Memorias de un merodeador estelar

El martes pasado falleció Carlos Saiz Cidoncha (1939-2018), uno de los autores decanos de la ciencia ficción española, reconocido estudioso del género e impulsor del fándom español en sus inicios.

Colaborador habitual de fanzines y revistas (incluyendo la mítica Nueva Dimensión), su novela más famosa fue también la primera que publicó, “La caída del imperio galáctico” (1978), que continuaría treinta y dos años después con “El ángel tenebroso” (2010) y “El ocaso de los dioses” (2011). Entre medias, otras muchas obras, principalmente de space opera, como esta “Memorias de un merodeador estelar” (1995), “Ruta entre estrellas” (2002), “Entre dioses y terrícolas” (2002), la trilogía de La Galaxia de los Hombres Muertos (2003-2004) o “La avispa del espacio” (2010), así como diversos volúmenes recopilatorios de su obra de corta extensión. Sus dos últimas publicaciones, el año pasado, fueron la antología “El asteroide del lobo y otras historias de la frontera galáctica” y la novela “La leyenda de San Bogdán”.

En el apartado ensayístico, destacan su tesis doctoral “La ciencia ficción como fenómeno de comunicación y de cultura de masas en España” (1988) o sus libros dedicados a la Saga de los Aznar (en colaboración con Pedro García Bilbao), por uno de los cuales obtuvo el premio Ignotus en 1998 (ya había sido receptor del honorífico premio Gabriel en 1993). Su producción se extendió también al terreno de los libro-juegos (tres títulos en 1986, dentro de la colección multiaventura de Ingelek) y al del cómic, sobre todo a finales de los setenta y en colaboración con Alfonso Azpiri (siendo cocreador del personaje de Lorna).

“Memorias de un merodeador estelar” fue su tercera novela publicada, diecisiete años después de la primera y doce después de la segunda (entre medias, multitud de relatos y artículos), y nos cuenta, en primera persona, las andanzas de Gabriel Luján, un simpático buscavidas, cobarde (una virtud en según que ambientes), hedonista, oportunista, mujeriego, de moral adaptable y una gran capacidad para adaptarse igualmente tanto a los reveses como a los presentes de la vida. En otras palabras, un pícaro, que vive durante la época convulsa inmediatamente posterior a la disolución del Imperio Galáctica, con cada planeta (o pequeña confederación de planetas) dejado a su suerte.

Space opera, sí, y cómica, como podría serlo “La guía del autoestopista galáctico” de Douglas Adams o “Bill, héroe galáctico” de Harry Harrison, aunque es española, así que más que parodia es sátira, y asume la estructura y las formas de un género genuinamente español, nacido en un entorno decadente similar al descrito: la novela picaresca.

Esta asociación se refuerza a través del uso de un lenguaje jocósamente arcaico a nivel gramatical, bien medido para no forzar el efecto, lo cual se une a las referencias mitológicas (grecorromanas, literalmente “greco” y “romanas”) y a las abundantes referencias equívocas a personajes y eventos históricos, que se insinúan como remanentes de un pasado glorioso, deformados a través de la bruma de las leyendas semi olvidadas. La guinda del pastel la proporciona cierto erotismo juguetón, que puntea toda la narración con las aventuras y desventuras de alcoba del ínclito Gabriel Luján, quien de algún modo siempre se las arregla para encontrarse en agradable y complaciente compañía femenina.

Añadiría que, si bien el principal objetivo de la novela es procurar diversión, no está ausente del todo una sátira con algo más de trasfondo, como la que claramente emparenta los primeros capítulos (que se ambientan en el planeta natal de Gabriel, justo después de una terrible invasión por parte de alienígenas antropófagos) con la posguerra española (que el propio Cidoncha vivió, poco más o menos con la misma edad que Gabriel Luján), así como el proceso de colonización y descolonización, que también vivió en persona durante sus años como metereólogo en Guinea Ecuatorial, y que se refleja en la novela a través del eufemismo “civilizar”, utilizado por los fuertes para esquilmar a los débiles.

Por último, cabría mencionar también sus conexiones con algunas de las sagas clásicas de la space opera española. Por un lado, claro está, “Memorias de un merodeador estelar” se inscribe en el ciclo de la caída del Imperio Galáctico del autor, que ya había sido ampliado con la novela “Antes del Imperio” (1983) y que continuaría, por ejemplo, con la compilación de novelas cortas “Crónicas del Imperio Galáctico” (1998). Pero es que además Cidoncha hace referencia a la Saga de los Aznar de Pascual Enguídanos (a través, sobre todo, de la nomenclatura utilizada en las naves espaciales, como el apelativo de “autoplaneta”) y entronca directamente, a través de una suerte de crossover en los capítulos finales, con la serie del Orden Estelar de Ángel Torres Quesada.

“Memorias de un merodeador estelar” es una novela no demasiado extensa, un poco episódica, como corresponde al género, pero tremendamente divertida, que busca el humor a través de la ironía, y que contempla tanto glorias pasadas como miserias presentes con la misma actitud relativizadora y vitalista. Ridiculiza con igual meticulosidad la hipocresía y el idealismo, otorgando el protagonismo a un pillo que, sin ser santo o héroe, sabe perfectamente cuál es su posición en el mundo, y trata de sacar el máximo provecho (y el mínimo perjuicio) de todo ello, sin necesidad de elaboradas autojustificaciones.

Resulta ciertamente lamentable que una obra como la que nos ocupa se halle descatalogadísima, porque por desgracia por estos lares vemos con desconfianza lo nuestro, y en vez de recrearnos en la conexión especial que se obtiene cuando una obra y un autor nos hablan desde la experiencia compartida, nos dejamos cegar por los oropeles foráneos. El propio Carlos Saiz Cidoncha, tras la publicación de “Memorias de un merodeador estelar”, se vio relegado a publicar en pequeños sellos de microedición (el refugio de muchos autores españoles), cuyo buen hacer no puede compensar generalmente las limitaciones de distribución.

La suya era una space opera clásica, repleta de aventura, sentido de la maravilla, humor y referencias a otras obras de parecido talante, y “Memorias de un merodeador estelar” es un buen ejemplo de todo ello. Gracias por todo y hasta siempre.

Carlos Saiz Cidoncha

13 de febrero de 1939 – 27 de marzo de 2017

IN MEMORIAM

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en abril 3, 2018.

Una respuesta to “Memorias de un merodeador estelar”

  1. Grandísimo homenaje, Sergio. Gracias !!

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