que Reed no termina de decantarse por ninguna de las opciones para darle profundidad. Así, la faceta que más trabajada se percibe es la distopía social, que nos muestra una sociedad machista, inspirada claramente en el “matrimonio plural” que aún es defendido (y practicado, en contra de la legislación federal estadounidense) por ciertas sectas fundamentalistas mormonas.

Por desgracia, Reed no llega a rascar más allá de la superficie, mostrándonos tan sólo la situación final y de forma fragmentaria los inicios, sin rellenar el hueco (de mil años) que media entre ambos ni explorar los posibles motivos de la consolidación y perpetuación de la práctica en el entorno particular que nos describe. Es decir, aunque superficialmente “A billion Eves” constituye una denuncia de la poligamia (poliginia) y la posición subordinada de la mujer, su renuncia a explorar ningún mecanismo subyacente deja la crítica en lo obvio, y por tanto la deja sin dientes. Un relato con el que indignarse, pero que no invita a la reflexión.

Todo lo contrario de lo que ocurre con la segunda faceta de la historia, la ecológica, donde sí que se lanza a examinar el escenario que está planteando hasta sus últimas consecuencias. Claro que como durante la mayor parte del tiempo está ocupado con los diversos problemas a los que tiene que enfrentarse Kala por su condición de mujer joven en una sociedad machista que ha creado una suerte de mística fundacional en torno al matrimonio por rapto, eso le deja poco espacio para hacer mucho más que exponer las líneas básicas de su argumentación (o, de forma un poco más vaga, de la especulación en torno al multiverso cuántico).

De hecho, resulta especialmente decepcionante que no dé el paso lógico de entrelazar las dos grandes ideas de la historia, estableciendo el paralelismo entre las consecuencias a largo plazo de la pobreza ecológica y las de la pobreza cultural. Hay ahí muchas reflexiones que se insinúan en el escenario pero a las que nunca se les dedica siquiera una mirada de refilón, y es quizás en ese terreno del potencial desaprovechado donde de verdad sufre “A billion Eves”… e irónicamente quizás fuera ese mismo potencial que se le adivina el que justificó el premio.

Aquel fue un año con poco consenso entre los grandes premios. El Nebula fue para “Burn”, de James Patrick Kelly, mientras que el Locus recayó en “Brecha nuclear“, de Charles Stross. Curiosamente, ninguno de los ganadores es siquiera finalista en los otros premios (y, en general, hay muy poca coincidencia).

En español, “Mil millones de Evas” ha sido publicado únicamente en el número doble 53/54 de la revista argentina Cuásar.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en mayo 7, 2018.

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