The heart of what was lost

Veintitrés años después de dar por cerrada la trilogía de Añoranzas y Pesares, una de las series fundamentales de la fantasía épica de los noventa, Tad Williams decidió que había llegado la hora de hacer caso a los fans y regresar a aquel mismo escenario con The Last King of Osten Ard, una segunda trilogía ambientada unas tres décadas después de los acontecimientos narrados en “El trono de huesos de dragón”, “La Roca del Adiós”, “A través del nido de ghants” y “La Torre del Ángel Verde” (sí, era trilogía, el último tomo se dividió en dos por razones prácticas). El primer volumen de la misma, “The witchwood crown”, ya se ha publicado, y los dos siguientes se esperan para finales de esta año y del siguiente.

Después del esperado anuncio, para hacer más llevadera la espera, decidió sacar también una pequeña (para sus estándares) novela puente, “The heart of what was lost” (2017), que se presenta finalmente más bien como un epílogo atrasado de la trilogía original, pues su acción transcurre inmediatamente después de la derrota de Ineluki, el Rey de la Tormenta, en Hayholt, con los restos de ejército de la reina norna en desesperado repliegue hacia su ciudad-fortaleza Nakkiga, hostigados por un pequeño ejército de rimmerios y mercenarios sureños al mando del duque Isgrimnur, dispuestos a vengar sus muertos y acabar con la amenaza de los pálidos inmortales para siempre.

 

Este interés por los aspectos más sucios y realistas de la épica no es nuevo. Añoranzas y Pesares ya contemplaba a menudo con esa mirada no tan gloriosa la dura realidad de la guerra; y ese qué ocurre después de que el Señor Oscuro ha sido derrotado la emparenta en cierto modo con obras como “El Pozo de la Ascensión”, el segundo volumen de Nacidos en la Bruma de Brandon Sanderson. Lo cual no deja de resultar engañoso, porque filosóficamente es la trilogía de Sanderson la que le debe mucho al trabajo anterior de Tad Williams (en modos que no puedo revelar sin destripar ambas series), como también fue una reconocida influencia para la Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin.

En las escasas doscientas páginas de “The heart of what was lost”, Tad Williams reflexiona sobre la aparente inevitabilidad del ciclo de odio, venganza y guerra, que impulsa ora a un bando, ora al otro, a destruir al enemigo ancestral. Es una perspectiva que no puede asumirse desde la parcialidad, así que se esfuerza como nunca antes por humanizar a las nornas, sin dejar por ello de mostrar las taras de su sociedad (de hecho, quizás haga el trabajo demasiado bien, privándolas de parte del halo de misterio que envuelve a todos los inmortales en Osten Ard). Es por ello que la acción se divide en escenas protagonizadas por el hombres (el Duque Isgrimnur y sus capitanes, así como los mercenarios Porto y Endri, de la lejana Perdruin) y otras que nos transmiten la experiencia de los derrotados/asediados, sobre todo a través de los ojos de Viyeki, maestro capataz de la Orden de los Constructores.

Pese a sus esfuerzos, la narración no le sale igualmente equilibrada. Quizás sea que nuestra empatía nos mueve a indentificarnos con los derratados, pero lo cierto es que las vivencias de los Hikeda’ya, el pueblo de las nornas, con su reina sumida en un profundo sopor curativo de duración incierta, su número drásticamente reducido (lo que no previene que el hambre haga estragos) y diversas facciones nobles luchando, incluso en medio del desastre, por aprovechar el vacío de poder. En comparación, las vivencias de los rimmerios son poco memorables, impulsados como están por ansias de revancha, con la única nota de auténtica humanidad encarnada en los dos sureños que tan sólo se preguntan cómo demonios han acabado tan lejos de casa, peleando en medio de la nieve y de horrores aún más escalofriantes.

Hay otro aspecto un tanto descuidado en esta breve novela, y tiene que ver con un misterio al que se enfrenta Viyeki, centrado en las acciones de su mentor, el Gran Maestre de los constructores, Yaarike. Digamos que, pese a lo que se nos repite insistentemente, Viyeki no es ningún lumbreras, y le cuesta lo que no está escrito darse cuenta de algo que el lector capta tal vez con demasiada facilidad. Un poco de trabajo extra por parte de Tad Williams para terminar de pulir la trama no hubiera estado de más. Se nota ahí que “The heart of what was lost” es un trabajo menor, un aperitivo preparado con cierto apresuramiento para calmar el apetito antes de la llegada de los platos principales.

Ojo, a mí me vale. Ha sido agradable reencontrarme después de tantos años con Osten Ard y con uno de los mejores personajes de Añoranzas y Pesares (el duque Isgrimnur, por supuesto). La novelita cumple con su función. Nos devuelve a un mundo que dejamos atrás hace veinticinco años y nos prepara para las más de dos mil páginas que conformarán la trilogía de The Last King of Osten Ard. El leerlo en inglés, además, me ha permitido apreciar algo que en las traducciones (quizás también haber sido lecturas bastante tempranas) no había percibido, y es la influencia del folclore irlandés (los Aes Sídhe y los Tuatha Dé Danan) en la creación de Sithas y Nornas

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en marzo 21, 2018.

2 comentarios to “The heart of what was lost”

  1. No sabia que Tad Williams volvia a este tema. Lo compraré ahora. Muchas gracias por la reseña!

    • Y ya están disponibles las 736 páginas de “The witchwood crown”… (aunque por lo que a mí respecta tendrá que esperar al verano, por lo menos).

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